www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

JORNADA 30: SPORTING 2 ATLÉTICO 1

El Atlético desfallece en Gijón y da vida al Sporting | 2-1

sábado 19 de marzo de 2016, 17:52h
El Atlético desfallece en Gijón y da vida al Sporting | 2-1
Dominó la iniciativa el Sporting para terminar conduciendo al Atlético hacia un desenlace de vacío energético que descompuso la intención de repliegue y salida de Simeone. La valentía ofensiva asturiana castigó a la propuesta colchonera para remontar el gol inicial de Griezmann en los últimos diez minutos y entregar fe en la supervivencia a los gijoneses. Con esta derrota, los capitalinos alejan su candidatura del título liguero en un serio aviso de la exigencia venidera.

El rebosante Molinón acogía, en la apertura de la jornada sabatina, un severo cruce de aspiraciones e inercias, con el cansancio como telón de fondo. El empate del Getafe ante el Eibar -punto que no permite escapar a los azulones del cuerpeo por la salvación- entrañaba un magnetismo asimilable a la catárquica clasificación para cuartos de final degustada por los madrileños. Así, la urgencia por sumar propulsaba a un Sporting acuciado en la tabla clasificatoria que mediría su hambre con la del principal perseguidor del Barça, que desembarcó en Gijón con la motivación y la energía en entredicho debido a la tesitura de entreguerras. Tenía más que perder el bloque asturiano, que sólo se llevó al paladar la cosecha de un empate en los últimos cinco duelos (la última victoria se remonta nueve fechas). Los capitalinos, de resaca continental, no buscaban otra cosa que mantener el nivel post derbi y escapar de las ausencias con la acostumbrada dignidad colectiva.

 

Abelardo hubo de lidiar con los infortunios de Bernardo, Álex Menéndez y la sanción a Halilovic -piezas nucelares estas dos últimas-, pero no viró su idea de juego, apostando por la intensidad y el gusto por el trato con el cuero. Sanabria, referencia anotadora absoluta, completaba un centro del campo sostenido por la clase y brega de Mascarell y Álvarez, y aliñado por la movilidad de Pablo Pérez y Jony. Nacho Cases quedaba incluido en el esquema para apoyar a la parcela central. Hernández y Meré custodiarían a Cuellar y Lora e Isma López actuarían como laterales con opción de carrileros. No renegaría de su identidad el club asturiano y buscaría las cosquillas de su ilustre oponente por la vía de la gestión del balón, la cohesión en su repliegue y el desenfreno vertical. Llegó este partido en plena búsqueda de los matices que granjeen a los rojiblancos la consistencia que le aferre a Primera -ayuda psicológica incluida a partir de esta semana-, como el idóneo espacio para el renacimiento o el tenebroso golpe que les distancie del objetivo, a la espera de que jueguen Rayo, Granada y Las Palmas. Aunque la empresa a enfrentar haya adoptado la excelencia defensiva en el presente ejercicio. "Defender muy bien y atacar muy bien ante el equipo que es envidia de todo entrenador", diagnosticó el preparador en la previa.

 

Diego Pablo Simeone configuró su vigésimo cuarta alineación diferente en lo que va de curso. Lo hizo obligado por las ausencias y aconsejado por el reparto de esfuerzos de los supervivientes de la batalla ante el PSV. Godín, Savic, Tiago y Carrasco -este último, sancionado- engrosaban la relación de excluidos, y Gabi, Juanfran y Augusto se acomodarían en el banquillo, a la espera de turno. Por el contrario, el técnico argentino apostó por una alineación nada especulativa, retomando el 4-4-2 que le es familiar. Koke y Saúl abrigarían a Kranevitter, único pivote, con Vietto, Correa y Griezmann intercambiando espacio de desarrollo del talento. Giménez y el canterano Lucas cerraban un sistema que contaba con Gámez y Filipe en los costados. Repetir el enriquecido guión que contempla la posesión como un elemento central, tanto como el cierre y salida, parecía marcar la intención de asalto de un Atlético que anhelaba no pegar el peaje de la acumulación de citas por la peor vía posible: la de la especulación en el rigor táctico por mor del cansancio. La apuesta nominal invitaba a creer que los visitantes pelearían por discutir la pelota, en un cuadro que refrescaría la obligatoria precisión en las circulaciones, especialmente ante un púgil aleccionado para morder en transición.

 

Arrancó el intercambio de despliegues y anhelos, con aroma a desenlace de temporada inminente, estableciendo un tablero de respeto mutuo que negó la producción sostenida de peligro. Sin presión elevada por parte de ninguno de los contendientes, el primer pestañeo reflejó un prólogo desprovisto de patrón de juego en el que la pelota circulaba trompicada y en horizontal. La amalgama de imprecisiones penalizaba el ritmo de un partido que, antes de tomar altura, navegó sobre la futilidad creativa. Tan sólo el chut al aire ejecutado por Griezmann en el primer minuto, después de ganar la posición a Lora, en el punto de penalti y tras centro de Gámez, alteró la anestesiada lógica de la trama. Ningún centro del campo mostraba especial vehemencia por arriesgar la seguridad posicional en cancha propia en este tramo inicial.

 

Sin embargo, traspasado el primer cuarto de hora, el cuero empezó a teñirse de rojiblanco con mayor nitidez. En consecuencia, el Atlético cedió terreno y apostó por arrinconar la calidad de sus peones con el fin de adoptar el modelo de robo y salida. Con Saúl y Correa apostados en la ayuda a sus laterales para amortiguar la intención asturiana de ganar superioridades que condujeran a centros exteriores -sobre todo desde el perfil izquierdo de su ofensiva-, el bloque del 'Cholo' levantó un nuevo episodio exquisito de basculación en repliegue estático, exigiendo paciencia al conjunto local, que aceptó el reto con seriedad. Así, Mascarell y Álvarez tomaron las riendas de la horizontalidad controladora gijonesa y los ratios de posesión del penúltimo clasificado alcanzaron cotas absolutas. Los capitalinos, por su parte, se limitaban a guardar el rictus de menos goleado del torneo en cancha propia, a pesar de que la extensión en el tiempo del repliegue no localizaba vía de desahogo. Griezmann y Vietto permanecían descontextualizados y padecía el segundo club del fútbol español para tomar aire. Pagaba la ortodoxia de la disposición contemplativa con la agria ausencia de coherencia con el balón. La vigilancia asturiana tras pérdida resultaba efectiva y el mando de la situación pertenecía a los pupilos a Aberlado en el intervalo central del primer acto. La ocasión de pizarra -único cauce de avance permitido por los madrileños- que no inquietó a Oblak de milagro, reafirmó la estampa. Pérez peinó en el primer poste y Sanabria, en escorzo, no acertó a rematar el saque de esquina -minuto 22-.

 

Sin embargo, en un paisaje de reducción de espacios, colpaso de los pasillos centrales y penalización abrasiva de los descuidos sigue luciendo preeminencia el combinado colchonero. Sobre la hora y de forma rocambolesca tumbó al Sporting en la ida, y con una escenificación de efectividad similar asestaría el visitante el primer mordisco del envite. A través de una casi insultante negación de la vertiente combinativa. Un rudo balón largo al desmarque de Vietto inauguró la escena. La acción prosiguió con un rechace que cayó en las botas de Saúl, que fue derribado en la frontal, según el juicio del colegiado. Griezmann tomó la acostumbrada exclusividad de la responsabilidad anotadora y dibujó un lanzamiento de falta de terciopelo que embocó por la escuadra -minuto 29-. Un soberbio chispazo de pegada hizo saltar por los aires la relación de fuerzas en la iniciativa asturiana. Como de costumbre, el gasto energético propositivo local veía mermada su convicción en un zarpazo del, hasta entonces, sujeto pasivo.

