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Presión chantajista de Syriza

viernes 06 de febrero de 2015, 23:52h
Ante el lógico rechazo a las inasumibles exigencias de Syriza por parte de Alemania -como bien dijo el ministro de Finanzas germano, Wolfgang Schäuble, “las promesas a costa de terceros no son realistas”-, el Gobierno griego orquestó una manifestación en la que miles de ciudadanos se echaron a la calle en varios puntos del país heleno bajo el lema: “No nos dejaremos chantajear, no nos someteremos, no tenemos miedo, ni un paso atrás”. Pero lo cierto es que esta idea conjuga tanto el populismo como la manipulación torticera de los hechos que caracteriza al partido liderado por Alexis Tsipras.

Solo Syriza está arrastrando a Grecia a un callejón sin salida del que intenta salir como sea, incluso recurriendo a una presión de tintes chantajistas. Porque no es la troika, pese a lo que el Ejecutivo griego quiere hacer creer y así es coreado por los manifestantes en las calles, quien está sometiendo a Grecia al chantaje, sino que es esta la que quiere chantajear a Europa para obtener por encima de todo sus imposibles pretensiones. Y para ese fin ha encontrado un instrumento privilegiado en redoblar su alianza con Rusia. Altamente significativo fue que el primer ministro, Alexis Tsipras, nada más tomar posesión de su cargo, rompiera con la tradición de recibir en primer lugar al embajador norteamericano, sustituyendo este encuentro con el que tuvo con el embajador ruso en Atenas, Andrei Maslov.

Vladímir Putin ha acogido con enorme satisfacción esta política prorrusa de Alexis Tsipras, pues en ella confluyen que el mandatario ruso ha encontrado un aliado beligerante en contra de las sanciones que la UE impone a Rusia por el conflicto ucraniano, y Syriza un elemento de presión para que se acepten sus requerimientos. Parece que Syriza al posicionarse en contra de las sanciones y bloquear su adopción quiere dar a entender que si la UE no se pliega a su programa se echara en brazos de Putin, no solo en un intento de inaceptable coacción a la UE, sino en una muestra de la más absoluta insensibilidad ante el sufrimiento de los ucranianos, presos del ansia imperialista del “zar” Vladímir Putin.

En todo su comportamiento al proclamarse “salvador” de Grecia, Syriza parece haberse olvidado de las no precisamente positivas consecuencias de caer en la hybris, como con tanta lucidez se advierte en la mitología y en las tragedias griegas.
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