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NOMINADO AL GOYA AL MEJOR DIRECTOR

Carlos Vermut: "En estos tiempos no estamos acostumbrados a convivir con la incertidumbre"

Charlamos con el director de la perturbadora Magical Girl, que opta este sábado a siente premios Goya.


El cineasta madrileño Carlos Vermut se prepara este sábado para sus primeros Goya. Y lo hace en representación de una de las películas más sorprendentes y perturbadoras de 2014, candidata a llevarse siete estatuillas en el estreno de su creador. Magical Girl es la segunda película de Vermut tras Diamond Flash, autoproducida y distribuida en Internet. Una inquietante cinta entre el cine negro y el drama psicológico que propone al espectador un juego: completar las piezas de un puzle del que solo se da en pantalla un extracto. Vermut pone la cámara delante de unos personajes de los que él mismo asegura desconocer su pasado e invita a recomponerlo mientras ellos, creaciones vivas, se mueven en una cadena de chantajes y miseria fortuita. El Imparcial charla, a pocas horas de la gran cita del cine español, con el artífice del minimalismo más turbio llevado este año a la gran pantalla.



¿En qué estado te encuentras a unas pocas horas de la gala?

Estoy realmente tranquilo, demasiado quizás. Haciendo cosas como respondiendo mails y sin pensar mucho en la gala. Por supuesto, tengo muchísima ilusión, pero no estoy muy nervioso, la verdad.

Hace cuatro años granas el festival de cotos online Notodofilmfest; en 2011 diriges tu primer largo, autoproducido y distribuido online. Te lanzas a la segunda película y de repente te ves con un doblete histórico en San Sebastián y nominadísimo a los Goya. ¿Cómo se gestiona todo esto en tan poco tiempo?

La verdad es que es una sorpresa. Haces un corto para en Notodo y a partir de ahí vienen las cosas muy rápido. Tampoco he sido una persona que empiece en esto a los 19 años. Siempre me ha gustado mucho el cine y sí lo valoraba como una opción. De hecho, entré en la carrera de Comunicación Audiovisual, pero rápidamente empecé a hacer otras cosas: diseño, dibujo, comic, ilustraciones… No pensaba terminar haciendo esto; un día me compré una cámara de vídeo y empecé a hacer cortos, pero no tenía pensado ser director de cine. Me voy acostumbrando poco a poco, pero sí es un poco raro.

¿Por dónde empieza Magical Girl? ¿Cuál es la primera idea de la que empiezas a tirar?

Siempre empiezo con planteamientos muy sencillos sobre los que voy desarrollando la historia, los personajes y las escenas. En este caso era una cadena de chantajes. Me gustaba mucho la idea de que alguien chantajea a un personaje, ese personaje chantajea a otro y esa cadena se acaba cerrando, como una especie de historia circular construida a través de los chantajes. Esa fue la idea principal. Todo parte de una estructura narrativa a la que luego das un componente emocional. Pero a veces, como en ese caso, la propia estructura narrativa tiene ya ese componente. Aquí, el chantajeado se convierte en chantajista, lo que habla mucho de la condición humana y de cómo las víctimas se convierten a veces en verdugos y viceversa.

Con Diamond Flash te lanzas a la aventura de la autoproducción y su éxito en Internet hace que para Magical Girl hayas contado con el apoyo de una productora. ¿Has notado diferencias en tu capacidad de decisión como creador?

Pues ese es el típico miedo que siempre se tiene cuando cuentas con dinero ajeno, porque cuando es tu dinero haces lo que te da la gana. Pero yo no he sentido presión en ese sentido. Nadie me ha censurado nada, en todo caso me han aconsejado porque pensaran que era mejor, pero nunca desde la censura porque creyesen que iba a ser una película menos accesible al público. Las sugerencias que vinieron desde la productora fueron para mejorar la película, para hacerla más comprensible o para potenciar lo que yo quería contar. Todo han sido facilidades. Es maravilloso tener dinero para hacer cine. Me parece un coñazo tener que hacer las películas con poco dinero porque tienes que dedicarte a otras cosas que no son propiamente la dirección. En Magical Girl he encontrado el presupuesto que tenía que ser: ni suficientemente bajo como para que el trabajo fuese un infierno, ni tan alto como para sentir presión por las cifras. A mayor presupuesto, mayor necesidad de hacer una taquilla importante, lo que se traduce muchas veces en hacer películas menos arriesgadas. He tenido la suerte de encontrar el presupuesto justo para hacer la película que quería hacer, con todas las facilidades que podía tener, pero sintiéndome libre para hacerla.

