www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Desatinos en el asalto a Faluya

miércoles 08 de junio de 2016, 12:03h

El gran asalto al bastión yihadista del Estado Islámico (EI) en la ciudad iraquí de Faluya, ha quedado provisionalmente estancado. Un revés que trata de disimular la amalgama de tropas atacantes, encubriendo el trasfondo de disensiones políticas que subyacen en el fracaso de esta arremetida que prometía ser un fácil paseo militar. Faluya es un enclave yihadista a menos de 50 kilómetros de Bagdad, desde el que se amenaza permanentemente a la capital de Irak y que ha servido como plataforma perfecta para infiltrarse en ella y cometer una secuencia interminable de atentados suicidas capaces de desestabilizar al gobierno iraquí.

El actual ataque a Faluya ha estado precedido de nueve meses de sitio a la ciudad en manos del califato, pero la ineficacia del asedio quedó patente cuando a principios de mayo el Daesh lo burló día sí, día no, para introducirse en Bagdad y sembrarlo de cadáveres. Se ha intentado enmascarar esa incompetencia con una huida hacia delante a través de un heterogéneo ejército, muy superior en fuerzas a los atrincherados en Faluya, y que en teoría debería haber tomado ya la plaza. En ella apenas resisten unos 700 yihadistas. En su contra, un amplísimo despliegue respaldado por cuantioso material pesado y la hegemonía aérea que le proporciona la aviación norteamericana. Pero, a pesar de todas las halagüeñas previsiones, el ejército que ataca al autoproclamado Estado Islámico, tras más de quince días de ofensiva, sigue clavado en la periferia de Faluya.

Más que razones militares, hay que buscar los verdaderos motivos políticos que explican este fracaso, que, de prolongarse en el tiempo, desembocaría en un descalabro. El ejército regular iraquí carece, en su actual configuración, de una auténtica moral de combate. La iniciativa recae sobre las milicias chiíes de las Fuerzas de Movilización Popular. Pero la población en el territorio de Faluya es de credo suní, y teme, con terror -y con razón- que las milicias chiíes lleven a cabo una venganza contra los pobladores civiles de creencias opuestas.

Hay otra brecha política no menos profunda. Las milicias chiíes se rigen por las directrices de los ayatolás de Irán, que ambicionan erosionar y controlar a Irak. Estados Unidos, cuyo aporte logístico y aéreo es imprescindible, está en contra de esa intromisión iraní y sus objetivos políticos. La fractura e incomprensión mutua entre los atacantes está servida, mermando de forma considerable su eficacia. El ISIS no puede ser derrotado solo con la fuerza aérea. Y si las botas sobre el terreno que ha propiciado Occidente exhiben contradicciones de tal calibre, la contienda se eternizará. Todo el planteamiento se sustenta en grandes incoherencias. Conviene subsanarlas, y pronto, porque cuánto más se prolongue la guerra, más serán las peligrosísimas amenazas que pesarán sobre el conjunto de Europa.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios