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EXPONE OCHO OBRAS RECIENTEMENTE ATRIBUIDAS

El Thyssen reivindica la luz y el color de Zurbarán

lunes 08 de junio de 2015, 16:06h
La solemnidad de la obra de Zurbarán es la protagonista de una exposición en el Museo Thyssen en la que han sido reunidas 47 obras del pintor del Siglo de Oro. La muestra busca analizar su trayectoria más allá de la ascética pintura religiosa al presentarlo como un artista imaginativo y colorista vinculado a la modernidad.
'San Serapio', de 1628, y 'Santa Casilda', 1635.
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'San Serapio', de 1628, y 'Santa Casilda', 1635.

El Museo Thyssen propone una revisión de Francisco de Zurbarán en una exposición pensada, no como una monográfica mas, sino como una oportunidad para dar a conocer la obra del pintor del Siglo de Oro desde otra perspectiva: la del pintor vinculado por defecto a la pintura religiosa que es, a su vez, un artista innovador, colorista e imaginativo, según las comisarias de la muestra.

Sus primeros años de formación en Sevilla, donde coincidió con Alonso Cano, Francisco Pacheco o Diego de Velázquez, fueron “más complejos y enriquecedores de lo que pensábamos”, cuenta Odile Delenda, experta en su obra. Fue allí, afirma, donde “aprendió probablemente a esculpir, policromar esculturas y dorar retablos”.

De ese aprendizaje da cuenta el primer apartado de la exposición, en el que han sido reunidas obras de los años 20 como el expresivo San Serapio, que ha sido prestado, no sin condiciones, por el Wadsworth Atheneum Museum of Art, que se reserva el derecho a retirar el lienzo una semana antes de que concluya la exposición, el 13 de septiembre.

La factura del San Serapio contrasta con la rudeza y ausencia de idealismo del San Pedro fechado en 1633, así como con el intimismo de San Francisco retratado de pie contemplando una calavera, de 1633-1935. Si bien, en todos ellos, Zurbarán coincide en traducir a la pintura el pensamiento religioso de la época y, en concreto, el lenguaje de la Contrarreforma, así como en dotar a sus obras de un escenario tenebrista exento de profundidad.

Sin embargo, “su estilo volumétrico, lineal y escultórico”, explica Mar Borobia, comisaria de la muestra, lo abandonó cuando viajó a Madrid, donde sus obras dejaron de tener fondos tan oscuros para pasar a introducir el paisaje – San Juan Bautista, 1659, o La huida a Egipto, de 1630-1635-. Ya en su última etapa, su pintura se tornó más suave y los fondos, transparentes.


Su gusto por las formas amplias, su capacidad para plasmar la plenitud de los volúmenes, la silenciosa paz que impregna sus obras y su prodigioso talento como colorista hacen de Zurbarán uno de los maestros del siglo XVII más próximos a nuestra sensibilidad moderna. (Vida y obra de Francisco de Zurbarán, texto de Odile Delenda incluido en el catálogo de la exposición)

Misticismo y colorArriba, Santa Apolonia, y abajo, Desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría, de Zurbarán.

Que todas las obras expuestas hayan sido restauradas permite apreciar con detalle la evolución del artista gracias a la ausencia de barnices y distorsiones. El estudio de su refinada técnica invita a Borobia a definir a Zurbarán como un “maestro del color” pese a la tendencia de la historiografía a tildarlo de pintor “místico de severidad ascética”, según palabras de Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen.

A juicio de Borobia, “combinó la gama de colores a la perfección, de una forma valiente”. De acuerdo con esta apreciación, y partiendo de que Manet “le debió mucho” y que Derain “parece emparentado con él”, según Solana, no es descabellado definirlo como un pintor moderno si se atiende a que artistas venideros como Matisse o Van Gogh exploraron precisamente la capacidad expresiva del color.

El pintor del Siglo de Oro nacido en Extremadura, que “sacralizó lo cotidiano”, según Delenda, demostró en su pintura un gusto por el detalle que roza la perfección. Lo demuestra en las telas y ropajes de sus santas – Santa Águeda, Santa Casilda o Santa Apolonia –, en las que da cuenta de su gusto por las figuras escultóricas casi monumentales.

Nuevas atribuciones

Pero si hay algo novedoso en esta exposición es la oportunidad de contemplar obras que no habían sido vistas en España, pues desde 1998 le han sido atribuidas ocho piezas "excepcionales", según las comisarias, quienes se congratulan de haber conseguido el préstamo de todas ellas para la muestra, que viajará después a Alemania, "uno de los países donde Zurbarán es menos conocido", ha dicho Solana.

La huida a Egipto, de iconografía atípica, San Antonio de Padua, San Francisco en la gruta o Desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría son algunas de las pinturas incorporadas al catálogo razonado, que han contribuido a releer su obra desprendiéndola de lo penitencial y poniendo en valor su luminosidad.

La exposición del Thyssen, la primera en Madrid dedicada a Zurbarán desde 1988, permite además ver reunida parte de la obra de los ayudantes de su taller / obrador, uno de los más activos del siglo XVII. Además, la muestra presenta trabajos firmados por Juan de Zurbarán, hijo del pintor, a quien Solana no duda en calificar como “mejor bodeguista que su padre”, quien también demostró sus dotes en esta temática como así dejó constancia en su alabado Carnero con las patas atadas o Agnus Dei, del que están expuestas dos versiones, una procedente de una colección privada y otra de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

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