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JORNADA 22: ATLÉTICO 4 REAL MADRID 0

El Atlético alecciona al Madrid sobre colectivo y táctica en un derbi para la crisis merengue

sábado 07 de febrero de 2015, 17:51h
Griezmann, Arda y Tiago, los mejores ante un Madrid desnudo sin la pelota. Por Diego García



La tarde despertó en plomiza indefinición atmosférica en la ribera del Manzanares, en contraposición al ecosistema vibrante del Vicente Calderón, con la tribuna repleta de ardor y ansia por recortar distancias con el líder en un marco tan idílico como el derbi. Un duelo de enemigos íntimos al que pareciera tener tomada la medida por los precedentes de los dos últimos ejercicios. Recibió el coliseo colchonero a su rival platónico con la hierba en, quizá, el peor estado en lo que va de calendario de la presente temporada. Tres puntos de efervescencia estadística y anímica para el bloque local y tres o uno de supervivencia para los visitantes. Así parecía figurar el guión de los contendientes comprobada la distribución de las bajas y las inercias hasta este sábado.

Diego Pablo Simeone ejecutó otro viraje en su enriquecida propuesta para afrontar con garantías la búsqueda de la victoria. Apostó el técnico argentino por lo vertiginoso de la contra y cedió terreno en lo físico y la vertiente aérea. Así, Raúl García y Mario Suárez verían el arranque de partido desde la banca para que Tiago y Gabi vieran su labor de salida tras robo argumentada con Arda y Koke. Mandzukic batallaría y actuaría como fijador de centrales para el movimiento libre y venenoso de Griezmann. Siqueira y Juanfran decidirían la valentía local con la altura de sus subidas. Asomaba una discusión por la pelota, dentro del estándar contragolpeador, y el nivel de presión se mantendría como de costumbre, muy arriba. Colapsar el carril central del ataque merengue, premisa ineludible.

Carlo Ancelotti arribó al Calderón con el esquema y nombres previstos en la tesitura de maltrecha condición de su plantilla. Dio, de nuevo, protagonismo al despliegue físico de Khedira para asistir a Kroos en el repliegue y entregar a Isco algo más de aire. Illarra, el rol equilibrante en lo ortodoxo, no tenía sitio ante la presumible intensidad del fragor. Con Nacho y Varane en el centro de la zaga, Coentrao recuperaba su lugar con una prueba de fuego: soportar la superioridad numérica predilecta del rival, en su perfil, con Arda y Juanfran. Ronaldo regresaba al once para responsabilizarse de la necesaria efectividad de la línea ofensiva. Benzema debía ampliar su rendimiento hacia la inteligencia con la pelota para dar respiro a los suyos en la encerrona local. Sin parche contra los problemas a la espalda de los mediocentros ofensivos, la pelota y la puntería serían variables decisivas en el camino madridista.


Arrancó el partido con el Atlético cerrando en su campo ante un Madrid incapaz de encontrar juego entre líneas. Sin Marcelo, la salida de pelota por la izquierda –elemento nuclear- quedó cortada y Khedira no participaba, confinado a Kroos e Isco a una inferioridad de efectivos con respecto a la medular local., El sistema del Cholo cercenó el césped y condenó al Madrid al balón largo, desposeyéndole de identidad, durante buena parte del primer acto. Aunque la presión colchonera no resultaba tan elevada en el primer cuarto de hora, el Madrid se limita a la horizontalidad y el Atlético esperaba la contra.


Sobrevino la lesión muscular de Koke, renqueante en las últimas jornadas, y ocupó su plaza en compromiso y llegada Saúl, en el 9 de juego. En este escenario de indecisión visitante, con paisaje propicio a la explosión local, los errores en la zaga cercenarían las opciones competitivas de ambos contendientes. Y Tiago abundó en el modelo abriendo marcador con la colaboración de Iker Casillas. Un simple saque de banda, ejecutado por Juanfran, abrió la acción del primer tanto. Ronaldo se desentendió de la jugada dejando a Gabi en libertad. Con Arda sometido por Coentrao, Juanfran y Gabi formaban superioridad ante Isco. Y el Madrid lo pagó. El buen centro del lateral cayó en los pies de Saúl y el canterano cedió para la llegada, en total soledad, de Tiago. El luso encañonó a placer en el 13 de juego.


Y no reaccionó el Madrid, maniatado en la circulación de pelota, buscando soluciones a la red de ayudas locales. Es más, si bien no afinó su fluidez en ataque, tampoco ajustó su faceta sin balón. Como resultado, se reprodujo la acción del primer tanto invocando el segundo gol. Bale no sigue la subida de Siqueira por su lateral –Khedira no llega a la cobertura- y el zurdo brasileño queda en superioridad con Mandzukic frente a Carvajal. El carrilero gana la línea de fondo con placidez y la pone templada al centro del área. Saúl, sin marcaje, dibuja una tijera que confluye en la segunda vez que Casillas recoge la pelota de su red. Minuto 18 y el muro psicológico y deportivo se había transformado ya en montaña para los
merengues.


