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TRIBUNA

Síndrome postvacacional

Juan José Vijuesca
miércoles 07 de septiembre de 2022, 20:06h

El verano no es otra cosa que una sucesión de experimentos al alcance de unos cuantos. No muchos si tenemos en cuenta que de los 7,9 billones de personas no todos gozan del privilegio de tener a donde ir para dar holgorio al cuerpo.

La lectura corporal de cada cual está estrechamente ligada al potencial económico de cada sujeto. Así las cosas, unos hacen las maletas y huyen a conquistar el edén mientras otros cumplen “cadena perpetua” en su mundo de resignación. Nada nuevo, pero conviene incidir en ello.

Tenía previsto no hurgar en los desánimos ajenos, en esos que al regreso de vacaciones les da por la hipocondría en forma de síndrome posvacacional. Una estupidez de tomo y lomo. Confieso que carezco del bálsamo que todo lo cura y que tampoco soy uno de esos gurús que separan la mente del cuerpo y luego por una extraña maniobra consiguen purificar nuestros adentros. Yo soy más de tomarme una melisa y si te he visto no me acuerdo. No obstante, y dado que cada persona es un mundo, por si acaso les sirve como remedio, les digo que todo en esta vida tiende a relativizarse.

Por supuesto que el irse de vacaciones es un buen argumento por aquello de fabricarse una constelación de estrellas y llevarlas en la maleta hasta el destino elegido; sin embargo no todo parece tan idílico teniendo en cuenta los efectos adversos que produce el regreso a la rutina diaria con esa quiebra existencial que a muchos les perturba. Entretanto, quedémonos con esta frase de Elbert Hubbard, escritor estadounidense, “Ningún hombre necesita tanto unas vacaciones como la persona que acaba de tener unas”.

Así pues, aplicando la teoría de la estupidez queda demostrado que este deterioro anímico solo afecta a los afortunados que practican el desmadre vacacional, pues quienes no pueden darse el gusto de tales holganzas resulta que dan negativo en esa patología depresiva. Fenómeno éste a tener muy en cuenta. Lo cierto es que el ser humano vacacional una vez despojado de ataduras se convierte en un compulsivo depredador a costa y precio de lo que sea y luego pasa lo que pasa.

Estoy de acuerdo en que del verano se sale de forma diferente, tanto que los hay quienes reniegan de practicar vida familiar. Los expertos en la materia lo llaman “hastío familiar continuado”, ya saben, hacer vida cotidiana de familia más allá de lo políticamente correcto. Lo que para muchos de nosotros resulta algo tan especial, para otros es un coñazo. Yo conocí un caso de playa donde un buen hombre dijo que se iba a tomar una cerveza al chiringuito y no volvió; eso sí, tuvo la decencia de despedirse de su mujer a través de la megafonía playera: “Querida, os he dejado pagado en el bar una de calamares a la romana y un espeto de sardinas. He conocido a Ivanka y me marcho a Letonia”

Mi artículo de hoy puede herir la sensibilidad del lector, pero siendo justo debo aclarar que volver a la rutina puede ser hasta beneficioso si en ello se valoran aspectos más triviales como la posible falta de gas para el próximo invierno. Ya sé que esto carece de gracia, pero a lo mejor con ello se les quita a los deprimidos postvacacionales el bajón de ánimos. Mi mejor consejo para combatir las adversidades consiste en valorar lo que se tiene más que lo que se desea. Y tan felices.

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