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JORNADA 2: REAL MADRID 2 CELTA 1

El Celta supo estrujar a un Madrid que sobrevivió a la asfixia | 2-1

El Celta supo estrujar a un Madrid que sobrevivió a la asfixia | 2-1
sábado 27 de agosto de 2016, 22:12h
Un segundo tiempo agónico dio los tres puntos a los de Zidane.

El paseo de La Castellana estrenaba curso este sábado con las perspectivas todavía inmaculadas. El vigente campeón del Viejo Continente ofrecía a su tribuna la Supercopa de Europa, el sabroso regusto de disponer de dos de los tres mejores futbolistas de la pretérita edición de la Liga de Campeones y, además, sobre el verde se teatralizaría un nuevo capítulo del envanecimiento que sugiere a los madridistas la irrupción de Marco Asensio. El soberano triunfo previo, cosechado en plaza hostil (Anoeta), almibaraba un inicio de temporada que contaba, pronósticos mediante, con una prolongación del éxtasis merengue en la recepción del herido Celta de Vigo. Los gallegos, mutilados del colmido afilado que les acercó a la Europa League hace meses, todavía digieren la derrota casera inaugural ante el Leganés y accedieron a la almendra financiera de la capital con poco que perder y la dulce pretensión de asaltar al coloso en el coliseo. Para ajusticiar los efectos del 7-1 padecido en su última visita. No añadir muescas de duda al vuelo ya adquirido y sacar la cabeza en pleno cambio de piel constituían, pues, los argumentos cruzados de este envite.

 

Zinedine Zidane prosiguió su ganancia de legitimación en su primera experiencia a los mandos (en banquillo y diseño de plantilla) de un equipo profesional reeditando el cariz de la apuesta avanzada. Modric regresaría a la titularidad, a la espera de la vuelta de Ronaldo, Isco, Benzema y Keylor Navas, por lo que la medular madridista arquetípica quedaba reestructurada con Casemiro como ancla y Kroos como interior gemelo del croata. Marcelo y Carvajal sostendrían la ida y vuelta global y Varane sentaría a Pepe como pareja de Ramos. Casilla iniciaba un esquema concluido por el magnetismo de Bale -amenaza referencial-, el afán posicional -aún falto de atino- de Morata y la valiosa ocupación de la mediapunta por parte de Asensio. El guión del francés consitía, una vez más, en caminar hacia el dominio monopolístico de la escena. Todo ello sin perder la esencia vertical y al espacio que marca la morfología de su vestuario. James vería desde la banca cómo sus compañeros habrían de azuzar su vigilancia tras pérdida, pues el Celta no iba a escatimar a la hora de volar y morder en transición.

 

Eduardo Berizzo leyó el desafío como una opción catárquica para la consistencia de los suyos. A pesar del infortunio de su extensión táctica en el campo, el mariscal Marcelo Diaz, el 'Toto' efectuó una regresión hacia la solidez del conjunto que construyó el excelente rendimiento del ejercicio 2015-16. Así, el técnico argentino cimentó una seguridad central apoyada en lo muscular y la compatibilidad en el manejo de la pelota. A la consabida red tejida por Radoja, Wass y el 'Tucu' Hernández se sumó el desequilibrio de Bongonda. Un centro del campo de jerarquía que respladecía resguardado por Sergio bajo palos y Cabral y Roncaglia como rápidos cierres. Hugo Mallo y Jonny forzarían su capacidad de sacrificio para desactivar los avances exteriores oponentes y salir en busca de sorpresas al contragolpe. Arriba, Guidetti ejercería de referencia en el cuerpeo con los centrales rivales y Orellana pondría en práctica su habitual movilidad diagonal o lateral. Iago Sapas y Pione aguardarían turno, como medida especulativa para jugar con el cansancio, en una escuadra que no desdeñaría la pelota, pues es fuente de crecimiento primordial, pero que tendría que acomodar su estrategia y altura de líneas a la exigencia y caracerísticas del púgil a enfrentar.


Lo sucesivo al 'silbatazo' de Burgos Bengoechea mostró la cara más ambiciosa de la identidad celtiña. Los primeros diez minutos acogieron una salida de vestuarios templada del bloque local y una efervescente disposición gallega. El conjunto de Berizzo lanzó ráfagas de presión adelantada que sacaron de cauce a las circulaciones controladoras merengues. Colapsó de obreros el ecuador de la cancha y manejó con buqué la pelota tras recuperación, hurtando de manera completa la batuta del tempo al favorito. La intensidad propia de un grupo de jugadores heridos en su orgullo por los antecedentes de este evento comió la voluntad dominadora de un Madrid de pase despojado de riesgos. La asimetría en la pasión y ejecución del plan destacó con prontitud la categoría del representante vigués, que asumió el patrón de juego con personalidad. Desafió de tú a tú al anhelo monopolístico de Zidane y obtuvo un resultado con honores. Porque su intención de abandonar la espectativa y proponer en el Bernabéu le conduciría al intermedio sin sobresaltos.



