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EL MUSEO DEL PRADO PRESENTA LA RESTAURACIÓN DEL CALVARIO

Van der Weyden: el pintor más influyente del siglo XV

lunes 23 de marzo de 2015, 15:22h
Roger van der Weyden es el protagonista de la nueva exposición del Museo del Prado a propósito de la restauración del Calvario, obra de Patrimonio Nacional conservada en muy mal estado en El Escorial. La muestra reúne por primera y única vez, según sus responsables, las tres obras que se pueden atribuir con seguridad al pintor más influyente del siglo XV: el Tríptico de Miraflores, el Descendimiento y la ahora recuperada, el Calvario.
Antes y después del proceso de restauración del Calvario, de Van der Weyden. Fotos: Museo del Prado
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Antes y después del proceso de restauración del Calvario, de Van der Weyden. Fotos: Museo del Prado

La restauración del Calvario, de Roger van der Weyden, ha sido presentada este lunes en una exposición organizada por el Museo del Prado en la que la pinacoteca reúne por primera vez las tres obras del maestro flamenco que han podido ser atribuidas a su pincel sin lugar a dudas –ya que nunca las firmaba-: el Descendimiento, el Tríptico de Miraflores y el propio Calvario, que ha sido sometido a cuatro años de labores de conservación gracias a un acuerdo entre el Prado y Patrimonio Nacional, custodio de la obra en El Escorial.

Durante tres meses, será posible apreciar el arduo trabajo llevado a cabo por los especialistas del museo y de Patrimonio Nacional para devolver el esplendor no solo al Calvario, sino también a la figura de un artista fundamental del siglo XV. “Un sobresaliente pintor”, según Miguel Zugaza, director del Prado; “el más influyente de su siglo”, en opinión de Gabriele Finaldi, todavía director adjunto del museo, o “un artista de enorme genio y maestría”, a juicio de Lorne Campbell, el mayor experto en su trayectoria.

Al Calvario y obras clave de la colección del Prado como el Descendimiento o Madonna Durán se suman una veintena de piezas, entre ellas trabajos de sus seguidores y copistas pues fue habitual que lo emularan. “Fue el mejor de los pintores, como muchos de sus contemporáneos sabían”, según Campbell.

Prueba de ello es la concordancia que es posible establecer entre sus obras atribuidas y otras expuestas firmadas por el Maestro de la Leyenda de Santa Catalina o por el Maestro de la Redención del Prado. “Repetían la técnica, el modelo y la factura de Van der Weyden, por eso en el recorrido ha sido abordado el tema de la reproducción exacta de sus obras, lo que demuestra el interés de sus coetáneos por lo que hacía y por su éxito”, ha dicho José Juan Pérez Preciado, comisario institucional de la muestra.

Alicia Pastor, consejera gerente de Patrimonio Nacional, ha anunciado, por su parte, que el Calvario, “un icono de la colección pictórica de Felipe II”, volverá a El Escorial: “Será instalada en las salas capitulares del monasterio no muy lejos de donde la colocó en su día Velázquez”.

Hasta entonces, el Prado muestra en toda su grandeza una obra de temática religiosa que pintó Van der Weyden cuatro años antes de morir y fue donada por el pintor a la cartuja de Scheut (Bruselas). Después, fue entregada en 1574 a España, donde llegó ya desmembrada.

Pinta con asombrosa fidelidad detalles como las lágrimas, la sangre, los hilos con que están tejidas las telas y con que están cosidas las prendas. Todas son imágenes de una perfección estética aparentemente inmutable. (Lorne Campbell en el catálogo de la exposición)

José de la Fuente, responsable de la restauración del soporte, ha explicado en qué ha consistido su labor: “En los años 20, el cuadro sufrió varias fracturas al caer al suelo y en los 40, fue desmontado el marco y adosada una retícula de madera de pino, además de unos puentes metálicos y unas telas de saco. Aquello incrementó los problemas porque el dibujo quedó distorsionado. Ahora ha sido retirado el entramado, se han levantado las telas y se ha rellenado la estructura con madera de roble centenario”.

Mediante materiales utilizados en la industria naval y automovilística, como la madera de conífera o los tornillos y tuercas de nailon, De la Fuente ha conseguido recuperar el soporte e instalarlo en un bastidor lo suficientemente resistente como para evitar nuevos daños a la obra pictórica, cuyos volúmenes escultóricos y la paleta del pintor estaban completamente deteriorados tras años de intervenciones y diferentes emplazamientos.

No deben sorprendernos las constantes alusiones del pintor a la escultura, ni su interés por crear y a la vez negar unos espacios arquitectónicos artificialmente forzados o falsos, pues vivió rodeado de escultores y arquitectos, y a menudo trabajó con ellos. (Lorne Campbell)

El análisis de pigmentos y las reflectografías de infrarrojos, radiografía y ultravioletas han sido las técnicas de las que se ha servido Loreto Arranz, responsable de la restauración pictórica, para recuperar la grandeza y expresividad de la obra de Van der Weyden: “Ha sido eliminado el barniz oscuro y oxidado, ha sido sometido a un proceso de estucado y, finalmente, se ha llevado a cabo la reintegración cromática reversible con intención de devolverle su valor estético y unidad”.

El gran formato del Calvario, obra que cierra el recorrido de la exposición, no permite ver la maestría alcanzada por el artista en los detalles del rostro de Cristo –que llora- o del sombreado de los pliegues de la túnica de la Virgen. Aunque le gustaba trabajar a una escala grandiosa, según Campbell, sus pinturas “gozan de unos detalles muy refinados”. Basta con contemplar las delicadas lágrimas de corren por las mejillas de las figuras femeninas del Descendimiento o las vestimentas de José de Arimatea o Nicodemo en la misma obra.

Al trabajar en el Calvario, es muy posible que tuviera presente su próxima muerte. Estaba sin duda echando la vista atrás a sus éxitos anteriores e intentaba como siempre perfeccionar hasta donde fuera posible las figuras idealmente bellas de su imaginación. (Lorne Campbell)

“Pintó la realidad de forma convincente y demostró su gusto por las líneas y formas, así como por las armonías geométricas y el color”, ha dicho Campbell, quien ha añadido que cuando le convenía ignoraba la lógica del espacio y la escala, como ocurre en el Descendimiento o en el Tríptico de los siete sacramentos, en la que lleva a cabo un alarde de profundidad espacial.

Según su mayor experto, “fue capaz de trascender las fronteras entre la pintura y la escultura ejecutando obras supremas del arte de mayor calidad”. Esa dualidad o ambigüedad entre una y otra disciplina es posible percibirla en el Descendimiento y en el Calvario, donde también coexiste, según Campbell, un dialogo entre “lo vivo y lo muerto, y lo divino y lo humano”. Conocido es, por otra parte, el gusto de los artistas flamencos por la técnica de grisalla, de la que fue un maestro Van Eyck.

El espectador atento encontrará indudables similitudes en la forma compositiva de algunas de las figuras pintadas por Van der Weyden, sobre todo en el caso de la Virgen y San Juan del Descendimiento, el Tríptico de los siete sacramentos y el Calvario, algo que se explica, según Campbell, en su gusto por "meditar mucho sobre ciertas poses repitiéndolas”.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo del Prado

Fechas: del 24 de marzo al 28 de junio.

Horario: de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 10:00 a 19:00 horas

Entrada: 14 euros (permite el acceso a toda la colección)

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