www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

¿CÓMO SE DESTAPÓ EL CASO SNOWDEN?

Citizenfour, el making off de una exclusiva

Citizenfour, el making off de una exclusiva
Laura Crespo
x
lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 27 de marzo de 2015, 12:17h
El documental Citizenfour, de Laura Poitras, que descubre cómo se destapó el espionaje del Gobierno de Estados Unidos a ciudadanos junto a Edward Snowden y que ganó el Óscar a la mejor cinta documental de 2014, llega este viernes a las salas españolas.
Antes de ir al cine con una expectativa a la altura de un Óscar y de críticas que la han calificado como “la película del siglo”, hay que poner los puntos sobre las íes. La grandeza del documental Citizenfour reside en el hecho sobre el que se construye, en base a una especie de curiosidad, interés o, incluso, morbo en torno la trastienda de uno de los acontecimientos políticos más sonados de los últimos años: el espionaje indiscriminado internacional por parte del gobierno estadounidense destapado por el ex empleado de la CIA y de la NSA Edward Snowden. La publicación gradual de sus acusaciones y sus pruebas está en los medios. Ahora, con este documental, se muestra el cómo de todo aquello. ¿Cómo contactó Snowden con los periodistas que llevaron su historia a los periódicos? ¿Cómo fue la primera vez que esos profesionales oyeron aquel bombazo informativo? ¿Cómo vivía Edward Snowden en esos días cruciales antes de empezar a vestir de incógnito y a deambular por embajadas? La camisa gris, la perilla y las gafas de media montura que lucía Snowden cuando el mundo puso cara al ‘garganta profunda’ por excelencia del siglo XI son parte ya de la cultura mediática colectiva. Asomarse a Citizenfour es asomarse a las bambalinas de aquella entrevista.

Una de las periodistas que hicieron de enlace con el ex agente, Laura Poitras, inmortalizó todo el proceso con su cámara de vídeo y ahora lo publica bajo el título Citizenfour, el alias que utilizó Snowden para contactar con ella. Se trata de un testimonio hiperrealista de aquellos encuentros que Snowden mantuvo con Poitras en un hotel de Hong Kong, junto los también periodistas Glen Greenwald y Ewen MacAskill. Además, muestra el proceso de un trabajo periodístico extremo, en el que tomar decisiones rápidas era una exigencia del guión, así como jugar las cartas con una estrategia clara desde el principio. El elemento de tensión, una realidad que aunque está presente en las sociedades des de hace años, se hace nítida, concreta y poderosa en el documental: el control ciudadano por parte de los Gobiernos y con el apoyo –dudosamente desinteresado- de las grandes empresas.

Es precisamente la voluntad de ser fiel a la realidad, se servir las imágenes prácticamente crudas, la que termina pesando en la cinta. Forma y contenido no están equilibrados. La pregunta es, ¿podría haberse contado el de por sí apasionante desarrollo de los hechos de otra forma? Citizenfour exige una capacidad de atención endiablada para digerir el volumen de datos, fechas y nombres que aparecen en pantalla. No es que no sea interesante (lo es, de hecho), es que acaba por resultar aburrido.

El género documental se ha expandido y ha evolucionado, dejando muy lejos la histórica combinación imágenes de archivo/voz en off. Los documentales han pedido prestadas a la ficción fórmulas altamente atractivas para elaborar un producto, no sólo interesante desde el punto de vista temático, sino además potente en el esquema cinematográfico, fluido, rítmico. Y Citizenfour parece alejarse de esa tendencia del género, volviendo al dato y al testimonio. Puede que fuera la forma más solemne y segura de llevar a la gran pantalla unos hechos de este calibre; puede que la de por sí espectacularidad de lo real no haya querido empañarse con artificios propios del séptimo arte; pero lo cierto es que el resultado es el de un documento informativo de casi dos horas y en pantalla grande.



Citizenfour anda a caballo entre el documental y el reportaje para encajar en la definición de un making-off, el ‘cómo se hizo’ del caso Snowden, tan atractivo en concepto como excesivamente denso en su desarrollo.

Sobra decir que la película invita a una revisión en torno al mundo global interconectado y a nuestra posición como ciudadanos en él; a ejercer una mirada crítica con las actuaciones cuestionables en lo legal y lo moral de Gobiernos y grandes empresas; y a preguntarnos si podríamos adoptar una posición más activa con respecto a las dos ideas anteriores.
También dibuja un mapa de la profesión periodística en la vertiente más adecuada a su función de cuarto poder. Resulta interesante la combinación entre ese objetivo de la información y la necesidad de hacerla ‘consumible’. ¿Termina enganchando más al ciudadano la historia de Snowden –sus motivaciones, su identidad, sus estrategias para esconderse…- que el escándalo que destapa?

Citizenfour da testimonio del arrojo de una periodista, la directora de la cinta, que fue seleccionada por Snowden por saberla en ‘la lista’ del Gobierno. La filmografía de Poitras tiene la culpa: My Country, My country (2006), centrado en la guerra de Irak, y The Oath (2010), sobre Guantánamo. Un ejemplo de que la libertad de expresión ni está tan garantizada como se vende, ni siempre se celebra en el orgulloso al respecto mundo occidental.

Laura Poitras se alzó el pasado mes de febrero con su primer Óscar por este trabajo. ¿Es Citizenfour una buena película? Depende de lo que se entienda por buena. La materia prima es excelente; el trabajo de producción, admirable –y, por la parte que nos toca como ciudadanos del Mundo, de agradecer-; el premio a Poitras como profesional y a su arrojo al presentar esta película, indiscutible; la vertiente más contestataria y de servicio social del cine, cumplida muy por encima de la media. El factor absorbente del cine, de fascinar al espectador y atraparlo en su micromundo durante el tiempo que dura el metraje no está tan claro.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios