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CRÓNICA ECONÓMICA

Crónica económica: España, octava economía más endeudada del mundo

jueves 12 de febrero de 2015, 16:42h
En la gestión de la crisis se ha caído en una paradoja... Por José Carlos Rodríguez

En la gestión de la crisis económica se ha caído en una paradoja que no está claro que sea sólo aparente. Hay muchas interpretaciones de las causas de la crisis económicas, pero todas apuntan a lo ocurrido en los años anteriores y prácticamente todas señalan al exceso de endeudamiento en el sector privado. Pero la respuesta a la situación creada por ese exceso es una apuesta, aún más acelerada, por la deuda; aunque en este caso por la pública.

La consultora McKinsey lleva estudiando desde 2008 cuál es la respuesta de las principales economías a la crisis económica. Y, en concreto, se ha centrado precisamente en la evolución de la deuda, pública y privada, de 47 grandes economías. Su conclusión es que la economía privada ha desacelerado el aumento de la deuda, pero no lo ha frenado. Y la deuda pública se ha disparado. Según el informe, “no es sólo que la deuda pública haya continuado aumentando, sino que también lo ha hecho la deuda de las familias y la empresarial en muchos países”.

Esto quiere decir que esos países son muy vulnerables a una recaída en la crisis económica. Pero no todo lo ocurrido es negativo. Según recoge el informe, “el sector financiero se ha desapalancado, y muchas de las fórmulas bancarias en la sombra más peligrosas están retrayendo”.

Desde 2007, y según los datos recabados por McKinsey, el endeudamiento global ha aumentado en 57 billones de dólares, lo que ha aumentado el ratio de la deuda sobre el PIB en 17 puntos. Así, en 2007 la deuda global era de 142 billones de dólares, el 269 por ciento del PIB, y en 2014 era ya de 199 billones de dólares, el 286 por ciento.

En estos años, el endeudamiento de las familias ha aumentado de 33 a 40 billones de euros, las empresas de 38 a 56, y los gobiernos de 33 a 58 billones de euros. Sólo el sector financiero ha cambiado el signo, y aunque en el curso de estos años ha aumentado también su endeudamiento, es un crecimiento menor: de 37 a 45 millones.

En el ranking de deuda de los países (que incluye la de las familias, empresas no financieras y gobiernos), el nuestro ocupa una posición muy alta, lo cual indica que somos una de las economías que más riesgo está acumulando. Así, Japón ocupa el primer lugar, con una deuda que es cuatro veces el PIB. Le siguen Irlanda (390 por ciento), Singapur (382 por ciento), Portugal (358), y Bélgica, que es el quinto país más endeudado del mundo, con un 327 por ciento del PIB. A continuación están Holanda, con un 325 por ciento, Grecia (317), y España (313 por ciento). Somos el octavo país más endeudado del mundo. Estados Unidos, con 233 por ciento, es el decimosexto, China es el 22, Brasil el 34, Rusia el 43 y Argentina el 47.

En estos años, de 2007 a 2014, España ha aumentado su endeudamiento en 72 puntos del PIB. Se debe todo al endeudamiento del Estado, que ha aumentado en 92 puntos del PIB, mientras que las familias han reducido su endeudamiento en seis puntos porcentuales, y las empresas en 14. Por otro lado, el sector financiero se ha desapalancado en un 2 por ciento del PIB. Es decir, la economía privada está haciendo los deberes, lo que está permitiendo el crecimiento. Pero la pública, no.

McKinley propone un conjunto de herramientas para aprender a “vivir con deuda”; en realidad, para limitar esta querencia por la deuda que nos ha conducido a la situación actual. Entre estos están: 1) Fórmulas flexibles para las hipotecas, que permitan reducir el pago cuando cae el valor de la vivienda, o aumentarlo cuando sube, o ajustar los pagos mensuales a la situación laboral del endeudado. 2) Combinar la dación en pago, que es más riesgosa, pero soluciona un préstamo fallido de forma más rápida, con 3) políticas macroeconómicas más ortodoxas. 4) Exigir un mayor capital a los bancos en época de auge. 5) Reducir los incentivos fiscales al endeudamiento, como las desgravaciones al pago de intereses. 6) Mejorar los mecanismos de resolución de la reestructuración de la deuda pública. Curiosamente, McKinley no menciona ni la imposición de cláusulas de rango constitucional que limiten el déficit y la deuda, ni la política del Banco Central, que es clave.
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