"No tenemos porqué vivir con ese miedo y esa parálisis constante que a veces nos meten diciéndonos que no se puede"


Hay quien se ha quedado con un mensaje de la película que tiene más que ver con el proyecto en sí que con lo que cuenta: que se puede, que es posible hacer un cine distinto y un poco al margen de los cauces más habituales…

Esto siempre es ajeno a uno, pero tampoco voy a negar que claro que puede mandar ese mensaje. Se me han acercado estudiantes de cine para decirme que se sienten muy animados por la trayectoria de Diamon Flash y lo que ha ocurrido con Magical Girl; que se han dado cuenta de que es posible hacer las cosas; que no tenemos porqué vivir con ese miedo y esa parálisis constante que a veces nos meten diciéndonos que no se puede. Con voluntad, talento y ganas, se puede. Aunque te dé la espalda el ICAA, como nos sucedió a nosotros, es posible estar ahí, ir a San Sebastián, estar nominados a los Goya y meter tu película en primera división. Sí se puede interpretar así y me alegro de que pueda servir para que directoras y directores se animen a dar el salto, a lanzarse y a hacer por cumplir su sueño.

¿Te has planteado qué criterios sigue el ICAA para conceder o no ayudas a los proyectos que se presentan?

Me da igual. No quiero meterme mucho en esto, pero el tema de las subvenciones… A mí me parecen muy bien, es innegable que un Estado tiene que apoyar el desarrollo de la cultura, pero mandar el mensaje de que si no hay subvenciones a la producción no hay cine es peligroso. Puedes subvencionar la distribución, la formación de los cineastas, muchas cosas… pero que exista una dependencia de la producción de cine a las subvenciones me parece muy peligroso. Básicamente equivale a decir que es el Estado el que decide qué películas se ruedan y cuáles no, y yo no quiero que el Estado controle el cine porque no sabe de esto. No entiendo los criterios del ICAA, pero tampoco lo he pensado mucho porque me da igual. No hago películas pensando en si van a gustar o no a los del ICAA. Hago las películas que quiero hacer, desde siempre. Si luego les encajan, pues bienvenido sea. Y si no, buscaré la financiación por otros medios, que es lo que he hecho hasta ahora.



¿Piensas en el tipo de público al que te quieres dirigir con tus películas?

Bueno, esto creo que tengo que matizarlo, porque hay gente que piensa o dice que a mí me da igual el público y no es así. El público es lo más importante, siempre. Lo que pasa es que un cocinero cuando está cocinando no pregunta a la gente lo que le gusta y lo que no. Utiliza su sensibilidad y su criterio para cocinar. En mi caso, es igual. Cuando hago una película, el fin es el público, pero la hago desde mi criterio. Cuando estoy ideando una historia pienso en lo que a mí me gustaría ver como espectador. No estoy buscando ese público sin cara, esa masa informe, para que la película agrade a todo el mundo con un poquito de esto y un poquito de aquello. Siempre pongo mi criterio por encima de cualquier decisión, porque para eso soy el escritor y el director y confío en mi criterio y en mi intuición. Pero sí que tengo presente que conectaré con alguien al otro lado.

"Mandar el mensaje de que si no hay subvenciones a la producción no hay cine es peligroso"


¿Alguna vez contarás tu teoría sobre el pasado de los personajes de Magical Girl?

Es que creo que es irrelevante, precisamente porque la película habla del misterio, de las elipsis y de los puntos muertos de las escenas de esta historia. La película no va sobre el pasado de Bárbara y de Sacristán, ni de lo que sucedió con la madre la niña. Habla del futuro y de cómo sus deseos son su condena. Cuando estoy escribiendo no me importa lo que sucedió entre Bárbara y Sacristán y, de hecho, no lo tengo claro. Si de repente me da el punto, me puedo imaginar algo, pero no lo construyo antes para contar la historia. Esta película vive de las elipsis, deja que el espectador las rellene, pero ni siquiera intelectualmente. Yo no pido al espectador que cuando salga del cine reconstruya necesariamente lo que sucedió entre ellos. Porque da igual. La película funciona exactamente igual si Bárbara hubiese atropellado a alguien, Sacristán hubiese dicho que fue él y por eso está en la cárcel; o si es que Sacristán dio una paliza a un chaval porque tocó a Bárbara. Da igual. No hay una fórmula para que funcione mejor o peor. No tiene importancia en la historia; o sí la tiene, pero no es necesario contarla.

