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NOVELA

Isaac Muñoz: Voluptuosidad

domingo 22 de noviembre de 2015, 21:42h
Isaac Muñoz: Voluptuosidad

Edición anotada y estudio introductorio por Amelina Correa. Renacimiento, 2015. 276 págs. 18 €

Por José Miguel G. Soriano

«Cuando el materialismo hace estragos, surge la magia», dice Huysmans por boca de uno de sus personajes, en Là-bas. Lo mismo podríamos asegurar respecto de la obra literaria de Isaac Muñoz (Granada, 1881-Madrid, 1925) y su novela Voluptuosidad, enfrentados ambos, autor y obra, a los valores racionalistas y utilitarios propios de la burguesía decimonónica, los cuales, sustentados por unas rígidas convenciones sociales, conducían a una irrecusable hipocresía moral, a la represión de los deseos más íntimos y a un sentimiento de desestabilidad y desasosiego en las almas. El retorno que el romanticismo y, especialmente, el modernismo propiciaron hacia la belleza, el erotismo, la exterioridad sensible, lo individual y lo exótico -sobre todo, lo oriental-, impregnará la producción escritora de autores como Muñoz, fallecido de forma prematura a causa del llamado «mal del siglo», la sífilis, cuando aún no había cumplido los 44 años de edad.

Para entonces, llevaba ya una larga temporada apartado de la creación y del mundillo literario: así, una sola reseña en el Heraldo de Madrid -donde publicó más de doscientos artículos entre 1911 y 1919- aparecería tras su muerte, como se puede constatar en la completa bibliografía, de y sobre, Isaac Muñoz que cierra la ejemplar edición de Voluptuosidad llevada a cabo por la catedrática de Literatura Amelina Correa, máxima especialista en el autor granadino; y que incorpora asimismo un breve ensayo analizando el «catálogo de perversiones» presente en la novela a partir de los estudios, pioneros sobre conducta sexual humana, del psicopatólogo británico Havelock Ellis, una información añadida a la obra literaria en sí que aporta mayor entidad a la lectura y la hace integral y enriquecedora, al situar con precisión al lector en el contexto de su época.

Es un deseo, ante todo, de transgresión de las normas establecidas, plenamente característico de la literatura decadentista intersecular, el que preside las páginas -sin división en capítulos- de Voluptuosidad, a través de su protagonista, también llamado Isaac; y con la mujer como elemento central, objeto y motivo de contemplación, de deseo y de pasión, pero a la que no se dota -a vista de hoy- de una mayor elevación intelectual… Una mujer cuya seductora imagen suele responder, por un lado, al prototipo de femme fatale de ojos verdes, labios rojos insinuantes, olorosos perfumes («Mi olfato, preclaro maestro en ciencia de aromas», asegurará el protagonista) y ricas joyas sobre su cuerpo semidesnudo; o bien, al de una muchacha virginal e inocente, de hermosura enfermiza, piel blanca y rostro aniñado, destinada a un amor ideal que, generalmente, quedaba truncado con la muerte. Sangre, amor y muerte, de hecho, conforman el triángulo central en la concepción erótica de Isaac Muñoz.

Las diversas aventuras del protagonista-narrador se presentan como unas memorias galantes a la manera de Casanova, Bradomín o D’Annunzio, escritas con un pretendido cinismo no exento de ingenuidad. En todo momento, Isaac evoca nostálgicamente el recuerdo de una pasada relación, Margarita, nexo de unión entre los sucesivos episodios de la obra, a la que no puede olvidar; lo cual no es óbice para que frecuente, como forma de reafirmar su personalidad, toda clase de relaciones sexuales, incluidas aquellas prácticas consideradas entonces aberrantes (onanismo, homosexualidad, necrofilia, sadismo, sodomía, etc.). El sexo es concebido por este autor sutil y esteticista como fuente de placer y, por ello, como una realidad susceptible de rozar –casi- la categoría de arte, expresándolo con la «prosa más decadente y enjoyada de nuestro modernismo simbolista, en su matiz orientalizante», como asevera Luis Antonio de Villena de aquel dandi y exquisito bohemio, malogrado en parte y felizmente recuperado por la profesora Correa y la editorial Renacimiento.

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