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CRÍTICA DE CINE

Coherence o cómo desnudar la ciencia ficción

jueves 23 de octubre de 2014, 13:41h
Coherence o cómo desnudar la ciencia ficción
Ópera prima de James Ward Byrkit.
Lo que ha hecho el hasta ahora guionista James Ward Byrkit en su primer trabajo como realizador es, ante todo, una muestra de arrojo. Tras firmar historias y crear los story boards de superproducciones dirigidas al gran público, como Rango o varias entregas de la saga Piratas del Caribe, debuta en la dirección con Coherence, un thriller de ciencia ficción y bajo presupuesto sobre realidades paralelas en la que complicadas teorías sobre física cuántica se entremezclan con lo más mundano de la infidelidad, la frustración o la debilidad humana.

Esa forma de llegar a radiografiar la naturaleza menos agradable del hombre y sus interacciones es, precisamente, lo mejor de una película de contrastes, con muchas fortalezas, pero también algunas debilidades importantes.

Con un reparto sin grandes rostros pero muy solvente, la cinta arranca con una cena de amigos, cuatro parejas en la casa de una de ellas, justo la noche en la que un cometa pasa muy cercano a la Tierra. Entre las conversaciones más o menos banales que van dando pinceladas de los personajes, su pasado y sus relaciones, las alusiones al cometa van ganando terreno a medida que empiezan a ocurrir sucesos extraños: las pantallas de los teléfonos móviles se agrietan, se va la luz, se pierde la conexión a Internet…

No es de extrañar que Coherence consiguiera el premio al mejor guión original en el Festival de cine fantástico de Sitges. Ward Byrkit consigue desnudar el género, alejarlo de la grandilocuencia de los efectos especiales y trasladar todo el peso de la trama a unos diálogos bien construidos, diseñados para dosificar la información y mantener la tensión y el interés del espectador en el micromundo que crea en una sola localización. Toda la acción transcurre en la casa, salvo algunas escenas en el exterior y las calles aledañas y, aún así, el ritmo se mantiene vivo, marcado por un montaje con fundidos a negro que incrementan las preguntas a este lado de la pantalla y el deseo por conocer las respuestas.

Ahora bien, con un arranque brillante, en algunos momentos la trama se precipita y obliga a correr hacia delante. No es la primera película que aborda el asunto de las realidades paralelas y se pregunta sobre si hay más de un ‘yo’ y qué pasaría si se pudiera intervenir en el mundo de ‘los otros nosotros’. En una clara ironía con respecto al título, la coherencia pierde protagonismo y a veces es necesario dar por bueno lo que se presenta para seguir dentro del relato. Probablemente, los amantes del subgénero verán atractiva la propuesta, la necesidad posterior de retomar la cinta desde el arranque del conflicto y construir un esquema con tantas ramas como realidades paralelas se presentan. Desde luego, es interesante. En lo cinematográfico, sin embargo, el excesivo nivel de enredo puede provocar pérdida de interés y frustración por no encontrar las ansiadas respuestas.

Las motivaciones y acciones de los personajes también terminan por diluirse en el juego de realidades, apartándose a ratos de la lógica perfecta que se agradecía al principio, y dónde los diálogos eran pequeñas piezas de un puzle hecho para el espectador, empiezan a presentarse necesarios monólogos explicativos que deshacen en parte la magia creada hasta el momento.

El final, aunque tampoco hace justica a la exquisitez del planteamiento, ayuda a recuperar el hilo y retoma el trasfondo de la película, en realidad, el verdadero objetivo de la ciencia ficción: hablar del aquí y el ahora.

Ward Byrkit acierta de pleno en lo formal, con una cámara tambaleante, muy pocos recursos de banda sonora, naturalidad en los diálogos superpuestos e iluminación realista, dejando, de nuevo, todo el peso en el guión e incidiendo en la psicosis y la ansiedad.

Aunque con altibajos, Coherence es un buen ejemplo de un cine solvente de bajo presupuesto, de cómo la teatralidad puede explotarse también en la gran pantalla y de la eficacia de los buenos diálogos.
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