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La abdicación de Akihito

martes 09 de agosto de 2016, 09:52h

El emperador de Japón, Akihito, tiene 82 años. Está cansado y tiene problemas de salud. No es sorprendente, pues, su deseo de abandonar sus funciones. Aunque en Japón el emperador no deja de tener la connotación de “soberano celestial”, es un hombre de carne y hueso. Y como tal se ha dirigido al país en un mensaje televisado, aunque no lo planteado de manera directa, lo que habría chocado con las costumbres japonesas. Y, además, en este caso, la sutiliza se imponía más, dado que la Constitución nipona no permite lo que Akihito pretende.

En su mensaje, no pronunció en ningún momento la palabra “abdicación”, posibilidad que no está contemplada. Lo que hizo fue manifestar su preocupación ante el lógico e inevitable declive: “Cuando un emperador enferma o su estado de salud es grave, me preocupa que, como ha sucedido en el pasado, la sociedad entre en punto muerto o la situación pueda impactar en las vidas de la gente. En ocasiones me planteo cómo sería posible evitar esta situación”.

La petición de Akihito de renunciar al poder a favor de su hijo Naruhito es insólita y no tiene precedentes, por lo que podría convertirse en el primer emperador del Japón moderno en abdicar. Una posibilidad que ha planteado con normalidad, y que debe verse así para que puedan llevarse a cabo las modificaciones constitucionales que sean precisas. Durante su tiempo de mandato Akihito ha tenido que hacer frente a momentos difíciles y se ha ganado el cariño de su pueblo, al que se ha esforzado en acercarse. Y ha protagonizado importantes gestos como cuando manifestó su arrepentimiento por las atrocidades cometidas por su país en la II Guerra Mundial.

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