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La trasnochada guerra del agua de García-Page

martes 18 de agosto de 2015, 00:56h

Ha faltado poco tiempo tras acceder a su cargo -sin respaldo mayoritario de los votantes- para que el nuevo presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, instrumente su Comunidad como arma de combate demagógica, generando problemas donde unos meses antes de llegar al poder no los había. Este verano ha tenido a bien reabrir la antigua “guerra del agua” bajo una altisonante declaración, según la cual tiene la obligación de poner fin al trasvase Tajo-Segura. Las justificaciones que se aducen son variopintas y de una preocupante falta de consistencia. Al parecer, según García-Page, el Tajo se muere. Los trasvases son, en su opinión, producto de la dictadura franquista. Y para culminar esta sarta de despropósitos, asegura que los castellano-manchegos le pagan para que defienda el río Tajo.

Quizá le fuese útil a quien acaba de estrenarse como presidente de Castilla-La Mancha, refrescar sus conocimientos históricos, y, de paso, conocer un poco mejor la historia del propio partido en el que milita. Resulta que el proyecto del trasvase Tajo-Segura se diseñó a comienzos de la II República y no en la época franquista, como trata de tergiversar con el fin de estigmatizar burdamente esta ingente obra de ingeniería hidráulica. Y fue precisamente un insigne representante del Partido Socialista Español (PSOE), Indalecio Prieto, el que impulsó el plan en 1932 desde su cargo como ministro de Obras Públicas republicano. Obviar esto presupone o una gran ignorancia sobre el tema o un inaceptable propósito de manipular a los ciudadanos, dos opciones que no hacen mucho honor al mandatario castellano-manchego. Cierto que el trabajo físico de la realización de la obra se inició en 1966, pero no es menos cierto que el primer trasvase efectivo se llevó a cabo en 1979, ya aprobada la actual Constitución. No tiene tal déficit democrático un trasvase concebido en la II República y culminado cuando nuestro actual orden constitucional estaba ya vigente.

Desde 1979, el trasvase ha estado funcionando y el río Tajo no ha fallecido. Pero han bastado unos escasos días desde que Emiliano García-Page tomó posesión de su cargo para que el río supuestamente esté en agonía de muerte. La verdad es que la demagogia sobre un asunto que encontró ya resuelto, le proporciona munición para intentar desgastar al Gobierno de la nación y conseguir ventaja sobre compañeros de su propia formación socialista, como Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana, que se vería en un serio compromiso si el agua no llegase a los regadíos. No es cierto que los castellano-manchegos le paguen para que defienda el Tajo. El Tajo no es propiedad de Castilla-La Mancha, sino responsabilidad del conjunto de España cuando atraviesa sus tierras y de Portugal al adentrarse en territorio luso. La guerra del agua de García-Page es una pelea trasnochada donde se arrogan competencias y derechos que no le corresponden a una autonomía. Entre otras cosas, los castellano-manchegos le pagan a Emiliano García-Page para que resuelva problemas, no para que los cree donde no los hay.

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