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O HAY REACCIÓN O HABRÁ VUELCO HISTÓRICO

Del "que se presenten a las elecciones" al tripartidismo

jueves 06 de noviembre de 2014, 11:36h
Arranca la cuenta atrás. PP y PSOE tienen un año para espabilar.
Pablo Iglesias, líder de Podemos. Efe
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Pablo Iglesias, líder de Podemos. Efe

En mayo de 2013, María Dolores de Cospedal lanzó un mensaje a los movimientos sociales: "Que se presenten a las elecciones". La secretaria general del Partido Popular sabía de la dificultad de que el descontento y las demandas de los manifestantes canalizaran en siglas y, segundo, que pudieran tener recorrido alguno en caso de romperse este pronóstico. Génova erró también en la interpretación de las europeas, en mayo también, ya de 2014. Donde Pablo Iglesias leyó punto inicial de un crecimiento exponencial, las fuerzas tradicionales vieron una amenaza a tener en cuenta, pero débil, puntual y en todo caso neutralizable.

Esto último, la estrategia para frenar la tendencia, es uno de los elementos más cuestionables. Por ejemplo, que Televisión Española no haya entrevistado todavía a ningún representante de Podemos o que obvie sus intervenciones, lejos de perjudicar a esta formación le da munición. Ocurre porque esta no presencia en la pública es denunciada en espacios de las privadas, con una cuota de pantalla sensiblemente más elevada. Las cadenas cuentan con Iglesias porque, estén o no de acuerdo con su discurso, es a día de hoy un garante de abundante audiencia y, en consecuencia, de cuentas saneadas para sus grupos vía publicidad.

Quienes critican la práctica omnipresencia del líder de la coleta en los medios también los tienen a su disposición, pero la respuesta cuando se solicitan entrevistas o simples declaraciones es muy diferente. No cuentan tampoco con la cantidad de 'mesías' durante la crisis que se han elevado en los platós a la misma velocidad que han desaparecido. Con Iglesias no hay de momento hartazgo, más bien revalorización. En su terreno, en el que se pelea con favorables y detractores, en el que se expone a preguntas de toda naturaleza, debieran poner su interés los que hoy caen en picado, por descontado sin desatender lo capital.

Pero los que hoy caen en picado siguen parapetados en sus sedes, tras sus estrados y micrófonos, y sólo las abandonan para comparecer ante convencidos, en espacios protegidos de discrepancia y sin cámaras ajenas. En este capítulo, el Partido Socialista ha reaccionado en la persona de Pedro Sánchez, al que hasta se ha escuchado en Sálvame, siguiendo la política del estar allí donde está la gente, en este caso el espectador, ese tan codiciado votante en estos tiempos. Independientemente de que convenzan sus formas, Sánchez se ha expuesto al éxito, fracaso o indiferencia que resulta de salir en la televisión, además de tener una imagen joven y altamente explotable, muy al contrario que la que representaba Alfredo Pérez Rubalcaba.

Entretanto, Mariano Rajoy empieza a recoger el fruto del no movimiento. En último término, de la continuidad de Ana Mato, una de las claves del descalabro del último CIS, desarrollado durante la crisis del ébola, o de su frío paso por el Carlos III sin querer cuentas con la prensa. Más recientemente, con los sucesivos casos de corrupción destapados, por tener a un alcalde gobernando desde la cárcel (Marcos Martínez, de Cuadros, León) o al Rey obligado a salir en una desagradable fotografía dando la mano a la imputada Sonia Castedo en Alicante porque nadie ha forzado su marcha hasta la fecha. Ante críticas internas exigiendo reacción, Cospedal no tardó este lunes en llamar "cobardes" a sus autores.

En la política que cae, la disensión es reprobada, como lo fueron desde Génova y Ferraz las distintas corrientes que Podemos exhibió en su congreso de Vistalegre. El partido visto como monolito está siendo también castigado. Lo ha sido tradicionalmente la mentira. Una de las que vienen al caso tiene como protagonista a Sánchez. Este noviembre debieran ser las primarias que prometió cuando se medía contra/frente a José Antonio Pérez Tapias y Eduardo Madina. De hecho, a tenor de sus más recientes declaraciones, el madrileño se ve presidente del Gobierno -por tanto candidato en las generales- sin contemplar proceso interno alguno, hecho que no pasa inadvertido, de Susana Díaz a abajo, para nadie. Rajoy tampoco ve necesario sondear a los suyos sobre su continuidad.

Las encuestas, con la credibilidad que a cada cual le merezcan, muestran una opción con inercia explosiva y otras dos detenidas, averiadas. Sólo sus conductores saben si ya en el taller o aún en la cuneta con la esperanza de que arranquen sin tocar una sola pieza. Para colmo, sus mecánicos llevan toda la vida dedicados a esos modelos y no conocen los nuevos, ni tampoco parecen estar abiertos a actualizarse. Pedro Arriola es el ejemplo más llamativo. Por el contrario, el vehículo que toma la cabeza cuenta con asesores recién salidos de la universidad y la empresa.

Queda un año para tomar decisiones que no pasan por otro factor que la valentía, si por valentía se entiende airear los trapos sucios antes de que lo sigan haciendo Justicia o prensa, renovar caras y mensajes y mayor exposición a la crítica externa e interna. Tiempo ha habido para ello, pero los dos 'grandes' han determinado planteárselo a última hora, cuando ya casi han sido arrollados por aquellos a los que desde la altivez se invitó a pasar de la calle a las urnas, ignorando que acabaría siendo una pesadilla para ellos CIS a CIS más real.

Iglesias admite que "los padres de Podemos son PP y PSOE", como el color de su partido es la mezcla del azul y el rojo. PP y PSOE lo han creado y sólo PP y PSOE están en disposición de apagarlo, pero no parece cuestión de querer, sino de saber y de pagar un precio que en sucesivas legislaturas no han estado dispuestos a asumir. Están en una cuenta atrás y ante un ahora o nunca.

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