O sea, que ni siquiera haría falta buscar respuestas, sino disfrutar del resto y aprender a quedarse con la duda…

Es que creo que no estamos acostumbrados a convivir con la incertidumbre en estos tiempos. Estamos en la era de lo inmediato, la era del ‘quiero saberlo todo y quiero saberlo ya’, y si hay algo que tenga que imaginarme, me frustro. Nuestros padres convivían mejor con el misterio. En su época, Buñuel, Dalí o Picasso eran tíos famosos. Antes se convivía mejor con la sensación de misterio. También es verdad que era un mundo más irracional, España era un país más religioso, más acostumbrado a asumir cosas que no termina de entender. Ahora mismo tenemos la Wikipedia siempre a mano para responder cualquier cosa en cualquier momento y no sabemos convivir con la incertidumbre. Nos agobia mucho no saber algo, queremos respuestas rápidas para todo, cuando en realidad hay cosas que no tienen respuesta o la respuesta da igual.

¿Cuál es la incógnita que a ti más te ha perturbado en una película?

Me pasa con muchas. Con Enemy, por ejemplo, acabé loco y me puse a mirar en Internet si había algún tipo de respuesta o no. Yo también tengo ese impulso como espectador, claro. Pero no lo veo necesario; si al final no lo entiendo, no me frustro. También me pasa con muchas películas de David Lynch que, cuando acaban, me encanta lo que me han hecho sentir sin tener porqué siempre encontrar una explicación racional. O cuando veo Persona y otras pelis de Bergman. Soy un espectador muy emocional.

¿Alguna película, la hayas visto ayer mismo o hace veinte años, que cuando terminara te dejara una sensación de “me encantaría haber dirigido esto”?

Pulp Fiction. Cuando fui al cine a verla me cambió la vida. Mi primo me dijo que había una película que se llamaba Pulp Fiction que era de gánsters y pensé, ‘qué pereza’. No me gustaban mucho ese tipo de pelis porque no me enteraba de nada de las tramas; Siempre me perdía con los maletines, los líos de las familias y tal. Y con Pulp Fiction me enteraba de todo. Hablaban de cosas que eran muy banales: de las hamburguesas, de las citas… Todo se apoyaba en cosas que podía comprender, estaba más basado en los detalles más que en la trama. Sentí que ese tal Tarantino había hecho una película para mí, para que yo la viera, porque pienso las mismas cosas que aparecen en esa peli. ¿Por qué los gánster solo hablan de matar y no pueden hablar de hamburguesas? Me sentí muy identificado y es, desde luego, una película que ha marcado mi vida.

"Pulp Fiction me cambió la vida"


¿Has sentido que los dos premios de San Sebastián te han allanado un poco el camino?

Sí, a nivel profesional sí. Tengo ahora mismo dos películas previstas para rodar, con medios y muchas más facilidades que las que tuve en Magical Girl. Serán películas relativamente grandes. No sé si la Concha de Oro y la de Plata fueron fundamentales, pero desde luego han hecho que me reconozcan a nivel internacional, que yo sepa que hay alguien en el mundo, productoras y distribuidoras, puede estar interesado en mi trabajo. La película que tengo más inmediata la voy a rodar con Apaches, la productora de Lo Imposible, así que la producción será española, pero compañías internacionales ya se han interesado por entrar.

Y si ahora te ofrecieran un gran presupuesto, ¿en qué lo invertirías?

Si tú coges el guión de Diamon Flash, el de Magical Girl y el de la película que estoy escribiendo y los ruedas con distintos presupuestos daría igual, la esencia de la película no cambiaría porque tenga más o menos presupuesto. Lo invertiría en pagar más a la gente, en tener más medios para rodar las escenas o mejores localizaciones. O en poder trabajar con gente con la que me apetece y que pudieran, además, dar a la película una dimensión mayor. Pero no me veo de repente haciendo una película de acción o con veinte dinosaurios corriendo por una carretera. Lo usaría para mejorar mi propia manera de ver el cine.

