www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

CRÍTICA DE ÓPERA

Romeo y Julieta, una lección de teatro sin escena

Romeo y Julieta, una lección de teatro sin escena

miércoles 17 de diciembre de 2014, 08:28h
La verdadera interpretación no precisa de elaboradas escenografías ni explicaciones.
La soprano Sonya Yoncheva y el tenor Roberto Alagna han encabezado este martes el esplendido reparto de la ópera “Roméo et Juliette” en versión de concierto, que ha emocionado al público del coliseo madrileño demostrando que, en ocasiones, la verdadera interpretación no precisa de elaboradas escenografías ni explicaciones.

Al desnudo. Hoy en el escenario solo estaba lo estrictamente necesario o, mejor sería decir, lo realmente imprescindible. Y ello, a pesar de que nos encontrábamos ante una de las obras más clásicas de la historia de la literatura, del teatro, de la ópera y, por supuesto, del cine. Un clásico con mayúsculas que, precisamente por ello, se ha querido versionar de una y mil maneras. El propio Charles Gounod “necesitó” de tres versiones para alcanzar su definitiva. Aquella, quizás, que siendo un joven de diecinueve años ya imaginó, después de asistir a un ensayo orquestal de la “Sinfonía Dramática Romeo y Julieta”, de Berliotz, quedando prendado de la romántica tragedia escrita para siempre por Shakespeare y de la interpretación musical realizada por el citado compositor francés. Casi tres décadas más tarde, Goudnov – que ya hacía tiempo que había triunfado con su ópera más famosa, Fausto – puso precisamente a los libretistas de la misma, Jules Barbier y Michel Carré, a trabajar en el libreto de la historia de amor más trágica – también, más endiabladamente llena de fatales malentendidos -, poniendo el foco de atención en ese amor apasionado. Es decir, “eliminando” lo que no fuera realmente decisivo en el funesto destino de los protagonistas. Así, el libreto, realizado en tres meses, es particularmente fiel al tremendo drama relatado por William Shakespeare, aunque trate de simplificar al máximo eliminando algún personaje secundario y reduciendo la trama a lo esencial. Igual que en el escenario de esta noche en Real. El drama sin adornos, pero con toda la carga dramática que supone una versión en la que el podio del maestro hacía también las veces de balcón veronés y hasta de tumba.

Desde el inicio, con el bello prólogo-obertura que anuncia en sus notas todo lo que va a ocurrir a partir del momento en que se vean por primera vez Romeo y Julieta. Los amantes condenados por el hecho de pertenecer a las dos familias rivales, los Montescos y los Capuletos, que tanta guerra dan al duque de Verona, obligado a intervenir una y otra vez para impartir algo de justicia en la arraigada enemistad que trae de cabeza a la ciudad. Porque si el amor no entiende de razones, menos aún lo hace el odio. El sobrecogedor prólogo hace que el drama brote de los instrumentos y de las voces del coro. Pero también “suena” a amor, a atisbos de esperanza, a esa especie de inmunidad con la que creen contar siempre los enamorados cuando descubren que sus sentimientos son correspondidos por el otro. Como si ya nada malo pudiera pasarles. Sin embargo, por supuesto, pasa. Y lo prodigioso es conseguir que una historia tan conocida sea capaz de utilizar la fidelidad a lo que ya sabemos, para emocionar. Sus armas: el talento, el trabajo bien hecho, la precisión ejecutada al detalle. Una precisión casi mágica, con la que el veterano maestro parisino Michel Plasson dirigía anoche a la Orquesta y al Coro Titulares del Teatro Real y al magnífico elenco de intérpretes, una labor por la que el público le ha querido premiar ya desde el entreacto y que, al final, ha cosechado junto a Andrés Maspero, director del Coro, el agradecido y contundente aplauso del público.

Rotundo ha sido también el aplauso que el tenor Roberto Alagna se ha llevado este martes en Madrid, ya desde su interpretación de una de las arias más dramáticas de Romeo. Cuando el público le ha premiado con unas exclamaciones de “bravo” que él ha recibido con los ojos cerrados, la cabeza ligeramente alzada hacia arriba y las manos con las palmas extendidas, como si estuviera recogiendo ese merecido premio. Junto a él, una esplendida Sonya Yoncheva, le había correspondido no solo en el amor, también en la muerte. Descalza, vestida de blanco, la recién casada moría por segunda y definitiva vez para estar, por fin y para siempre, con Romeo. Ambos cantantes yacían en el negro suelo de un escenario ocupado por la orquesta y los miembros del coro. A los pies de Plasson, hasta que la nota final les devolvía a la vida para recibir sus merecidos minutos de aplausos. Los que han compartido con los demás cantantes de un cuidadísimo reparto, cuyos nombres no pueden dejarse de mencionar por breve que haya sido la intervención de sus correspondientes personajes en la obra. La mezzosoprano británica Diana Montague, que da vida a Gertrude; los barítonos españoles Damián del Castillo, en el rol de Paris, y Toni Marsol como Gregorio; el jovencísimo bajo argentino Fernando Radó, que ha interpretado al duque de Verona, y el también bajo Roberto Tagliavini, dando voz al Hermano Laurent. Sin olvidar a Mikeldi Atxalandabaso, como Tybalt, a Antonio Lozano como Benvolio y a Joan Martín-Royo, interpretando a Mercurio. Así como la joven mezzosoprano francesa Marianne Crebassa, a cargo del papel de Stéphano, y el barítono galo Laurent Alvaro, que interpreta a Capulet.

La ópera podrá verse de nuevo los días 20 y 26 de diciembre, con el mismo reparto a excepción de Roberto Alagna, que no estará en la última fecha programada. Ese día, el 26, Romeo será interpretado por el tenor neoyorquino Charles Castronovo, que visitará de nuevo el Real después de haber interpretado a Nerone en “L’incoronaziones di Poppea”.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios