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Déficit, la ruina de la credibilidad

sábado 02 de abril de 2016, 00:33h
En junio de 2008, en Valencia, Mariano Rajoy le imprimió un giro a la estrategia política del Partido Popular. Desideologizó a la formación conservadora, abandonó algunas banderas que le habían sido propias, y colocó a la economía como el fundamento de su discurso, único reclamo electoral y eje de su estrategia política. Confió en que la economía sería argumento suficiente para llevarse por delante al gobierno de Zapatero, y que si orillaba otras críticas de contenido más político, como el Estatuto de Cataluña, las leyes de cambio social o la actividad criminal de ETA, también reducía los flancos por los que se podía al Partido Popular.

Esa estrategia fue suficiente para ganar las elecciones y, de hecho, obtuvo una mayoría absoluta. Rajoy se aferró entonces a la misma, como si fuera infalible. Desde el Gobierno ha evitado mancharse con los conflictos políticos, y ha aburrido a los españoles con sus razones y promesas económicas. Esperaba que la recuperación le alcanzase en el poder, y que ésta le asegurara cuatro años más de gobierno. Pero, por un lado, la crisis económica ha devenido en crisis política e institucional, lo que ha permitido la aparición de dos nuevos partidos de ámbito nacional y han llevado al PP a cosechar unos malos resultados, pese a la victoria relativa.

El juego de vetos cruzados que ha seguido a las últimas elecciones nos lleva a unos nuevos comicios. Pero hay algo que ha cambiado. Si bien antes el PP tenía alguna credibilidad en la gestión de la economía, el último dato de déficit público la acaba de arruinar. Hace sólo un mes, el presidente del Gobierno y el ministro de Economía aseguraban que el desfase fiscal rondaría los cuatro puntos y medio del PIB, cuando finalmente es del 5,2 por ciento. El Gobierno ha engañado a los españoles. Ha mentido a la Comisión Europea que, sin embargo, se temía que la realidad sería peor que lo que se decía desde Moncloa. Y ha echado la culpa a las Comunidades Autónomas, lo cual es absurdo.

Primero, porque en estos cuatro años las regiones se han ajustado más que la Administración Central. Y segundo, porque el responsable de poner en vereda a las CCAA es el propio Gobierno. El ministro de Hacienda, torpemente, ha puesto en evidencia al propio Gobierno al decir que él sacará su cayada para conducir a las regiones al redil del ajuste. Es torpe porque hace ver que es el propio Ejecutivo, y Cristóbal Montoro en primera persona, el responsable de embridar las cuentas regionales. Y porque ahora no tiene el respaldo político que en la pasada legislatura, y en consecuencia no puede hacer ahora lo que no ha querido hacer cuando tenía mayoría absoluta. De modo que el Partido Popular ha arruinado su credibilidad económica, y no sabe dónde está su discurso político ni quién será capaz de defenderlo. Todo ello con un líder agotado y a tres meses de unas elecciones.
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