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TRIBUNA

La reaparición de derechas e izquierdas

José Manuel Cuenca Toribio
viernes 17 de junio de 2016, 20:26h

En muy estrecha relación con la pesarosa orfandad ideológica de las dos últimas campañas electorales de la historia nacional, los términos de derechas e izquierdas han vuelto a recobrar popularidad en la toma de posiciones doctrinales y políticas de la sociedad española. Trazadas otra vez sus fronteras conceptuales con lápiz grueso, ambos se erigen en dominantes a la hora de arquitrabar programas y señalar rumbos y metas. Después de haber perdido algo de grosor y recurrencia, una vez ingresados en Europa y gobernados las dos últimas décadas de la centuria precedente por un régimen de acusada e irrenunciable impronta socialdemócrata que arrumbó no pocos dogmas y fijismos del viejo partido de Pablo Iglesias, los españoles semejan haber retornado a transitar por las antiguas rutas cuyos polos magnéticos se fijaban de acuerdo con la nuda pero bien expresiva definición de “izquierda” y “derecha”.

Hacía años, en efecto, que ambos vocablos no conocieran un uso tan intenso como masivo en nuestra convivencia diaria a la hora de establecer posturas y marcar diferencias en las opciones políticas de los ciudadanos. Cuando semejaba que la entrada incontenible en los cuadros de las principales fuerzas emergentes de politólogos y sociólogos prestaría a las tediosas y simplistas campañas electorales un rigor, al tiempo que una frescura como los registrados de ordinario en las democracias maduras del viejo continente, he aquí que la sorpresa ha sido mayúscula al comprobar una vez más lo alejados que estamos todavía de los escenarios antedichos.

“Derechas” por aquí, “izquierdas” por allá, todo el contexto ideológico de las últimas consultas al país –prensa, radio, televisión, debates en foros de opinión…, aparte, claro es, del propio discurso de los partidos- revela una incoercible tendencia a la polarización monocolor y al maniqueísmo conceptual. Una y otra posición se definen por sus antagonistas en función exclusiva de sus intereses materiales, sin margen alguno para la aceptación de cualquier otro ideario. Obviamente, tal pintura reviste mayor crudeza en los labios o la pluma de los adversarios de la “derecha”, flageladores minuciosos de sus vicios y nocivas conductas, invariablemente surgidas de sus incorregibles derivas aurívoras, más propicias que nunca en un clima de crisis y recesión a fomentar atmósferas tábidas como la imperante a la fecha en el país.

A su vez, por supuesto, la “izquierda” no es menos ardidamente denostada por los gurúes y eminencias grises de sus enemigos, que no adversarios, con toda suerte de adjetivos devaluadores, atañentes por lo común a su impostergable afán de emplear presupuestos estatales, autonómicos y municipales al servicio de sus miras banderizas y enriquecimiento de algunos de sus prebostes y militantes.

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