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CRÍTICA DE CINE

El Francotirador: ¿Quiénes son los héroes americanos?

martes 24 de febrero de 2015, 15:22h
El Francotirador: ¿Quiénes son los héroes americanos?
Este viernes llega a las salas españolas la polémica película de Clint Eastwood El Francotirador, correcta pero no brillante y con una propuesta temática ambigua.
Lo malo de una película que al otro lado del charco consigue gran repercusión es que cuando por fin llega a las salas españolas se espera una obra maestra. American Sniper o, en nuestro país, El Francotirador, se estrena este viernes en España después de haber hecho en Estados Unidos una taquilla superior a los 300 millones de dólares y ocupado minutos y páginas de los medios, por no hablar de las redes sociales. La película basada en la autobiografía del SEAL texano Chris Kyle es un drama bélico clásico, bien narrado pero poco sorprendente, demasiado encerrado en lugares comunes. El mayor punto a favor, sin duda, el excepcional trabajo de Bradley Cooper. Una recomendación: no leer nada sobre la vida de Kyle más allá de la sinopsis antes de ver El Francotirador.

Clint Eastwood coge la autobiografía de Chris Kyle, considerado el francotirador más letal de la historia de los Estados Unidos con al menos 160 muertos de su gatillo en las cuatro incursiones que realizó en la guerra de Irak, y la imprime en la pantalla con la contundencia de un veterano en el género. Una planificación convencional (rota con inteligencia en algunas –pocas- ocasiones), un cuidado necesario y sobresaliente del sonido y una fotografía que traslada a la sala la atmósfera plomiza y polvorienta del desierto iraquí hacen de El Francotirador un correcto producto de cine bélico.

Más allá de unas logradas escenas de guerra (los movimientos de los SEAL hipnotizan como coreografías ensayadas al milímetro y la sangre insistentemente roja parece componer fotografía artística), el corazón de la película, la motivación de Eastwood para rodar su enésimo trabajo, está en el personaje, en las muy reales, pero nada nuevas en cine, ‘otras’ heridas de los soldados, en casa. Kyle desata una guerra psicológica soterrada, contenida, contra sí mismo y en su relación con el mundo, con el suyo y con el de todos.

Eastwood ha presentado El Francotirador como un alegato contra la guerra, pero se queda un poco corto en la visión global del conflicto. Da la sensación de que el deseo de centrarse en el componente psicológico le obliga a simplificar en exceso el esquema de “los buenos” y “los malos”, pasando de puntillas por los grises. También se recurre más de lo deseable a clichés en algunas partes del guión: “los chicos sois… las chicas somos” o las conversaciones justo antes de derribar una puerta, en las que todo está precedido de la archifamosa “f-word”. ¿Todos los americanos hablan así? Es a lo que nos ha acostumbrado el (en la práctica) monopolio del cine estadounidense. El resultado hubiera sido más redondo si se hubiera apartado en mayor medida de algunos convencionalismos.

Mucho se ha criticado al oscarizado cineasta por haber encumbrado en exceso al SEAL, cuando su historia, dicen, no da para tanto. Pero, ¿ha hecho realmente Eastwood un homenaje Chris Kyle? Sea o no el protagonista un héroe para el director, El Francotirador es a la postre una crónica negra de una cara muy arraigada de los Estados Unidos: la del patriota mal entendido. El padre de Kyle ilustra a sus hijos con la división del mundo en tres clases de personas: las ovejas, los lobos y el perro pastor. El protagonista sigue el consejo de un hombre que tarda poco en quitarse el cinturón ante los problemas y se convierte en el perro pastor mejor adiestrado. La cuestión es definir cuál es su rebaño.

Bradley Cooper ha conseguido con este trabajo su tercera nominación al Oscar y, aunque tampoco será este su año dada la competencia (sobre todo las de Michael Keaton y Eddie Redmayne), es un reconocimiento merecido. La interpretación de Cooper sujeta la película con una contención explosiva pocas veces vista en la gran pantalla. La presencia física del actor hace un contraste perfecto con la nula capacidad de expresión del personaje, que vive en carne una guerra en la que está como en casa, mientras no se atreve a librar la batalla emocional que le espera cada vez que regresa a un hogar extraño. El actor americano consigue transmitir la sensación constante de un desastre inminente, manteniendo al espectador pegado a su errática existencia.

Clint Eastwood ha hecho una película a la altura de su inclinación política: ambigua. Puede que se haya chutado una sobredosis de patriotismo y haya decidido mostrar lo que la guerra hace con sus héroes (otro héroe de guerra da una breve pero decisiva clave al final de la película), dando por buena e indiscutible esa heroicidad. O quizás, tomando prestada la técnica distintiva de ‘su’ francotirador, invite al espectador a que se acerque a la mirilla con los dos ojos abiertos.
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