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PACTOS DESPUÉS DEL 20D

Futuros pactos: los riesgos de escupir hacia arriba

jueves 19 de noviembre de 2015, 14:07h
Futuros pactos: los riesgos de escupir hacia arriba
Todas las formaciones políticas evitan hablar de los futuros pactos a los que podrían llegar tras las elecciones generales del 20D. Las críticas que ahora vierten sobre otros partidos podrían volvérseles en contra cuando, llegado el momento, decidan pactar con ellos.

Qué difícil es que el político que habla hoy no sea traicionado por el político que se levantará el 21 de diciembre. Y es que se lo ponen muy difícil a sí mismos para no terminar auto apuñalándose por la espalda con una torsión en la que, pese a la dificultad aparente, ya se han hecho expertos los políticos.

Si hay un tema tabú y traicionero, ése es el de los pactos post electorales. A la pregunta directa, todos responden igual. Que no es momento de pensar en pactos, que ellos salen a ganar el partido. Frase manida donde las haya. Sin embargo, indirectamente, van tirándose piedras contra sus futuros tejados.

Por ejemplo, Pedro Sánchez del futuro va a tener que vérselas con Pedro Sánchez de noviembre cuando lleguen los resultados del 20D, como se le ocurra pactar con los que hoy su yo mismo pinta como el coco. El nuevo coco.

“Que no, Pedro. Que estos son la nueva derecha, ¿te acuerdas? Que el cambio seguro era por la izquierda, y ésa somos nosotros. Y a lo mejor algún otro, pero ellos seguro que no. Estos son los que solo venden marketing”. Le dirá el Pedro Noviembre al del 20D. Y el Pedro casi navideño le dirá que “ya, pero…” y al final terminará convenciéndose de que, si decide pactar con el coco, está haciendo lo correcto. La que quedará tocada será su credibilidad, pero es ya un ejercicio tan habitual en política decirse y desdecirse con pasmosa falta de integridad sobre los principios anunciados, que tampoco será una herida demasiado mortal. Uno más.

Pablo Iglesias, que supedita ahora un acuerdo post electoral con el PSOE a que sea Podemos la fuerza que consiga mejores resultados, y sean entonces los socialistas los que tengan que sumar su apoyo para hacerles con la Presidencia, igual también tiene que pelearse con aquel Pablo. “¿O eso o nada? ¿Seguro, Pablo? Que mira que igual desde dentro Podemos hacer algo…”, intentará convencerle con el ceño fruncido.

Albert Rivera, que se sabe clave para los posibles pactos, ni habla de ellos ni tampoco crea demasiados conflictos con su futuro yo. La frase de salir a ganar el partido, tan extendida, es de las preferidas del líder de Ciudadanos. Y es de a los que mejor se le da venirse arriba cuando la suelta. Por lo demás, todos son peores, pero ninguno descartable. Le han dicho tantas veces que es la llave, que Rivera debe soñar con cerraduras.

Por su parte, Mariano Rajoy está demasiado centrado en hacer un fin de legislatura como hombre de consenso y diálogo como para ensuciar el esfuerzo anunciando afinidades o desprecios. Seguramente está convencido de que si es capaz de seguir proyectando la imagen que intenta, no va a necesitar a nadie en la mañana del 21 de diciembre.

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