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Los apoyos y críticas a Rajoy ante la consulta

domingo 05 de octubre de 2014, 09:22h
El monotema del desafío secesionista catalán se ha convertido en la salsa de todas las tertulias periodísticas, de las declaraciones de los partidos, de los debates ciudadanos. Los protagonistas del pulso, Rajoy y Artur Mas, se encuentran en el foco de atención de todos y cada uno tiene su opinión al respecto. A Artur Mas solo le apoyan los independentistas más radicales. Pero Rajoy, en cambio, tiene más dispersa a la opinión pública a tenor de su gestión del gravísimo problema.

El presidente del Gobierno ha sufrido un aluvión de críticas como corresponsable de la tragicomedia que vive España. Los más críticos le reprochan su inmovilismo y apatía, pese a que desde que estalló el conflicto ya advirtió que estaba dispuesto a dialogar, pero que no podía admitir que se incumpliera la ley, como es el caso. Los adversarios, sin embargo, insisten en que debería de haber buscado fórmulas para evitar lo que los más cansinos consideran un choque de trenes. Y entre esas fórmulas barajan algunas de las más pintorescas.

En cuanto a dialogar, hay que reconocer que Rajoy, sin excesos, ha recibido e intentando convencer a Artur Mas del despropósito que suponía celebrar un referéndum ilegal. Con nulo éxito. El presidente de la Generalidad no está dispuesto a dialogar de otra cosa que no sea el ridículo e inexistente “derecho a decidir”. Imposible, pues, dialogar con él.

Ya pocos dudan de que los grandes partidos políticos deben ponerse de acuerdo en reformar la Constitución. Pero parece difícil que en estos momentos encontraran el obligado consenso en un simple artículo, en cambiar una sola coma. Pues unos quieren una España federal, otros centralizar las competencias autonómicas y los nacionalistas, el derecho de autodeterminación. Tampoco resultaría fácil abordar, entre otros muchos ejemplos, la ley electoral. El consenso, pues, resulta imposible. Y sería un gravísimo error reformar la Constitución con la urgencia de evitar la consulta catalana. Pero Rajoy se lleva el chaparrón por declarar que no es el momento. Y tiene razón. Solo le falta explicar por qué no se puede ahora reformar la Constitución.

Quizás el problema de Rajoy, más que el fondo, sea la forma. En el fondo ha puesto a funcionar la maquinaria del Estado para aplastar el desafío secesionista. Ha recurrido la ley de consultas ante el Tribunal Constitucional y ya ha advertido que aplicará la ley sin miramientos si alguien la incumple. El problema, de nuevo la forma, es que ya se está incumpliendo la ley, pero nadie lo impide. Los partidarios de Rajoy defienden que no es hora de alarmismos ni de amenazas y que, si al final, el 9 de noviembre se instalan las urnas en Cataluña, el Gobierno aplicará el Estado de Derecho hasta el final y, si fuera menester, las Fuerzas de Seguridad impedirían la votación.

Es probable que, aunque tarde, Rajoy esté actuando con acierto. En el fondo, pero no en la forma. Pues si es verdad que está dispuesto a impedir el referéndum con toda la fuerza de la ley, a muchos les tranquilizaría saber cómo. Pues en política, a veces, la forma es tan importante como el fondo. De ahí, que en las últimas encuestas el PP esté retrocediendo alarmantemente en intención de voto. Igual, al final, Rajoy gana la batalla catalana y pierde las elecciones. Por la forma.
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