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DIRIGIDA POR PEDRO BARBERO

El futuro ya no es lo que era: con Dani Rovira no vale

viernes 16 de septiembre de 2016, 10:06h
El futuro ya no es lo que era: con Dani Rovira no vale
Lo nuevo de Dani Rovira flaquea demasiado, a pesar de la intachable Carmen Maura.

EL FUTURO YA NO ES LO QUE ERA

Director: Pedro Barbero
País: España
Guión: Pedro Barbero
Fotografía: Juan Carlos Gómez
Reparto: Dani Rovira, Carolina Bang, Carmen Maura, José Corbacho, Yolanda Ramos, Eduardo Velasco, Lucía de la Fuente, Saúl Barceló, Andrea Rosillo

Sinopsis: Kar-El es un conocido adivino que se gana la vida descifrando el futuro de los espectadores en una cadena de televisión local. Pero también es Carlos, un tipo incapaz de comprender ni su vida, ni a sus hijos, ni a su exmujer, ni siquiera a su madre, una prestigiosa actriz. Carlos está en una encrucijada: seguir siendo un impostor y aceptar la oferta de una televisión nacional para ser el adivino estrella de un exitoso programa, o tirarlo todo por la borda y luchar por el sueño de su vida: ser actor. Cuando está a punto de tomar una decisión, un giro inesperado precipitará los acontecimientos. Algo que cambiará para siempre el futuro de Carlos. Y el de Kar-El.

Lo mejor: Carmen Maura

Lo peor: La obviedad de la moraleja | La falta de equilibrio entre la comedia y el drama



Desde el huracán de Ocho apellidos vascos, la industria del cine se venía agarrando a la esperanza de una nueva era dorada de la comedia española, de un tipo de películas ligeras, blancas y para toda la familia que arrastrara a un público masivo y heterogéneo a las salas. Y en ese pedacito de cine rentable –nada fácil de conseguir- parecía haber un ingrediente mágico llamado Dani Rovira. Pero ni siquiera el malagueño, con su innegable talento para la comedia, puede echarse sobre sus hombros todo el peso de una película y esperar que salga bien. Ni con la inestimable ayuda de Carmen Maura. Porque ellos dos eran el reclamo principal de El futuro ya no es lo que era, el tercer largo del realizador Pedro Barbero después del intento de slasher patrio Tuno Negro y la TV movie La noche de los inocentes. Pero poco han podido hacer por una película que se lía en sus propias pretensiones.

Rovira es a Carlos, un cuarentón divorciado, padre de dos hijos adolescentes y con poca sangre en las venas. Su álter ego es Kal-er, el exitoso futurólogo al que interpreta en un canal temático de televisión y al que le acaban de ofrecer un contrato en uno de los matinales de éxito de una cadena nacional. Mientras toma la decisión de si terminar o no de dar alas al arrogante y vendehúmos de su personaje, el protagonista intenta recuperar el tiempo perdido con sus retoños y alterna conversaciones sobre lo humano y lo divino con su madre, una respetada actriz –como la respetada Carmen Maura que la da vida- con un cáncer terminal.

El mayor problema de El futuro ya no es lo quera es que no atina a agarrar con fuerza ninguna de sus propuestas. Por un lado, se presenta como una comedia postromántica, porque quiere situarse veinte años después del chico-conoce-chica, pero no termina de enfocar nítidamente en esa dirección y se conforma con algunos tópicos distribuidos aquí y allá. Como tópicas son las situaciones que vive Carlos con esos hijos a los que apenas conoce; lugares comunes que dan pie a monólogos moralistas. Los dos chavales están forzados y protagonizan comportamientos y diálogos poco creíbles para su edad.

Luego está lo de la doble personalidad del protagonista. Al final, su función en la película no es otra que servir de excusa para contar el final del matrimonio de Carlos y su crisis profesional, quizás, escarbando un poco, a modo de metáfora de la necesidad de equilibrio entre lo laboral y lo personal y de sentirse realizado en ambos espacios. Pero con una pieza tan singular, o escoges la comedia alocada y estrafalaria, o rezas para que encaje en algún lugar de la comedia dramática que te has propuesto montar. Las plegarias de Barbero no han sido escuchadas.

El futuro ya no es lo que era pretende trasladar al patio de butacas una reflexión sobre lo efímero de la vida, sobre disfrutar el presente y no atormentarse por el pasado, ni mucho menos por el futuro. Pero las aportaciones al discurso no son muy reveladoras ni se exponen con destreza, sino que se encapsulan en diálogos –normalmente entre Carlos y su madre y a través de la voz en off del protagonista, que dirige la película- artificiales y bastante obvios.

En general, a la cinta le falta equilibrio. Dani Rovira consigue que esbocemos alguna sonrisa en un par de escenas y Carmen Maura la salva del desastre total gracias a su quirúrgico manejo de la ironía y, ella sí, a su capacidad para recorrer el delicado trayecto entre la comedia y el drama, que es justo lo que le falta a la película. Tampoco ayudan los tres falsos finales, que dejan la sensación de ir abriendo y cerrando capítulos en los últimos minutos de un metraje excesivo.

Cuando se apuesta, también se puede perder. Pero el juego sigue.




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