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EDITORIAL

Pedro Sánchez, entre la espada y la pared

martes 14 de agosto de 2018, 08:39h

Un día después de ocupar La Moncloa dispuesto a dejar huella en la Historia con su "cambio de era", Pedro Sánchez acogió al Aquarius que recaló en el puerto de Valencia rodeado del clamor progresista del Gobierno. Y un día después de despedir a Angela Merkel en Doñana, el presidente ha renunciado a recibir en suelo español al barco que transporta 141 inmigrantes, la mitad niños, pese a las llamadas de socorro de las ONG. El jefe del Ejecutivo ha cumplido dócilmente las instrucciones de la canciller alemana de la necesidad de mandar un mensaje de unidad en el reparto de los ilegales. Que la frontera española lo es también de la Unión Europea. Pedro Sánchez ha debido recordar que Tsipras, el amigo de Pablo Iglesias, el comunista-populista que desafió a la UE negándose a cumplir con la normativa europea terminó hocicando y se vio obligado a aplicar la política de austeridad más severa. Grecia bajó las pensiones y los subsidios de los parados.

Entre el gesto impulsivo y presuntamente humanitario de Sánchez de hace dos meses y la reciente decisión de "esperar instrucciones de Bruselas" sobre el Aquarius, el efecto llamada ha sido escandaloso. En el pasado mes de julio han entrado en España 15.000 inmigrantes ilegales, más de la mitad (8.800) que en el resto de la UE. Y antes de que Angela Merkel leyera la cartilla al presidente del Gobierno, el comisario de Inmigración Avramopoulos estuvo en La Moncloa para ponerle sobre aviso. Porque España es la puerta de Europa de la entrada de ilegales, pero la mayoría termina dirigiéndose a los países del norte.

A Pedro Sánchez le está costando asumir dos cosas: que para España resulta imprescindible seguir como socio principal de la UE y que en el Congreso de los Diputados cuenta con 84 raquíticos escaños. Puede irse de marcha en el Falcon o colocar a su mujer en el Instituto de Empresa. Pero el control de la inmigración depende de Bruselas y los Presupuestos y cualquier iniciativa parlamentaria requiere del apoyo de la extrema izquierda y de los separatistas. Y lo que es peor: sus socios quieren resquebrajar la UE. De ahí, la exigencia de Podemos de triplicar el techo de gasto propuesto por el Gobierno, que Bruselas ya admitió en su día con muchas reticencias.

No le va a resultar fácil a Pedro Sánchez cumplir con las normas europeas y contentar a sus socios. De momento, la ministra de Hacienda ha tenido que aplazar a noviembre la tramitación parlamentaria de los Presupuestos. Pero por mucho que lo aplace, o cede a las exigencias de Podemos y ERC saltándose las instrucciones de Bruselas o el Gobierno volverá a ser derrotado en el Congreso. Cada día resulta más evidente que el presidente se encuentra entre la espada de sus siniestros socios y la pared de Bruselas. Las ocurrencias e improvisaciones ya no valen. Solo salvará el pellejo si convoca cuanto antes elecciones generales.

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