Hasta pasada la media hora de juego, punto en el que el Madrid estableció su primera posesión con llegada a banda y centro –en el perfil de Coentrao-, la diferencia de tensión competitiva o posibilidad física se asemejaba a lo absoluto. El Atlético jugueteó con la línea de presión desquiciando a dos centrales sin fluidez en la salida de pelota y Kroos e Isco quedaban en el terreno de lo intrascendente. Incomodado por verse obligado, otra vez, a bajar el culo y buscar variaciones al “plan A” de la posesión, los de Ancelotti no atisbaban manera de incomodar a un Atlético en perfecto cumplimiento de su hoja de ruta No obstante, Griezmann tuvo el tercero en el 25 después de que Mandzukic limpiara a tres rivales en el córner con un taconazo –véase el nivel de intensidad visitante-


Sobrevino el intermedio con el Madrid en posesión de la pelota –en los últimos 10 minutos consiguió replegar al Atlético- aunque las porfías y balones divididos estaban pintados de rojo y blanco. Trabajo de viraje del paradigma para Carletto ante la inferioridad manifiesta de su apuesta, ya que ni Ronaldo ni Bale había rascado balón y los suyos cerraron el primer acto sin probar los guantes de Moyá, inmersos en una performance global pobre.


Subió el telón del segundo acto sacando de la partida a un Khedira lento, que llegaba tarde a cada cruce, y dando entrada a Jesé, para tratar de encontrar espacios en el carril central. No obstante, el sistema mutaba en un 4-2-4, con Bale y el canario en la cal e Isco asumiendo atribuciones defensivas. Así, con este suicidio ofensivo movió ficha Ancelotti y el Madrid mostró cierta asociación en los primeros estertores de segundo tiempo.


Sin embargo, la ocasiones crecían, de manera flagrante, con Casillas como diana. La espalda del centro del campo merengue susurraba la cercanía de la goleada local y los tímidos intentos de Saúl y Godín afianzaban la escena. No en vano, Griezmann probó suerte en dos ocasiones –volea tras indecisión defensiva que despeja Casillas y testarazo arriba- antes de sellar el tercer gol en el 66. Con Isco batido física y mentalmente, Juanfran ganaba superioridades de la mano de Arda. El turco centró al segundo palo y los centímetros de Saúl ganaron una pelota que cayó en el segundo poste para que el punta galo se anticipara a Varane.



Un disparo del Madrid ejecutado –en el 62- por Ronaldo desde larga distancia y sin fuerza era el bagaje completo de ocasiones de peligro visitante. Ancelotti decidió poner un parche al sonrojo sacando a Isco del campo y dando entrada a Illarramendi. Pero el relato estaba ya cerrado: se asomaba al desenlace uno de los derbis en los que más distancia en imagen y sensaciones ha habido entre los contendientes.


Antes del epílogo, Raúl García entró por el lesionado Saúl, Chicharito hizo lo propio por Benzema –entendiendo el técnico italiano la valía de las rotaciones- y Torres buscó su hueco por Griezmann –indetectable por la medular visitante- en la incontestable e irrebatible fiesta colchonera, culminada, en su excelencia, por un cabezazo de Mandzukic a la red en el cuarto gol del duelo en el 88.

Un evento que sacó de sitio a los merengues desde el arranque y que mostró el acantilado táctico en este punto de la temporada, aliñado por el bajón de compromiso por lo colectivo y configurando la peor versión del Madrid ultra ofensivo, sin red cuando pierde la pelota. Así, se vio sulfurado por los olés de la asociación coyuntural rojiblanca y la ola de la tribuna, sabedora de haber asistido a la desfragmentación del enemigo, cada vez más empequeñecido como equipo. La fluidez y alegría combinativa quedó reducida a la horizontalidad y las acciones en slalom –sin superar al primer rival- de Ronaldo (desdibujado actúa como eufemismo) y Bale (en coherencia con su tradicional escasa participación en el juego).

La batalla de colectivos, cada vez más volteada en favor del Manzanares. La pugna ante el Sevilla aseguró el liderato merengue con vistas a esta indigestión pero con este encuentro se constata que el dominio de Simeone sobre Ancelotti, y de una propuesta sobre otra, ha alcanzado ya el extremo exponencial. La labor del preparador italiano no parece sencilla, con una plantilla diseñada sin elementos defensivos en el centro del campo. El Atlético, por el contrario, llega al tramo decisivo en pleno crecimiento. No se recordaba en Chamartín una debacle semejante, desde cualquier variable, ante el rival capitalino.

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