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EN EL MUSEO THYSSEN

Paul Delvaux: desnudo, ensoñación y arquitectura

miércoles 04 de marzo de 2015, 16:10h
El Museo Thyssen invita a recorrer en Paul Delvaux: paseo por el amor y la muerte la obra de este artista surrealista que pintó insistentemente desnudos, Venus, arquitectura, estaciones de tren y esqueletos. Un paseo entre la tradición y la vanguardia, y la realidad y el sueño.

La mujer, el desnudo y la arquitectura es una constante en la producción artística de Paul Delvaux, artista surrealista que, sin embargo, cita en su obra la cultura clásica como si quisiera reconocer la contribución ineludible de su renacer durante el Renacimiento, valga la redundancia, pero bajo el prisma de un mapa artístico del siglo XX en el que desarrolló su trayectoria, y cuyo propósito fue, curiosamente, negar la tradición.

La complicada relación de Delvaux con las mujeres se refleja de muchas maneras en su obra. Una madre autoritaria, un amor perdido, un matrimonio platónico… son otros tantos elementos que favorecen su obsesión por el tema de la mujer. (Laura Neve, comisaria de la exposición)

Hay también una huella en su obra del prerrafaelismo y el simbolismo, corrientes de las que se reconoció deudor el surrealismo. Así es posible percibirlo en los trabajos del artista belga reunidos en una exposición en el Museo Thyssen, que recorre su contribución al arte a través de cinco temas: Venus yacente, El doble (parejas y espejos) - o el alter ego-, Arquitectura (acrópolis), Estaciones y El armazón de la vida.

Nacido en 1897 en Lieja (Bélgica), Delvaux pronto entró en contacto con el simbolismo a través de su profesor Constant Montald. Ver la obra de De Chirico le invitó a dirigir su atención hacia el surrealismo y viajar a Italia, a tomar la arquitectura grecorromana y, por ende, la cultura clásica como una fuente de inspiración igual de válida.

Para abordar su “atípica personalidad”, como dice el museo, el recorrido comienza con las Venus retratadas por el artista en un intento por aunar la iconografía clásica de la mujer desnuda recostada –véase La Venus del espejo, de Velázquez, o La Venus de Urbino, de Tiziano- con escenografías propias del simbolismo y el surrealismo de las que emana un aura de ensoñación.

La decoración arquitectónica, realizada con un gran sentido del detalle, se convierte en un elemento clave de su universo pictórico. Antes de iniciar sus estudios de pintura en la Académie des Beaux-Arts de Bruselas, Delvaux pasó un año estudiando arquitectura. Enseguida lo dejó, pero le dio tiempo a adquirir un dominio del dibujo arquitectónico que conservará para siempre. (Laura Neve, comisaria de la exposición)

La recurrente presencia de arquitectura clásica en sus pinturas invita a pensar en Delvaux como un artista de amplios conocimientos en esta materia, pues, aunque pueda utilizarla como recurso al estilo del Renacimiento de generadora de espacio, lo cierto es que adquiere un protagonismo similar al de las figuras que la acompañan, casi siempre desnudas, otro de sus temas predilectos.

En Estudio para Mujeres en el salón, de 1943, da cuenta de sus conocimientos de geometría en las paredes que sirven de estancia a dos mujeres situadas frente a frente mientras que en La Anunciación, de 1955, revisa la escena típicamente religiosa sustituyendo al ángel por una mujer, quien anuncia la buena nueva a una Venus recostada en un palacete clásico.

La presencia insólita de una mujer desnuda o de un personaje inesperado, no solamente 'intemporaliza' la escena e indetermina el lugar, sino todavía más, y es eso lo que importa, permite ver un espectáculo que atraviesa el tiempo y la consciencia. (Paul Delvaux)

El sueño, tema con el que titula dos de sus obras fechadas en 1935 y 1944, enmarca su obra en la corriente surrealista, aunque sin olvidar el clasicismo, como puede comprobarse en la escena mitológica de Leda.

Mujer ante el espejo, de 1930, obra que forma parte de los fondos del Museo Thyssen, ha sido una de esas piezas de la colección de la pinacoteca que ha podido ser vista en otras exposiciones dedicadas al surrealismo y al sueño. En esta ocasión, comparte sala con otras pinturas en las que Delvaux utiliza el espejo como un elemento íntimamente ligado al surrealismo, igual que las ventanas o puertas abiertas, como en Las sombras, de 1965.

Pintándolos [los esqueletos], únicamente quise intentar reanudar el diálogo con una cierta tradición descriptiva de la Pasión de Cristo. Pero en ello no introducía ningún sentido moral, y ni siquiera pensaba en la muerte... sólo intenté pintar esqueletos expresivos y, si me arriesgo con la palabra, vivos. Los considero como personajes ubicados en un contexto dramático. (Paul Delvaux)

La llamada, de 1944, es una de esas obras de Delvaux en la que el artista ha reunido todos los elementos que lo caracterizan: la arquitectura, el desnudo, la mujer y el esqueleto.

Precisamente el tema del esqueleto o “armazón de la vida”, como dice el museo, es el que dar por concluida la exposición no sin antes llamar la atención al visitante sobre las estaciones de tren, escenarios icónicos de la trayectoria de Delvaux que combinó, una vez más, con mujeres y desnudos, y que le sirvieron para ahondar sobre la modernidad y la experiencia del viaje físico y psíquico.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Thyssen

Fechas: del 24 de febrero al 7 de junio

Horario: de martes a domingo de 10:00 a 19:00 horas / sábados hasta las 21:00 horas

Entrada: 9 euros
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