 

La colosal seguridad en el cierre propio, del que no escapa ningún obrero, patrocinó el 0-1 y la consiguiente modificación posicional madrileña. El Sporting quiso prolongar su comodidad en el bastón de mando, totalmente anulado en la creación de ocasiones, pero la voluntad de respingo visitante le llevó a lanzar presiones coyunturales a terreno completo que deshilacharon el argumento asturiano, con perennes interrupciones y un ejercicio de ahogo de vatios superiores a los experimentados hasta entonces. Así, con el recorrido colchonero en aspiración ascendente y la fe local fiscalizada, se disparó el envite hacia el intermedio. El testarazo desviado hacia arriba de Pérez, tras otra jugada ensayada desde la esquina que confluyó en el centro venenoso de Cases -minuto 33-, clausuró el bagaje ofensivo del Sporting antes de encaminarse a vestuarios. Los réditos alcanzados por el minimalista despliegue visitante reflejaban lo áspero de las conclusiones extraídas por el cuerpo técnico de Abelardo. Su victoria en la posesión (56%) contrastaba con la comparativa en al gestación de llegadas al área (derrota por uno a tres) y tiros a puerta (derrota por cero a uno).

 

El libreto de Simeone parecería haber impuesto su ley en 45 minutos para el desasosiego del equipo necesitado. Dispuso de la pelota pero su mejor opción, Sanabria, no encontró alimento ante la falta de fluidez en el último tercio de cancha. La red de ayudas del cuartofinalista europeo enfangó el juego entre líneas que otorgaría oportunidades de auto convencimiento a los rojiblancos. Debía escudriñar el técnico local en las herramientas disponibles para agrietar una placidez visitante que redujo hasta lo ínfimo el balance de resultados ofensivos, una arista de este depote que se ajusta por completo a su tallaje. El único lunar en el rendimiento del que debía gestionar la victoria parcial, la rápida pérdida de la pelota y deficiente gestión de la posesión, debían interpretarse como el camino sobre el que discurrir la construcción de las tablas. Le había costado lanzar contras al Atlético y el encierro extremado podría conllevar una desatención que entregara horizonte a los asturianos.

 

Sin sustituciones se abrió la reanudación. Susurró el Sporting la adopción de más verticalidad y ambición con la pelota, desterrando la contemporización que castigara el cansancio visitante para hacer caja en un partido largo. Y logró desestabilizar por los laterales con celeridad. Como ocurriera con anterioridad, con Jony como principal escalpelo. Sin embargo, volvió a templar la pulsión un Atlético que consiguió, de nuevo, interponer su pericia ante el último pase o remate contrincante. Ante el esbozo de un cambio de escenario tendente al riesgo posicional rojiblanco y achique colchonero, los técnicos movieron ficha ahondando en el tipo de partido deseado. Abelardo introdujo en la fórmula a Castro para colocarle como pareja de Sanabria en la búsqueda de remates aéreos. Para ello sacó del verde a Mascarell, bajando a Cases al mediocentro y completando una argucia valiente, en busca de la sensación de amenaza. Quería amortizar el repiqueteo incipiente de centros laterales desde línea de fondo doblando su presencia en el baile con los centrales atléticos. Simeone reaccionó recuperando el equilibrio de Gabi -que sentó a un esforzado Correa, que no tuvo sustento con la pelota- y la apertura de alternativa a la contra propia de Fernando Torres. Griezmann se encaminó a su merecido descanso después de un partido que le consteñía a sudar y no a inventar, y ambos púgiles quedaron redefinidos a falta de media hora.

 

En pleno ecuador del segundo acto había alcanzado el Atlético, con Gabi, Kranevitter, Koke y Saúl empeñados en la victoria de la pugna por el centro del campo, el rebate al ambicioso control local. Sólo un remate sin consecuencias de Pablo Pérez desperezó a Oblak -minuto 70- en un chut tímido que representaría la última acción del centrocampista. Carmona, mejor extremo que el peón al que sustituyó, tomó el relevo de la tratativa de desborde exterior desde el perfil derecho. Sin embargo, por el camino, los madrileños empezaron a incluir la pelota a sus argumentos de defensa de la escueta ventaja. Restó verticalidad a su cortejo del cuero para ganar pausa, horizontalidad y lógica en sus asociaciones, cosechando, además de resuello, la ruptura del devenir protagónico asturiano, que ponía en riesgo, cada vez más, a las castigadas costuras visitantes.