Aunque siempre puede haber sorpresas, se dan casi por seguros los Goya a Bárbara Lennie y a José Sacristán. ¿Cómo ves tú las posibilidades de Magical Girl en la gala de este sábado?

Lo que has comentado un poco. Hay unos Goya que están más claros y otros que lo están menos, pero es lo que hablábamos antes, yo no tenía pensado nada de esto. Hace tres años alguien me dice que iba a estar en los Goya o que iba a ganar en San Sebastián y no me lo creo ni de coña. Estar aquí es ya como un regalo, es como una fiesta en la que me lo estoy pasando muy bien. Si me preguntan, yo quiero ganar todo, claro. Pero es muy difícil porque hay películas muy buenas, y está muy bien que haya esas películas. A mí me beneficia particularmente que la imagen del cine hecho en España sea buena, así que guay. Yo me lo voy a pasar bien y lo que caiga, lo celebraremos.


Una reconciliación con la infancia

Acaba de llegar y ya se le ha comparado con Víctor Erice o Iván Zulueta. Y lo de ‘acaba de llegar’ no es, como ocurre en muchsos casos, fruto del primer ‘pelotazo’ mediático de una extensa carrera. Es que, simplemente, acaba de llegar. No por ser su primera película (de hecho, es la segunda), sino porque ha aterrizado de lleno en una idea que no se había planteado como verdadera salida profesional: la de ser –en toda la inmensidad del verbo- director de cien. Al menos, en su vida adulta. Verse por partida doble en el palmarés de San Sebastián y eligiendo corbata (¿o será pajarita?) para la gala de los Goya ha sido una dulce sorpresa que, dice, le pone amortiguadores a una eventual caída desde lo alto.

“No siento presión. Me encanta lo que hago pero no tengo miedo porque nunca he querido esto tan conscientemente. No estoy presionado por mantener un estilo, un estatus o una calidad en mis películas. Soy súper feliz siendo director de cine, me siento muy afortunado y utilizo todo esto para intentar hacer cosas mejores. Pero no tengo que demostrar nada y el día que deje de sentir pasión por esto, se acaba y me dedico a dibujar o a otra cosa.”

Lo que tiene claro desde siempre es que le gusta contar historias y, asumiendo que no es un buen “escritor en el sentido narrativo”, se enamoró de las imágenes. “Hay sensaciones en las imágenes que tienen que ver con algo universal, intrínseco al ser humano y que nos hace sentir cosas. Desde pequeño me ha interesado mucho todo lo que tiene que ver con contar a través de las imágenes. La fotografía, el comic, y también el cine. Cineasta era una de las cosas que quería ser cuando era pequeño, así que esto ha sido como una especie de reconciliación repentina con una parte mía de cuando tenía 12 años.”

Empezó Comunicación Audiovisual y terminó tirando por las viñetas. “El cine me parecía algo completamente inaccesible a nivel de medios, así que lo primero que hice fue coger una hoja en blanco y empezar a dibujar”. Y entonces, con la tecnología, llegó la magia.

“Intenté hacerlo antes, a los 20 años, y me compré un ordenador, pero todo era muy lento aún. Después pude comprarme una cámara con una calidad decente y un ordenador en el que poder montar yo las cosas. Al final he dependido mucho de la tecnología. Si no hubiesen aparecido todas las facilidades tecnológicas de las que hoy disponemos, que te permiten montarte un corto en casa, igual no hubiese hecho cine nunca”.

Contingente o necesario, lo indiscutible es que Carlos Vermut está aquí, contagiando al cine español de ese universo particular en el que cabe la comedia y el drama, el cine negro y el suspense, la magia, el comic, la cultura japonés y los superhéroes. Traemos a la Alicia de Magical Girl a esta entrevista y tomamos prestada la pregunta de sus labios: Si pudieras tener un poder, ¿cuál sería?

“Lo de ser invisible siempre he pensado que es muy perverso. Seguro que lo terminaría utilizando para hacer cosas perversas. Prefiero volar. Me imagino volando a toda velocidad, viendo todo desde arriba, libre, y me gusta bastante”.

Viendo como le van saliendo las cosas a Carlos Vermut, durante la gala de este sábado, mejor mirar hacia arriba.