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ORIENT EXPRESS

Alemanes contra la “dictadura del mal”

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 09 de mayo de 2021, 19:33h

Este 9 de mayo se cumplen cien años del nacimiento de Sophie Scholl (Forchtenberg, 1921- Munich, 1943). Su nombre ha pasado a la historia junto al de su hermano Hans (1918-1943) y el de Christoph Probst (1919-1943). Los tres fueron asesinados el mismo día por ser miembros de La rosa blanca, el grupo de oposición cristiana al nazismo que operó en Múnich. También formaban parte de él Alexander Schmorrell (1917-1943), al que mataron pocos meses después; Willi Graf (1918-1943), que está en proceso de beatificación por la Iglesia católica; y el profesor Kurt Huber (1893-1943).

Los Scholl provenían de una familia liberal y luterana. Probst se bautizó antes de su ejecución y murió como católico. Schmorrell era ortodoxo ruso. Todos eran decididos antinazis. Compartían relaciones -eran compañeros en la Universidad Ludwig Maximilian de Munich y compartían referentes intelectuales- y una visión común de la abominación que el nazismo suponía para Alemania y para el resto del mundo. Frente al militarismo, la eutanasia, el antisemitismo y el racismo, los miembros de La rosa blanca eran pacifistas, humanistas y patriotas. Schmorrel y Graf sirvieron en el frente oriental y vieron las atrocidades cometidas por los nazis durante la invasión de la URSS. A todos los mataron por distribuir propaganda pacifista y antinazi en la universidad. Sólo eran unas hojas volanderas, pero eran peligrosas para el régimen porque decían la verdad.

Como el cardenal Von Galen, los miembros de La rosa blanca apelaron a la conciencia de los alemanes. En sus textos rezumaba la tradición humanística de la “alta cultura alemana” de Goethe y Schiller. En casa de los Scholl, se leía a Stefan Zweig, a Heinrich Heine, a Thomas Mann, a Werfel, a Rilke… Era como si la mejor tradición de Alemania se hubiese puesto en pie para hablar y denunciar las abominaciones de los nazis. Su primera hoja comenzaba diciendo que “nada es más indigno para un pueblo civilizado que dejarse «gobernar» sin oponer resistencia, por una camarilla irresponsable que se deja llevar por sus bajos instintos”. La segunda hoja empezaba afirmando que“con el nacionalsocialismo no se puede debatir intelectualmente porque es anti-intelectual”. En sus textos denunciaron el exterminio de los judíos de Polonia, los campos de trabajo y concentración; en suma, “la dictadura del mal” como la denominaron en su tercera hoja.

Este centenario del nacimiento de Sophie Scholl nos brinda la oportunidad de recordar el ejemplo de estos jóvenes y de su profesor, que mantuvieron la claridad moral en las horas más oscuras de Europa. Frente a la tiranía, defendieron la libertad con la palabra. Frente a la irracionalidad, afirmaron la razón en sus textos. Frente al neopaganismo de la sangre y la tierra, sostuvieron los principios que forjaron Occidente: la dignidad intrínseca de todo ser humano, el valor de la vida, la libertad, la justicia…

No fueron los únicos alemanes que se opusieron a Hitler. El Círculo de Kreisau vislumbró una Alemania posterior a Hitler inspirada en los valores cristianos. Von Galen denunció la atrocidad del programa de eutanasia. Otros como Von Stauffenberg intentaron acabar con Hitler. Todos ellos creían que combatir a Hitler y salvar a Alemania eran lo mismo. Tenían razón. No hubo mayor traición a la civilización europea ni a la cultura alemana que la barbarie encarnada por el Führer y su camarilla: Himmler, Goebbels, Goering, Heydrich y todos los demás.

Así, esta muchacha de 21 años y sus compañeros, asesinados por oponerse a los nazis con palabras, salvaron la dignidad y el honor de Alemania para la posteridad. Hoy un pequeño pero interesantísimo museo los recuerda en la universidad en que un día impartió docencia Huber y a la que asistieron estos alumnos. La universidad no es un lugar ni un trabajo, sino una forma de estar en el mundo. Entre los nazis abundaban los doctores en Derecho y Medicina, los profesores, los catedráticos, los investigadores… Ellos habían pasado por la universidad, pero la universidad no había pasado por ellos. Cualquiera de estos jóvenes que invocaban la razón frente a la brutalidad sabía más de la universidad que todos esos doctores, catedráticos y profesores. Estos muchachos sabían más de Alemania, de su cultura y su historia que los asesinos que mataban, encerraban, gaseaban y torturaban en su nombre.

En 1938, Thomas Mann concedió una entrevista al New York Times en la que pronunció un par de frases memorables: “Donde yo estoy, está Alemania. Llevo la cultura alemana dentro de mí”. Algo así podría decirse de los miembros de La rosa blanca. Ellos también llevaban dentro de sí la cultura alemana con toda la grandeza universal de su legado humanístico cristiano.

Hoy esta columna les rinde homenaje.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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