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NOVELA

Miguel Ángel Hernández: El instante de peligro

domingo 31 de enero de 2016, 17:06h
Miguel Ángel Hernández: El instante de peligro

Finalista Premio Herralde de Novela. Anagrama. Barcelona, 2015. 232 páginas. 17,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Francisco Estévez

Tras la excelencia de una estupenda primera novela el dilema al que se enfrenta el escritor de posibles ya no es al vertiginoso horror vacui de la pantalla en blanco, sino al riesgo de quebrar lo que inauguraba y más allá apuntaba su opera prima. Los caminos son varios, pero dos en esencia. Pasar página a otro universo narrativo o insistir en aquel con el intento de horadar más profundo el surco. Esta opción última resulta la seguida por Miguel Ángel Hernández tras su celebrada Intento de escapada que esta columna pudo valorar con aplauso.

Como ha sido norma común durante el pasado año narrativo esta novela también se alimenta profundamente y con mayor descaro si cabe que la anterior de elementos biográficos del propio autor. El profundo conocimiento de los males que asolan la academia y las perversidades que encubre el medio artístico son obsesiones bien trabadas en letra por el autor. Escalpelo preciso tiene el profesor murciano para recrear ambientes intelectuales y ciertas mentes de la academia tan pagadas de su propio ego. Con escalofriante exactitud el protagonista aquí deberá admitirse: “La universidad había dejado de ser el lugar del conocimiento para convertirse en espejo de la burocracia”. En efecto, Martín es un profesor universitario a punto del despido por el cual acepta un semestre de beca en un instituto artístico estadounidense. El proyecto es dar narración a un misterioso metraje que carece en apariencia de casi cualquier elemento narrativo (plano fijo, inmovilidad, ausencia de elipsis). Crear una historia para aquello que carece presumiblemente de ella, una poética de la ficcionalización de la vida. Diez años antes Martín ya estuvo en aquel centro y aquel viaje al pasado supondrá también la reconstrucción de su propia personalidad.

No daré más pistas del contenido que en ello va la salsa de la historia también porque hay en el proceder de Hernández aires lejanos de novela negra; quizá un día se decante para nuestra sorpresa. Si bien aquí el protagonista descubrirá el misterio de Sherezade: todavía nos juntamos al calor de la fogata nocturna a narrarnos historias porque la noche es larga y sólo el fuego y la palabra calman, porque no hay vida sin relato, en definitiva. El desentrañamiento de un misterio cada vez más inquietante conllevará la comprensión y posterior aceptación del pasado biográfico del personaje. La novela plantea, entre otras vetas, un cuestionamiento y una posibilidad de confianza en el lenguaje, el borrado como única posibilidad de escritura futura, una continua reflexión sobre la mirada y un re-conocerse en la escritura.

A modo de confesión la novela está dirigida a Sophie, antigua amor de Martín. Y es la propia novela que leemos la que entregará Martín como narración de la misteriosa cinta fílmica. La estructura queda conformada por citas literales y paráfrasis de Walter Benjamin desde el título de la novela a la portadilla de cada capítulo. Martín se desea historiador filosófico de su propia intimidad afectiva en la que quisiera discernir entre historia y memoria al igual que en el caso artístico a estudio. La narración del recuerdo de un sentir, del eco de las emociones, en sintonía con la perspectiva del eros expuesta en Elogio del amor de Alain Badiou. Una prosa eficaz, sintética y trabajada por lo general a la que pocos yerros pueden objetarse. Acaso la influencia perniciosa de condenables usos periodísticos lleva a decir al narrador “hacía aguas” cuando en realidad no quería orinar, sino mostrar el fracaso de su mundo (hacer agua).

Poner los ojos en el lugar de la imagen, esa es la complicada labor del artista. Hernández sigue con una muy peculiar y valiosa novela de ideas y cuaja en El instante de peligro un detenido análisis narrativo sobre la experiencia de la otredad, el lugar donde habitan los recuerdos, la sombra del pasado y la reconstrucción del individuo.

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