La variante combinativa del juego madridista nunca alcanzó la velocidad que requería el punzón táctico de un Celta que desplegó una pegajosa mixtura de marca zonal e individual, con el fin de preocupar en todo momento al receptor del pase rival. Kroos, Modric y Asensio, encargados de la gestación de la actividad ofensiva del colíder, no superaban líneas por la hiperactividad de los marcadores, que trazaban una persecución asfixiante y continuada. Wass, Bongonda, el 'Tucu' Hernández y Radoja negaron cualquier atisbo de aceleración madridista por la vía de la posesión y el aperitivo árido dispuesto se confirmó en el nudo de la trama. El Real Madrid debía alzar su concentración e implicación, con y sin pelota, para recobrar el dictado del duelo. Porque toda vez quedó cauterizado el caudal de fútbol habitual madrileño y limitados los espacios de vuelo, el club gallego gozaba en el cortejo del cuero hasta esbozar el fantasma de la ruptura de líneas en fase defensiva de su ilustre contrincante.

 

Se decubrió esta batalla como una confrontación sostenida de sistemas ordenados, en la que los locales sólo localizaban rutas de escape de la doliente densidad en chispazos individuales y los visitantes se aproximaban a la meta de Casilla en un ejercicio de ligazón colectiva de toque. El primer parámetro mencionado, el de deconstrucción merengue, abrió boca con un cambio de ritmo al galope de Asensio. Amagó el balear a la apertura a Marcelo pero envió, frontal, a Bale. El galés no interpretó así la escenificación improvisada y el cuero llegó a los cordones de Morata. El punta canterano cambió de pié y cruzó un zurdazo desde la frontal que no atinó en el segundo poste -minuto 13-. Un error en el saque de Sergio, producto de la querencia de salida combinativa de su técnico, entregó a Modric un lanzamiento desde 25 metros sin consecuncias. Por otra partes, el segundo punto, coral y celtiña, encontró en el desborde de Bongonda a su primera expresión. Centró raso y al contra pié de los centrales. Varane desvió con dificultades y Wass engatilló desde la frontal un envío rechazado -minuto 19-. De inmediato, Guidetti ideó un centro desde la esquina, a pesar de encontrarse arrinconado, para la volea tímida de Wass que atrapó Casilla. El envío deficiente de Varane a Carvajal -minuto 23-, subrayó la fe visitante. Bongonda anticipó y prendió su mecha para rebasar en un suspiro al errático central francés. No definió bien el fugaz extremo zurdo vigués, que obvió la solitaria posición de Guidetti y chutó al lateral de la red.

 

El intercambio de golpes puso en evidencia la igualdad en la potencialidad y rendimiento de los equipos en liza. Atravesó la media hora el envite sin reacción enégica local. Los pupilos de Zidane se limitaron a navegar sobre la convicción visitante y viraron hacia el repliegue y salida. De este modo emergieron Marcelo y Modric como conductores de transiciones que empezaban a rebatir un manejo gallego plácido hasta entonces, sabedor de su efectividad en el amarre del peligro capitalino. Sin superioridades por banda ni conexión entre los distribuidores y los rematadores. No obstante, Hugo Mallo y Jonny no soltaron su añadidura a la circulación en ningún momento, recalcando la valiente asunción de riesgos a su espalda por mor del dibujo asociativo de Berizzo. Por el camino se profundizó en lo individualista de la herramienta de ruptura madrileña. El cerebro croata recibió en campo rival, encaró al 'Tucu', amagó, fintó y sentó al chileno. Recorrió la línea recta hacia la frontal para culminar su pintura con un derechazo que midió la calidad del travesaño -minuto 28-. En este intervalo se comenzaba a dañar el equilibrio de un Celta que susurraba pérdida de fuelle. Los espacios se desataban detrás de la primera línea de presión y una combinación entre Kroos, Bale y Modric que confluyó en el remate que Sergio sacó de la escuadra con una estirada de foto corrobó la apariencia de cambio de guardia en la charla. El galés cabeceó cerca del poste en la pelota parada consecuente y dispararía desde larga distancia, y tras hacerse hueco en slalom solitario, en el 39. Sergio aparecería, de nuevo, para sostener a los suyos.

