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TRIBUNA

Golpe de cacerolas

jueves 19 de marzo de 2020, 20:20h

La diferencia entre un estadista y un demagogo radica en que el primero se sobrepone e impone a su circunstancia sirviendo al bien común, y al segundo se le sobrepone e impone la suya engendrando mentiras y resentimientos. El verdadero gobernante cuando no tenga otra solución debe sacrificarlo todo, hasta su nombre y honor, por sus compatriotas. El demagogo solo sabe disfrazarse; ésa es su principal habilidad. Y lo hace de paloma de la paz engañando a los ingenuos con sus promesas generosas y tan cálidamente expresadas de ayuda y defensa a los afligidos.

Libramos una guerra contra un enemigo invisible inmune a balas y bombas. Sin embargo, permanecemos encerrados en nuestras casas, los hospitales se abarrotan de heridos y no podemos despedir a nuestros muertos. Pero hay personajes que están jugando con fuego a otra guerra, quintacolumnistas del odio y francotiradores de la agitación sosteniendo desde sus balcones, no un fusil, sino una cacerola. Son los de siempre, la antipatria, lacayos al servicio de la patraña de una regeneración, ni siquiera utópica, que empieza y acaba cuando llenan sus bolsillos y alcanzan nivel de burgueses.

Importa mucho que la unidad y hasta la verdad no se vean adulteradas por la demagogia disolvente de semejantes miserables. Ni habilitados ni legitimados para gobernar se hallan quienes en una crisis tan descomunal como la que padece España, están más pendientes de la vida de un monarca sin corona que de la de miles de españoles infectados por un virus contra el que debieron proteger más tempranamente la salud de los españoles sin descuidar los intereses de la nación. A la vez que pretenden escamotear su ineficacia y su irresponsabilidad ante la opinión pública, persiguen abatir a nuestro Rey. Al verse contrariados, estos enemigos de la libertad rompen sin escrúpulos el juego normal por un pequeño motivo eligiendo sabiamente el momento con arreglo a la mejor técnica comunista. Tratan de imponer su monstruoso tinglado mediante procedimientos de manipulación, propagación de la mentira y agitación social enturbiando y estorbando la urgencia nacional. Incapaces de superar su hipocresía y de hacer juego limpio, desprecian con la mayor desfachatez a todo el que no piensa como ellos.

Piden unidad y querríamos tenerlos lejos de nosotros para evitar contagiarnos de su rencor incompatible con la unión que pregonan. La disociada coalición que nos gobierna nos convoca a la unidad por la mañana y al ruido de la división por la noche. En lugar de armonizar a los españoles prefieren el cuchillo que corta y divide la convivencia. Podremos resistir la pandemia; será terrible, pero lo soportaremos. Lo que de ningún modo podremos soportar es ese veneno sutil de tantos extremistas antisistema, dogmáticos de la ocurrencia de que gobernar es hacer propaganda en lugar de política. Qué conveniente sería barrerlos del escenario público ejerciendo una función de elemental higiene moral semejante a la del funcionario municipal que barre la basura de las calles.

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