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El vuelo 4U9525 y el factor humano

viernes 27 de marzo de 2015, 08:07h
Estuvo políticamente acertado el jefe de Gobierno francés, Manuel Valls, cuando se negó a descartar ninguna hipótesis en el vuelo 4U9525 Germanwigs de la catástrofe en los Alpes, aun a riesgo de fomentar rumores sobre un posible atentado terrorista. Menos afortunada ha sido la declaración de Lufthansa, propietaria de Germanwigs, al aseverar que “un caso como este no puede evitarse.” Sin duda la intervención del factor humano es el más impredecible frente a cualquier otro, y si las conclusiones del fiscal de Marsella, Erice Robin, se confirman señalando al copiloto, Andreas Lubitz, como responsable único de estrellar su nave en el lugar más inhóspito e involucrar en su suicidio la dantesca muerte de las ciento cincuenta personas inmoladas, estaríamos ante un hecho de asombrosa crueldad. Pero no ante una acción impredecible.

De hecho, se han constatado actuaciones de estas características en la aviación civil reciente y se ha sospechado de otras cuyas conclusiones fueron oscurecidas por los intereses de los Gobiernos poco proclives a la transparencia y con una idea muy equivocada de lo que significa la protección de los pasajeros en el transporte aeronáutico. Si ha sucedido antes, es que podía volver a suceder. Y si ha ocurrido ahora, es que podrá reiterarse en el futuro. Sin embargo es muy poca la información empírica recabada sobre este fenómeno, especialmente gracias a regímenes con una actitud oscurantista. Las autoridades europeas son hoy las encargadas de romper esta dinámica, esclarecer sin cortapisas este monstruoso suceso y establecer nuevas medidas para hacer mucho más difícil que vuelva a producirse. La compañía Lufthansa debería rectificar dando un mensaje positivo: “Un caso así se podría evitar si aprendemos de este suceso y tomamos disposiciones con vistas al futuro.”

El factor humano en la tripulación es el más desconcertante en el caso de un acto voluntario. Pero se pueden explorar posibles causas sociales y psicológicas, hacer más certeros dictámenes psíquicos, hacer técnicamente imposible que un tripulante se aísle. Requerirá mucho conocimiento e imaginación, pero no más que los esfuerzos del ser humano para hacer volar tan compleja maquinaria. Y el tiempo apremia. El efecto emocional sobre los posibles pasajeros es demoledor, y ahora se ha añadido un factor de riesgo más denominado en psicología como “efecto Werther”. Es decir, el suicidio por emulación. Esperemos que no se ponga en marcha, pero la toma de medidas no admite dilaciones.
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