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China, ¿tsunami o normalización?

domingo 06 de marzo de 2016, 09:51h
El mundo ha vuelto a estremecerse por las perspectivas de un menor crecimiento en China, acentuadas por los últimos datos conocidos y confirmados por la rebaja en las previsiones de crecimiento para este año de entre el 6,5 y el 7 por cierto. Mas, por un lado, sigue siendo un ritmo de avance envidiable incluso para España, que está a la cabeza de las grandes economías de Europa. Y, por otro, las preocupaciones por el declive chino amenazan con convertirse en un tópico de la prensa, como los pavorosos incendios estivales o el descorche de botellas de champagne el día de la Lotería de Navidad: son tan antiguas que casi se pierde en la memoria cuándo comenzaron. Todos los años se renueva ese temor, y siempre con algún fundamento. Lo cual permite considerar, cada vez con más fuerza, la posibilidad de que China se encamine no a un violento estallido de su economía, sino a un aterrizaje más o menos suave, y a un proceso de normalización.

Esta teoría tiene cada vez más visos de ser cierta. Pero aunque así fuera, ello no empece la constatación de que aquélla economía tiene gravísimos desequilibrios, y que en consecuencia debe aprovechar el crecimiento que todavía genera para aminorarlos. Hay áreas de una riqueza asombrosa, que en absoluto desmerece las más prósperas de Europa o los Estados Unidos, y otras que están sumidas en la pobreza, condenadas al aislamiento y a repetir los seculares modos de producción. Cuenta con una viva economía privada, que bulle en creatividad, tecnología y competitividad, y también con amplias zonas muertas, protegidas por el Estado, que resultan improductivas y son una rémora para el conjunto.

También hay señales de que el comportamiento de la sociedad china empieza a parecerse al de las sociedades prósperas, a las que se acerca a gran velocidad. La compañía Nielsen, en su último informe trimestral sobre el comportamiento de los consumidores de aquél país, ha observado que ya no tienen tanta preocupación por mantener su empleo, sino que se plantean otros objetivos, más elevados, más propios de sociedades desarrolladas. Así, está creciendo su preocupación por la salud, amenazada en ocasiones por la polución. También aumenta el anhelo por mantener un adecuado balance entre el progreso profesional y el disfrute de la vida personal, enriquecida por los frutos de la ganada prosperidad. Aunque ninguna economía puede considerarse protegida de los vaivenes, en ocasiones violentos, del devenir económico, todo indica que lo que se observa en el gigante asiático es más una normalización que el anuncio de un tsunami económico.
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