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NUEVA PREOCUPACIÓN EN GÉNOVA TRAS EL ESTANCAMIENTO DE PODEMOS

Rivera se hace fuerte con los votos perdidos del PP

lunes 16 de febrero de 2015, 11:58h
Albert Rivera acapara el foco que durante largos meses se ha ocupado de Pablo Iglesias. El ascenso de Ciudadanos, sólo obviado por el CIS, es una mala noticia para el Partido Popular salvo en el caso de que juntos pudieran sumar una sólida mayoría frente a la izquierda parlamentaria. Sus votantes, en un alto porcentaje, responden al mismo perfil.
Albert Rivera, presidente de Ciudadanos. Efe
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Albert Rivera, presidente de Ciudadanos. Efe

Albert Rivera preocupa al Partido Popular. Ciudadanos crece como voto útil en el centro-derecha y su líder está en forma. Su agenda, inasumible para el grueso de los veteranos, está logrando ensanchar esos apoyos, que a día de hoy le dan asientos en más parlamentos que el catalán, allí donde parecía que acabaría su salto.

Recientes sondeos, el último hecho público este lunes, de la SER, sitúan a la formación en cuarto lugar y subiendo. También concluyen que casi la mitad de sus votos provendrían de descontentos con Mariano Rajoy, esos que hasta hace poco se repartían entre la abstención o, en menor medida, entre otros, UPyD.

Rosa Díez tuvo opción de aliarse con Rivera, pero rechazó perder autonomía, decisión que costó el puesto a algún que otro crítico. Entonces, el magenta estaba unos escalones por encima del naranja, pero las cosas han cambiado vertiginosamente.

Leído en frío, el barómetro del CIS más reciente apenas da relieve a Ciudadanos. Es el único de los estudios de peso que no sitúa a este partido como cuarta fuerza. Ni siquiera como quinta. Según este organismo, dependiente del Ministerio de la Presidencia, es sexta con 3,1 puntos, en torno a 9-10 menos que los que publica el resto.

Si Podemos era y sigue siendo una amenaza para un segundo mandato de Rajoy, el ascenso de Rivera no inquieta menos: una opción que atrae al mismo perfil de elector pero limpia de antecedentes e impulsada por un político joven y aprobado con un discurso aprendido y mejor envuelto que el del PP, con la ventaja añadida de no tener altas responsabilidades y su consecuente desgaste.

Como ha ocurrido con Pablo Iglesias, con Íñigo Errejón o con Juan Carlos Monedero, asomar por el retrovisor del bipartidismo no es gratuito y la fiscalización, el escrutinio de cada palabra, cada gesto o cada punto del currículum o registro de la propiedad es susceptible de volverse en contra.

Jordi Cañas es el primer escollo de Rivera. Fue su número dos. Imputado por presunto fraude fiscal por hechos anteriores a su actividad como diputado, fue apartado para más tarde ser recolocado como asesor, contratación con la que Rivera se topa entrevista tras entrevista, información tras información para contrastarla con sus constantes menciones a los partidos que acogen a sospechosos de corrupción.

Este domingo, además, el dirigente fue criticado por manifestaciones en relación con sus planes en Andalucía, a su juicio sacadas de contexto. Rivera ha alcanzado altura y empezado a medirse con los que en ella habitan en las mismas condiciones. Ha aprendido en las últimas semanas que su ascenso será proporcional a las dificultades, y que el rastreo de su pasado y sus circunstancias no ha hecho más que comenzar.

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