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CRÓNICA ECONÓMICA

Por fin una formación para los parados

viernes 20 de marzo de 2015, 20:55h
Ha sido alto y claro, de forma oficial, y ante las cámaras... Por José Carlos Rodríguez

Ha sido alto y claro, de forma oficial, y ante las cámaras. Pero también ha sido sin revuelta social ni chillonas protestas de los sindicatos, ni titulares escandalosos ni las piezas efectistas de las televisiones llamando al escándalo. El Gobierno ha aprobado una reforma muy importante, que beneficia al conjunto de la sociedad, y que perjudica a unos intereses muy poderosos y muy organizados. Lo nunca visto. Se trata de la reforma del sistema de formación de los trabajadores.

Hasta ahora, el Estado, no sólo la Administración central sino la autonómica y la local, destinaba enormes cantidades a políticas activas de empleo, así llamadas. En los Presupuestos Generales del Estado, en 2008, se destinaron a esta partida 7.683,83 millones de euros. Esta partida apenas se tocó en los años siguientes, y en 2011 todavía nos gastábamos 7.322,8 millones de euros, un 0,7 por ciento del PIB. En 2012 esa partida se redujo a 5.764,74 millones y en 2013 a 3.771,51. En 2015 aumentó ligeramente hasta los 4.073,52 millones de euros.

Gran parte de las partidas que reciben el nombre de “fomento del empleo”, pero que no lo son, consisten en la llamada formación de trabajadores y desempleados, que tampoco lo es. Consistían, principalmente, en fuentes ingentes de financiación de los sindicatos aceptados e instalados, y de las organizaciones empresariales, con la pantalla de unos cursos. Puesto que el objetivo de este presupuesto no es la formación de los trabajadores, y ni siquiera son los cursos, sino que es la financiación de estas organizaciones, la degradación de los cursos era evidente para quien haya tenido contacto con ellos. Era, en definitiva una corrupción institucionalizada, que ha devenido en una corrupción deleznable, valga la redundancia, incluso ilegal.

La reforma que ha introducido el Gobierno excluye a los llamados agentes sociales. Unos agentes que son sociales, en este capítulo, porque al erario público se le llama “social”. El perjuicio económico para estas organizaciones es enorme. La democracia o, más bien, el proceso político, es un juego en el que el Estado transfiere renta y riqueza de grupos desorganizados a grupos organizados, y a sí mismo. Esta es la práctica habitual. En este caso, la corrupción asociada a los llamados “cursos de formación” ha sido tan grande, que no han tenido fuerza para presionar al Gobierno, ni para organizar una campaña en los medios de comunicación.

El Gobierno, además, arbitra la creación de la creación de una inspección de trabajo específica. Ya no hace tanta falta. El funcionamiento es completamente distinto. Será el parado quien reciba un “cheque de formación”, que destinarán a adquirir la formación que ellos quieran. Eso tiene varias ventajas. La principal es que el parado es quien conoce qué necesidades presentes y futuras tiene, y por tanto tiene más información sobre qué es lo que le conviene. En segundo lugar, él está movido por su propio interés que, formalmente, es lo que pretende proteger la ley. En tercer lugar, no tendrá que aceptar un curso que le caiga encima al servicio de intereses espurios de terceros.

Otra de las ventajas del nuevo sistema es que las empresas que se dediquen a la formación tendrán que especializarse en ofrecer lo que se adecúe más a las necesidades de los parados, y no a adherirse a los sindicatos para especializarse en cumplir expedientes.

Con el nuevo sistema, sólo se podrá adelantar a los centros el 25 por ciento del total que vayan a cobrar, lo que favorece el control. Y habrá un sistema integrado de información entre Gobierno y comunidades autónomas.

Este sistema, que es asimilable al “cheque escolar” que muchos han propuesto desde hace décadas, hará que la formación de los parados sea mejor, lo que aumentará su empleabilidad, reducirá el paro, y aumentará, a largo plazo, los salarios. En la lucha entre los intereses creados de los sindicatos y los intereses generales, en este caso han ganado los últimos.
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