 

Sobrevino el cuarto de hora final bajo el paraguas de una mayor equidistancia en el reparto de la posesión, amén de la incertidumbre por las estrecheces del resultado. Vietto, durante muchos mintutos náufrago solitario en punta, dejó su escaño a Juanfran, en un movimiento que pretendía solidificar la resistencia a la banda izquierda gijonesa y aportar pulmones a las transiciones visitantes. Trataba el Sporting de recuperar las revoluciones en su iniciativa combinativa y afianzar su repliegue y contragolpe el sistema de Simeone, que se vio obligado a ceder metros con rotundidad. Había acelerado la intensidad un Sporting que avisó a través del recurso predilecto en este cerrado envite: el balón parado. La falta lanzada desde el pico del área por Sanabria se estrelló en la madera -minuto 77-, para propulsión de la entregada trinchera local. Volvía a defender en su área el Atlético, que ya no disponía de la energía necesaria para bascular con la efectividad pretérita y se descubría frágil en el agónico esfuerzo. De este modo tocó techo la voluntad proactiva asturiana. Kranevitter se vió sentado y derribó a Castro en al frontal. Y, casi desde la misma perspectiva que acogió el 0-1, el delantero paraguayo autografió las merecidas tablas. Su potente lanzamiento se coló entre las oquedades de la barrera para despistar a Oblak y lanzar el grito de la tribuna -minuto 80-.

 

Con el cansancio anatómico jugando como un delantero más del Sporting, el Atlético tragó sus peores momentos, de mayor endeblez con y sin pelota, y con una incipiente ruptura entre líneas que encontraban a Koke, Gabi y Saúl fuera de sitio. Castro remató al larguero con todo a favor, sin portero, y tras una contra conducida por Sanabria que asistió a la lesión musular de Giménez, en el aperitivo de lo venidero. Una contra calcada a la precedente castigó, de inmediato, la obviedad de la posesión escogida por un bloque madrileño desprovisto, por completo, de la pelota. En el último minuto hacía diana Castro, otra vez a puerta vacía, tras amortizar el conjunto rojiblanco otro desbarajuste sensacional del muro visitante, para dar vida al necesitado bloque local. El descuento se antojó una enmarañada anécdota que encumbró a la fe asturiana y a la lectura de partido de Abelardo, que acertó en la inclusión de rematadores como argucia erosiva. El déficit energético terminó por descubrir lagunas en el planteamiento unidireccional del 'Cholo', víctima del decantar circunstancial -terminó el duelo con un 38% de posesión y un pírrico balance de cuatro a doce llegadas al área-. Nunca dispuso de la pelota con continuidad su equipo, ni para anestesiar la entrega ni con el fin de sentenciar al contragolpe. Ganó con rutilante merecimiento un Sporting que alcanza los 27 puntos y recupera la perspectiva de supervivencia. Por contra, pagó la exigencia un segundo clasificado que resbaló en sus presupuestos para quedar muy cuestionado como candidato al título a estas alturas de calendario.

Ficha técnica:
Sporting: Cuéllar, Lora, Luis Hernández, Jorge Meré, Isma López, Mascarell (Carlos Castro, m.56), Sergio Álvarez, Pablo Pérez (Carmona, m. 69), Nacho Cases, Jony y Sanabria (Rachid, m.90)
Atlético de Madrid:
Oblak, Gámez, Giménez, Lucas, Filipe Luis, Correa (Gabinete, m.58), Koke, Kranevitter, Saúl, Vietto (Juanfran, m.79) y Griezmann (Torres, m. 62)
Goles:
0-1, Griezmann (m. 27); 1-1, Sanabria (m. 79), y 2-1, Carlos Castro (m 89).
Árbitro:
Gil Manzano. Amonestó a Sanabria (m. 37), Gámez (m. 52), Sergio Álvarez (m. 57), Jorge Meré (m. 65), Pablo Pérez (m. 68), Juanfran (m.76), Nacho Cases (m.84)
Incidencias:
24.860 espectadores acudieron al partido correspondiente a la trigésima jornada de la Liga BBVA, disputada en el estadio de El Molinón.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios