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El cambio era esto: menos inversiones, pero más“okupas”y vendedores ilegales

miércoles 05 de octubre de 2016, 12:18h
A mediados del año pasado Podemos, con sus innúmeras réplicas y fuerzas paralelas por toda España, alcanzó el poder en multitud de ayuntamientos, entre los que están algunos de los más importantes de nuestro país. Es el caso de Madrid, Barcelona, Valencia o Cádiz, entre otros. Cierto es que no han llegado solos. Bastante éxito es que hayan podido alcanzar el poder municipal apoyándose en otras fuerzas políticas, siendo como eran una opción que tenía la fuerza, pero las limitaciones, de la novedad.

Podemos despertó con fuerza esperanzas y temores, y ambas se reforzaban en el discurso rupturista y conflictivo asumido por la formación. También despertó una gran curiosidad cuando empezó a gestionar los bienes públicos. Ha pasado más de un año, y desde el principio comenzaron a dar muestras de en qué consistía ese “cambio” que habían prometido: una gestión ideológica, basada en los gestos y en los guiños al electorado, y que se desentendía de los grandes objetivos generales que benefician a la mayoría, como las inversiones, tanto públicas como privadas.

Esa gestión ideologizada ha paralizado inversiones en Madrid. El caso más sangrante es el de la Operación Chamartín, que han rebajado hasta convertirla en algo impracticable. La pérdida de interés de Wanda por el Edificio España no se puede desligar de la actitud del consistorio de la capital. La ciudad ha perdido más de cien mil empleos en inversiones, según varios análisis. La política de Ada Colau ha sido más fuerte que el atractivo que tiene Barcelona, y ha logrado que la inversión hotelera caiga en dos tercios en la ciudad condal. La apertura de nuevos negocios ha caído en picado. Las trabas del Ayuntamiento de Valencia a una empresa de resorts han acabado por arruinar una inversión que, sólo en la fase inicial, era de 1.000 millones de euros. A ello hay que sumar que la pura impericia de los cuadros aportados por Podemos y sus adláteres a la gestión municipal está retrasando la inversión municipal indebidamente. El resultado es que, mientras España crece y crea empleo, en estos ayuntamientos el “cambio” se ve en menos riqueza y menos puestos de trabajo. Mientras, esas corporaciones “frankestein”han mostrado una flagrante permisividad con la okupación de locales (que en varios casos, se llegan a realquilar) y frente a bandas de vendedores ambulantes que ofrecen impunemente productos falsificados, frente a negocios legales que pagan sus impuestos. En suma, un cambio que los ciudadanos no se merecen, y que bien nos podríamos haber ahorrado.
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