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TRIBUNA

Medina del Campo y el Político

sábado 29 de agosto de 2015, 19:29h

Medina del Campo, tierra del famoso cronista Bernal Díaz del Castillo, es una villa alegre que vive de feria en feria. Solo durante el mes de agosto han celebrado cuatro: la Feria de Imperiales y Comuneros, la Feria de productos ecológicos de Castilla y León, una Feria de Calle y otra de Noche. Todas ellas son un preludio para el gran festejo y la feria del patrono de la ciudad, San Antolín, que empiezan el 1 de septiembre y durarán una semana, marcados por los tradicionales encierros de toros. Además, por aquípasará en unos días la Vuelta Ciclista a España. Visito con gusto la ciudad y me quedo con un par de detalles históricos para nuestro aquí y ahora.

El Ayuntamiento de la Plaza Mayor goza de una posición privilegiada. A la derecha del consistorio se situaban, durante centurias, los “cambistas”, antecesores de los que hoy llamamos banqueros. Estos hombres, que a partir del siglo XV se exponían a las inclemencias del tiempo, tuvieron una función fundamental de regular el comercio y contribuir a la “cristalización” de la letra de cambio en su forma definitiva, como reza la placa conmemorativa instalada en aquel rincón de la plaza.

Pero el desarrollo de la economía no hubiera sido tan rápido ni tan eficaz sin una política sabia y equilibrada. He aquí, a la mano izquierda del Ayuntamiento, el Palacio Testamentario. Debe su nombre a la firma del Testamento por la reina Isabel la Católica. Este documento del 12 de octubre de 1504 define el rumbo del futuro imperio español empezando por la lengua, ya que la Reina opta por la castellana y no por la latina. Otra norma establece la igualdad entre sus súbditos que provengan de distintos lados del Atlántico, y marca la política protectora de los indígenas “e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia debida […] e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vezinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han rescebido, lo remedien e provean”.

Es conocido que la heredera de Isabel la Católica fue Juana I, pero durante la vida de Fernando el Católico ella tuvo que acatar sus consejos y órdenes. El Estado quedaba por la inteligencia de Isabel en las manos de Fernando, su esposo, el Político. El político con mayúscula, porque el rey Fernando fue el modelo para dos libros clave que hasta hoy día definen el estado moderno: El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, y El Político de Baltasar Gracián. Obras un tanto cuestionables, dirán algunos, políticamente incorrectas hoy día, pero de rabiosa actualidad en una época en que la política parece haber sido sustituida por el“cambalachismo” de tú me das, yo te doy. “Opongo un rey a todos los pasados; propongo un rey a todos los venideros: don Fernando el católico, aquel gran maestro del arte de reinar, el oráculo mayor de la Razón de Estado”, estas palabras del jesuita Gracián, son la crítica más aguda a la dejadez política de Felipe IV quien abandona las riendas del estado en las manos de su favorito, el conde-duque de Olivares, en una situación de la sublevación de Cataluña y separación de Portugal. La incapacidad de crear un discurso claro sobre la razón de estado y aplicarlo en la práctica es el fallo más grave que puede cometer un gobernante (que no sólo suele ser un monarca). Unir las provincias peninsulares y del Ultramar es lo que engrandece al rey Fernando y da a sus sucesores el estado donde no se pone el sol.

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