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El despropósito del etarra Plazaola

viernes 13 de marzo de 2015, 00:27h
La fuga del etarra Plazaola es una chapuza judicial y política totalmente impresentable. Y lo más grave es que no se trata de un hecho puntual, sino de una cadena de despropósitos que comienza el mismo día en que unos jueces deciden anticiparse al sentido común y, en un arranque de celeridad incomprensible, sueltan a unos cuantos asesinos cuya peligrosidad es más que patente -entre ellos Santi Potros, uno de los jefes más sanguinarios de ETA-.

Para cuando el Supremo dictaminó que los excarcelados "express" debían cumplir lo que les restaba de condena -lo cual, por otro lado, va en consonancia con la lógica jurídica- ya era demasiado tarde: Plazaola había huido. Ello fue así porque entre la decisión judicial y la orden de detención pasaron cinco horas, tiempo de sobra para que los proetarras escenificasen su habitual esperpento callejero con el único propósito de facilitar la fuga del terrorista.

Si Plazaola estaba controlado ¿Cómo es que aún no se ha dado con él? ¿Cómo es posible una disparidad de criterio semejante en el plano judicial? ¿Quién es el responsable de la filtración que hizo que los proetarras supieran antes que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado lo que iba a pasar? Demasiados interrogantes sin respuesta, y un nuevo despropósito del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.
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