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CRÍTICA DE ÓPERA

Los condes de Almaviva, ovacionados en el Teatro Real

martes 16 de septiembre de 2014, 08:58h
Los condes de Almaviva, ovacionados en el Teatro Real
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El primer estreno de la 18ª temporada del Teatro Real se saldó anoche con la ovación a Pisaroni y Soloviy.

Este lunes, ha arrancado la nueva temporada operística de la capital con todo un clásico, y no sólo en lo que a la obra Las bodas de Fígaro se refiere, sino también porque se trata de la tercera vez que la producción dirigida por Emilio Sagi y estrenada en 2009 en Madrid se sube al escenario de la Plaza de Oriente. El resultado, como las dos veces anteriores - la segunda fue en 2011 -, un éxito rotundo. La “fórmula mágica” para que el público repita y aplauda como la primera vez parece ser sencilla, que no fácil. Una convincente y muy cuidada dirección de escena, buenos intérpretes, calidad en el foso y, por supuesto, respeto absoluto por la obra de Mozart, el rey del enredo, con una puesta en escena que nos lleva, fielmente, a la Sevilla del siglo XVIII, en un momento histórico en el que las prerrogativas de la nobleza empezaban a dejar paso a la Ilustración.

Le nozze di Figaro es, sobre todo, una comedia de enredos sentimentales que siglos después siguen igual de vigentes, a pesar de que ya hayan perdido en buena parte su correspondiente dosis de escándalo. Es la ópera más buffa de Mozart, de la que se sirve el genial compositor para demostrar cuán frágiles pueden llegar a ser los sentimientos. En cualquier clase social. Porque la ópera, estrenada en Viena el 1 de mayo de 1786, es decir, tres años antes de la Revolución Francesa, con libreto de Da Ponte basado en una obra del autor francés Beaumarchais - hasta tal punto considerada subversiva que fue prohibida en gran parte de Europa -, ha sido vista a lo largo de la historia como la representación de la caída de la aristocracia y la ascensión de las clases populares, claramente representadas en los personajes de Susanna y, desde luego, de Fígaro.

Las Bodas de Fígaro es, además, una ópera de personajes. Muchos, pero todos con peso en la obra, caracteres bien definidos y una clara función en el devenir de la enredada, y enredadora, trama. De ahí, que la elección del elenco, así como la dirección teatral, resulten claves para que una producción de esta obra se salde con el éxito que merece el siempre atrevido y sagaz compositor de Salzburgo. En esta ocasión, han destacado, sin duda, los cantantes que se han “metido” en la piel de los condes sevillanos de Almaviva. La soprano ucraniana Sofia Soloviy, ovacionada por el público al caer el telón, y, especialmente, el bajo-barítono Luca Pisaroni, magnífico en la doble vertiente vocal y actoral, para dar vida a un conde que no perdona nunca, pero que se pasa la vida pidiendo perdón a los que le rodean, incluida la sufrida condesa. Y que, además, siempre espera que se lo den. Como si fuera otro más de sus derechos de noble.

Ovacionado por el público madrileño, no es la primera vez que Luca Pisaroni participa en esta producción dirigida por Sagi. Este versátil cantante, de quien Ivor Bolton aseguraba hace unos días que era uno de los mejores en la actualidad, también estuvo en Madrid en 2009. En aquella ocasión, nos ofreció un convincente Fígaro, ese ya mítico personaje lleno de matices, algunos de los cuales, sin embargo, se echaron en falta anoche en la interpretación del mismo por parte del bajo-barítono alemán Andreas Wolf. Faltó, sobre todo, esa garra que ha de tener para enfrentarse nada menos que a un conde seductor acostumbrado a salirse siempre con la suya. Quizás por ello, el maestro Bolton ya destacaba en la presentación de la ópera la pasada semana a Davide Luciano interpretando al factotum della città, es decir, al Fígaro del segundo reparto, el elenco de artistas que estará en el escenario los días 18, 22 y 26, para alternarse con el que protagonizó este lunes el estreno y que se completa con Sylvia Schwartz en el rol de Susanna, Helene Schneidermann dando vida a Marcellina, Christophoros Stamboglis, como el doctor Bartolo, y el tenor español José Manuel Zapata, encargado de interpretar a don Basilio .

Sin olvidar a Elena Tsallagova, que ha interpretado a otro de los personajes míticos de la obra, il farfallone Querubino. Junto a Pesaroni y Soloviy, la joven intérprete rusa ha sido muy premiada por un público que tampoco ha ahorrado en aplausos para premiar al británico Ivor Bolton en el que ha sido su estreno como nuevo director musical del coliseo madrileño. Un cargo que el anterior director artístico, Gerard Mortier, había suprimido para optar por la fórmula de los directores invitados, que a lo largo de cada temporada venían a Madrid para ponerse al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real en una determinada ópera. Con su nuevo director, los músicos del Real se ponían en pie anoche para recibir los merecidos aplausos ya después del entreacto y, por supuesto, al finalizar la obra, que estará en cártel hasta el próximo día 27 de septiembre y que volverá a ser grabada en audio y vídeo para su retransmisión en diferido por Radio Clásica, de RNE, y en La 2, de TVE.

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