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EN LA FUNDACIÓN CANAL

Giacometti: el hombre que mira

viernes 06 de febrero de 2015, 15:50h
La Fundación Canal expone una selección de dibujos y esculturas de Alberto Giacometti en torno a la figura humana. Puede visitarse hasta el 3 de mayo.
Obras de Giacometti expuestas en la exposición de la Fundación Canal.
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Obras de Giacometti expuestas en la exposición de la Fundación Canal.

Alberto Giacometti es uno de los artistas más cotizados del mercado del arte. Sus esculturas se subastan por millones de euros, lo que convierte a sus obras en piezas que generan gran expectación entre los coleccionistas. Si bien, sin el dibujo, su producción artística carecería de sentido. Y es, precisamente, esa disciplina, poco apreciada por el público, la protagonista de una exposición organizada por la Fundación Canal que contribuye a poner en valor el dibujo como fundamento de la obra final.

Soy de la opinión de que, se trate de escultura o pintura, en realidad lo único que cuenta es el dibujo. Hay que agarrarse única y exclusivamente al dibujo. Si se domina un poco, todo lo demás será posible. (Giacometti)

La muestra incluye sobre todo dibujos, aunque también esculturas de bronce – Cabeza de hombre, Cabeza sin cráneo, Mujer sentada, Hombre sentado y Desnudo de pie sobre peana cúbica -, en las que el artista aborda el tema de la figura humana, motivo que comenzó a ser estudiado en el Renacimiento como objeto de idealización y, más tarde, como objeto de autoexploración y estudio de las posibilidades expresivas de la materia.

La ruptura de Giacometti con el realismo de la escultura figurativa clásica enlaza con las corrientes vanguardistas, cuyo propósito era la negación de la pintura retiniana. Mientras que la pintura asistía en el siglo XX a la muerte del autor, como le había llamado Barthes, la escultura, a partir de Rodin, experimenta un cambio significativo al priorizar la huella del artista sobre las superficies pulidas, corriente que dio otro giro radical a partir de escultores futuristas como Brancusi.

- ¿La semejanza? No reconozco a la gente a fuerza de verlos

- Pero al menos sí reconoce a su hermano…

- Ha posado para mí mil veces. Cuando posa, no lo reconozco. Tengo ganas de hacerlo posar para ver qué es lo que veo. Cuando mi mujer posa para mí, al cabo de tres días deja de parecerse. No la reconozco en absoluto. (Extracto de entrevista a Giacometti)

Los estudios gráficos expuestos hablan de un artista insistente, aunque no por eso diferente al resto. La cabeza, los ojos y el cuerpo son los motivos que repite una y otra vez en sus bocetos y estudios preparatorios, para los que se sirve de litografías y tinta negra, azul y roja, color que cita irremediablemente a la sanguina del Renacimiento igual que sus emborronados trazos oscuros terminan por traer a la memoria el arte primitivo que tanto atrajo a cubistas como Picasso. Una influencia del primitivismo que también es posible percibir en Desnudo sobre peana cúbica, una figura femenina cuya factura recuerda a la de las Venus prehistóricas.

El paso del tiempo es una de las cuestiones filosóficas que Giacometti explora en su obra pues no hay mejor ejemplo de la fugacidad de la vida que la observación del cuerpo humano. Igualmente resulta interesante acercarse a su obra teniendo presente la estética de Kant y, sobre todo, en lo referente a aquello que afirma sobre el ojo, que no percibe las cosas y las personas tal y como son, sino como se le aparecen, pues sólo corresponde tal capacidad a un intelecto originario, que él vincula a Dios como creador, viéndose reservada a los seres humanos la intuición sensible, la de los sentidos.

Cuando estoy delante de una cafetería y miro a la gente pasar por la acera de enfrente, la veo muy pequeña, como figuritas muy pequeñas, cosa que encuentro maravillosa. Pero me es imposible imaginar que son de tamaño natural. Si la misma persona se acerca, se transforma en otra persona. Pero si se acerca demasiado, entones en el fondo ya no la veo. Es decir, ahí ya no tiene el tamaño natural; ahí ha invadido todo tu campo visual. Y la ves borrosa. Y si te acercas un poco más, entonces la visión desaparece por completo. (Giacometti)

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