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Los españoles no quieren un Gobierno radical

lunes 08 de febrero de 2016, 08:27h
Flaco ejemplo de su capacidad de diálogo y pacto, tan cacareada de boquilla, están dando nuestros políticos a la hora de ejercerla. En las últimas elecciones generales, los votantes fueron inequívocos en su petición de pedirles llegar a consensos y de mostrar altura de miras y sentido de Estado. Y hacerlo con diligencia y eficacia. Pero a poco de cumplirse dos meses desde que se celebraron los comicios, las negociaciones parecen estancarse un día sí y otro también. Ante la situación, no precisamente halagüeña, la ciudadanía no deja de pronunciarse para espolearles a que no sigamos en este impasse que no debe ni puede continuar alargándose.

Ayer mismo dos diarios, El País y La Razón, publicaron sendas encuestas sobre la preferencia ciudadana en cuanto a posibles pactos, cuyos resultados fueron coincidentes. Ante la tesitura en la que se encuentra Pedro Sánchez, la mayoría de los españoles se decanta por una alianza entre PSOE y Ciudadanos para formar Gobierno. Es la opción que congrega más apoyos, partiendo del presupuesto de que el secretario general de los socialistas sea el presidente de un futuro Ejecutivo. La alternativa PSOE-Ciudadanos triunfa en ambas encuestas, incluso entre los votantes del PSOE, y muy significativamente en la consulta llevada a cabo por el segundo de los periódicos citados, que se centra en los votantes del partido liderado por Sánchez.

Por el contrario, la posibilidad de un pacto entre el PSOE, Podemos y Unidad Popular (Izquierda Unida), con la ayuda, pasiva, pero necesaria de los secesionistas –con Pablo Iglesias de vicepresidente, cargo que ya se ha autootorgado-, provoca un mayoritario rechazo. Ni los propios votantes del PSOE aprueban que Sánchez traspase esa línea roja. Pese a que a este, y sobre todo a Pablo Iglesias, se les llene la boca al hablar de un Gobierno “de progreso” que supuestamente es el que esperan los españoles. Entendiendo naturalmente que el “progreso” es de su exclusivo patrimonio.

Mariano Rajoy cometió el error de no aceptar la designación como candidato a la investidura y no haberse movido para intentar formar Gobierno, aun en unas difíciles circunstancias e incluso aunque no le hubieran alcanzado los votos. El reproche a esta decisión también aparece en las encuestas, por lo que su presumible estrategia de ir a unas nuevas elecciones tampoco es acertada, pues, tras todo lo acontecido, la ilusión de obtener en ellas una mejor posición se revela como un espejismo.

Por ello, visto lo visto, y al parecer imposible la idea de una gran coalición entre PSOE y PP, los dos partidos mayoritarios -como ocurre en Alemania entre Merkel y la socialdemocracia sin menoscabo para ninguno-, en la que Ciudadanos también podría tener su lugar, no es descabellado por lo que se aboga en estas encuestas: un pacto entre el PSOE y Ciudadanos, la formación que parece tener más cintura y vocación de diálogo en las actuales circunstancias. Un pacto en el que el PP podría negociar las condiciones de una abstención que facilitara la investidura de Pedro Sánchez. Con lo cual, el PP no dejaría de tener la llave. En cualquier caso, todos deberían mostrar mucho más sentido de Estado en el desbloqueo cuanto antes de la situación.

En el laberinto actual, sí está claro que los ciudadanos no desean aventuras inciertas inclinadas al radicalismo y que puedan poner en peligro que se continúe avanzando por la senda de la salida de la crisis. Y mucho menos que en el río revuelto y en la eclosión de desatadas ansias de poder, los secesionistas obtenga ventaja para llevar a cabo su delirio de romper España.
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