 

Pero la inercia se quebró con severidad. El Celta aclaró en la recta final antes del descanso que el lapso acontecido, que nutrió el añorado desahogo local, resulatría un mero espejismo. Radoja respondió con un golpeo rudo tras un rechace en falta lateral de la zaga merengue -minuto 42- y el ajedrez regresaría a la compresión que beneficiaba a los intereses visitantes. La estadística argumentaba el triunfo parcial celtiña, que discutió la pelota hasta reflejar un ratio de posesión del 49%. La relación de ocasiones generadas mostró un ocho a cinco en favor de los locales pero esgrimió un mejor aprovechamiento del peligro por parte de los de Berizzo: empate a dos tiros a portería. Entró sonriente el protagonista del mayor incomodo capitalino desde que arrancara la pretemporada. Atenazó la relevancia de la calidad en base a una lección de inteligencia en la ocupación de los espacios. No sufrió el Madrid, por el contrario, daños en su estructura, pues los desajustes enseñados sanaron con celeridad y la desconexión de Orellana entre líneas también aportó a la seguridad defensiva del favorito despojado de su rutilancia. No padeció el esquema de Zidane y tampoco brilló como en citas anteriores: ni llegó a presionar con efectividad ni disfrutó de lucidez creativa, abandonado a aventuras individuales y centros laterales.

 

Sin sustituciones se alzó el telón de la reanudación. Quiso retomar su labor dominadora el Celta y terminó por redoblar la apuesta, como si sintiera la urgencia de anteponer la cosecha al cansancio. Ajetreó el ritmo y cuestionó el balance madridista hasta desnudar la soledad de Casemiro por la desatención del resto de peones. Wass, Hernández y Bongonda llegaban con asiduidad a la frontal y Orellana y Guidetti no remataron la precoz faena por poco. Sólo la falta de concreción viguesa mantuvo las constantes vitales de un Madrid contragolpeador. Pero los cinco minutos de apnea merengue concluyeron con el desperezo local que convulsionaría el partido y penalizaría la escasez en la puntería visitante. Zidane ordenó reacción y su sistema alcanzó el punto rítmico máximo, con presiones ardorosas que sembraron inseguridad en la retaguardia gallega.

 

La tormenta merengue arrancó con la recepción en la frontal del ausente Asensio, que se giró, recortó y chutó cruzado para la estirada de Sergio -minuto 50-. Con la altura de pulsaciones madrileñas in crescendo, el viento cambió de dirección y la relamida superioridad del centro del campo visitante se esfumó. Bale encadenó dos faltas para terminar de convencer al respetable del punto de inflexión. La primera, desde larga distacia, se marchó muy alejada de palos y la segunda, desde la frontal, se dirigió hacia el ángulo. Sergio, el mejor de su delegación, a la postre, voló y despejó el intento -minuto 55-. Asensio volvió a aparecer para cabecear fuera una acción colectiva hilvanada por la medular merengue, ahora si, reconocible, que preponderó la distancia de instensidad y arrasó el aguante anatómico visitante, complicando la recogida de fruto viguesa. El demarraje que empequeñeció al rebelde agigantado cocinó la apertura del marcador. Presionó Modric y la indecisión rival condujo el cuero hacia Asensio, que esperaba en el punto de penalti. El balear marró el mano a mano y Morata tradujo el balón suelto en el área en el primer gol del duelo y el inaugural de su cuenta personal, de regreso a Chamartín -minuto 59-.

 

La redención del errático Morata dio paso a la continuidad en un segundo tiempo de pulsión competitiva madridista, con Carvajal y Marcelo llegando hasta el fondo, en el que el Celta hizo la goma, perdiendo la batalla por la posesión y coqueteando con el desplome y con la gloria. La exuberante reacción colectiva merengue consiguió dos robos que arribaron a la meta de Sergio. La líneas locales se disparaban, muy adelantadas. Casemiro se hizo con el balón en el 62, y en cancha ajena, para chutar fuera de arco por poco; y Kroos interceptó la conducción del 'Tucu' para lanzar un pase filtrado hacia la contra en carrera de Morata -minuto 64-. El canterano ganó la acción a su par y se topó con el poste. Lucas Vázquez sentó a un irregular Asensio en el entretanto y, en su primer contacto con la pelota, centró con precisión desde su banda para el testarazo desviado de Bale. Pero lo imprevisible y el acierto se congraciaron con el Celta. En su peor trance de los 90 minutos, se despojó de la soga madridista en un esfuerzo inconexo para entregar la pelota a Wass, que concatenó la asistencia a Orellana por medio de Guidetti. El chileno -apagado- controló y la puso ajustada al poste para acallar el fulgor anímico madridista. Los pupilos de Berizzo arrancaban las tablas en el 67 y asestaron un inesperado golpe bajo a la refrescada voluntad dominadora local. Toda una vuelta de tuerca para la convicción madridista.

 

Ambos técnicos acometieron, a 15 minutos del epílogo, las modificaciones adecuadas para evitar el rasguño del descenso de resuello. James, Mariano, Aspas y Cheikh sustituyeron a Modric (fundamental a pesar de competir a medio gas), Morata (fallón en su labor descongestionadora y rematadora), Guidetti (buen faro) y Wass (culpable de la mejor versión combinativa celtiña y en precaria situación anatómica). Se confeccionaba un fogonazo postrero de asedio local a contrareloj, pues la cesión de puntos a las primeras de cambio es un mal ancestral, con carta de obesión, a evitar, y el cierre astuto de un visitante convencido de poder granjearse un botín mayor. Es decir, empujados ya los escuadrones a la agónica pugna contra el calor y el cansancio, la ruptura de la lógica táctica se antojó inevitable. Sólo se trataba de nadar mejor en tal tesitura.

 

Y lo haría con mayor acierto el favorito. El frenético esfuerzo contó con la circulación y la presión como artimañas predilectas. Lucas Vázquez ejerció como elemento gravitacional, con James, Marcelo y Kroos secundando el liderazgo de esta entente desesperada. El extremo gallego avisó en el 79 tras sentar a Jonny y centrar para que Bale hiciera lucirse, otra vez, a Sergio. El cabezazo del galés encontró los guantes de su némesis y la madera, pero dos minutos después ni la sublime actuación del guardameta visitante podría oponer una enmienda en el camino del esférico hacia la red. Una presión sobresaliente de James en la línea de fondo contrincante entregó la opción a Vázquez, que frenó su carrera, detectó la llegada de segunda línea de Kroos y la colocó en la frontal. El centrocampista alemán propulsó su lanzamiento, raso, hacia la cepa del poste en un dibujo sensacional. Fuera del radar del sistema defensivo celtiña y para alborozo de la tribuna. Recuperaba la ventaja en el electrónico y recogía el premio trabajado un Madrid más desamarrado y firme en su intento propositivo.

 

Restaron diez minutos para que el Celta tratara de bordar su notable puesta en escena, pero sólo la salida defectuosa de Casilla en el lanzamiento de un córner supuso una oportunidad para los gallegos. Bongonda remató desviado y a portería vacía -minuto 84- y la entrada posterior de Pione por Radoja no gozó de significancia. Se extinguió el duelo con el intercambio de transiciones fútiles y los tres puntos no abandonarían el territorio del gigante capitalino. Berizzo consiguió una rehabilitación en tiempo récrod para su proyecto y Zidane esquivó un desencanto que encendería el horno de la inferioridad táctica (excepción hecha de la maniobra de presión) y condicinaría su paz antes del parón de selecciones. Sobrevivió el Madrid a una ejecución estratégica valiosa de los vigueses, sin puntos en su casillero y en el fondo de la tabla a pesar de lo visto este sábado. "Nos vamos fortalecidos en la derrota", proclamó el preparador argentino en sala de prensa. Sigue sumando el técnico francés a la espera de la recuperación de sus figuras atacantes en una suerte de colchón coral que matiza la ausencia de técnica en el frente ofensivo. Victoria peleada y de considerable sabor colectivo para los locales y esperanzadora derrota para una entidad visitante que se acerca al reencuentro con su axioma. Suficiente riqueza de matices y conclusiones para el peldaño de calendario en que sobrevino el espesor de esta batalla.

Ficha técnica:
2 - Real Madrid:
Casilla; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Modric (James, m.69), Kroos; Marco Asensio (Lucas Vázquez, m.65), Bale y Morata (Mariano, m.77).
1-Celta: Sergio Álvarez; Hugo Mallo, Cabral, Roncaglia, Jonny; Radoja (Pione Sisto, m.85), Pablo Hernández, Wass (Pape, m.76); Orellana, Bongonda y Guidetti (Iago Aspas, m.73).
Goles: 1-0, m.60: Morata. 1-1, m.67: Orellana. 2-1, m.81: Kroos.
Árbitro: De Burgos Bengoetxea. Amonestó a Hugo Mallo (52) y Jonny (55) por el Celta.
Incidencias: encuentro de la segunda jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 65.684 espectadores. Realizó el saque de honor Mireia Belmonte, doble medallista en los Juegos Olímpicos de Río y se guardó un respetuoso minuto de silencio por las víctimas del terremoto en Italia.

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