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crítica

Fernando Gómez Aguilera (ed.): José Saramago en sus palabras

sábado 15 de enero de 2011, 15:02h
José Saramago: José Saramago en sus palabras. Edición y selección de Fernando Gómez Aguilera. Alfaguara. Madrid, 2010. 560 páginas. 19,50 €. E-Book: Formato: ePub con ADOBE DRM. Lectura: Sí. Impresión/Copia: No. 11,99 €
Seguir a un autor contemporáneo tiene la ventaja de poder esperar con impaciencia cada nuevo libro, cada intervención pública, de modo que a la experiencia inigualable de leer una buena novela, se le suma la posibilidad de conocer al autor, el contexto de escritura, las motivaciones de éste así como su opinión sobre los diferentes temas de actualidad. También es verdad que no todos los escritores se prodigan con comentarios políticos ni críticos con el status quo, así que cuando en un mismo autor se dan todas estas características, cada vez que habla o escribe es un acontecimiento que estimula y enriquece la propia perspectiva sobre la actualidad, las propias reflexiones críticas. Estos casos son sin embargo raros y excepcionales. José Saramago fue uno de ellos.

Su voz no sólo se plasmó en grandes novelas, sino que la proyectó públicamente mediante intervenciones en los medios de comunicación en un constante ejercicio de libertad y compromiso, a disposición solo de la crítica y de la denuncia de los grandes y pequeños problemas de la humanidad y de la actualidad.

Ante los grandes acontecimientos de los últimos años, al día siguiente, en “la prensa del día de reflexión”, una siempre deseaba encontrar el comentario o las declaraciones de Saramago. No como quien busca el púlpito para saber lo que pensar sino como quien escucha a un amigo sabio con el que charlar, dialogar y seguir pensando. Ésta ha sido quizá la maestría de este escritor, que ha sabido entablar diálogos entre conciencias reflexivas: una que escribe, otra que lee, ambas dispuestas a pensar, a sentir y a vivir (no de cualquier manera).

Con el fallecimiento de Saramago, este placer de leerle y pensar con él se ha visto interrumpido en cierta manera; ya no llegará a comentar la actualidad, y sin embargo, con esta publicación que presenta Fernando Gómez Aguilera se nos vuelve a dar la oportunidad de dialogar con él, no ya sobre el acontecimiento de hoy sino con preguntas por su ser, por el ser y por el deber ser. Quizá suene un tanto metafísico, pero en este conjunto de textos que ha seleccionado y ordenado el director de la Fundación César Manrique, parece querer dar respuesta a la pregunta ¿qué decía Saramago cuando no escribía?

En las palabras que dedicó a las múltiples entrevistas que concedió y a cinco libros de entrevistas que se publicaron durante sus 35 años de vida dedicados a la escritura, el editor ha encontrado un material ingente con el que podemos seguir interrogando a Saramago casi hasta el infinito. Con sus propias palabras seleccionadas a modo de fragmentos, podremos indagar en sus actitudes más profundas como pensador político, moral, como ciudadano, como amigo, como esposo... Él mismo se convierte en el acontecimiento sobre el cual reflexionar. Él y su tiempo. Él y sus lugares. Él y su obra. Y más allá, estos textos nos permiten dialogar con su tiempo vital, con el hecho de la vida misma, pensada, sufrida, vivida y disfrutada.

Con este material, el editor logra realizar un homenaje al escritor y aportar documentación sobre su particular activismo cívico y social, crítico y pesimista pero a la vez comprometido con la idea de una humanidad mejor pero que ha de ser construida. Ordenados temáticamente, los fragmentos repasan los grandes temas de la vida y la obra del autor. Se presentan en tres bloques cuya división es más orgánica que estructural, ya que comienza con un recorrido por el quién del autor y su experiencia vital (Quién se llama José Saramago), sigue indagando su experiencia creativa (Por el hecho de ser escritor) y por último examina con sus propias palabras lo que podría considerarse su pensamiento político o bien, lo político que hay detrás de su vida y de su obra (El ciudadano que soy).

Lo que puede parecer un diálogo existencialista nos devuelve sin embargo la imagen de un Saramago que ya está en sus novelas y cuentos pero que no pierde la oportunidad de repetir de otra manera sus ideas. Públicamente se confiesa como un vitalista cívico, activo, irónico, creativo, crítico, escéptico, materialista, intuitivo, racionalista, ateo, autodidacta, urbano, pesimista, y con un concienzudo y fundamentado sentido de la responsabilidad, de la necesidad de hacer sociedad, de no dejarse comer por la tecnocracia, por el consumismo y la cosificación de los seres humanos. Una de las ideas más fuertes que aparece recurrentemente es la oposición entre ser y tener que él identifica respectivamente con la dignidad humana y el capitalismo. Ambas en perpetua lucha, mientras el capitalismo juega siempre con ventaja ayudado por la apatía y la desidia que produce. Su escepticismo no le permite resignarse al mundo en el que vive; no deja nunca de preguntarse: ¿por qué? ¿Para qué?

De este modo, tal como él mismo se narra, autor, narrador y personajes se identifican en el periplo de la escritura y se constituyen mutuamente. Él como narrador y autor simultáneamente, que es atravesado y poseído por los personajes que se le van presentando, como si fueran fantasmas de otro tiempo, pasado o por venir. Quizá, una de las partes más interesantes es cuando habla del contexto de escritura de sus diferentes novelas, de cómo se le presentan los títulos de repente y él procede a llenar el vacío blanco que les sigue, haciéndose preguntas.

Así, expone su concepción de la escritura y de la lectura como una prolongación del habla en la que necesita escuchar la voz del texto en su cabeza para dar una página por buena y, a la vez, necesita que sus lectores escuchen el texto al leerlo. Esta particular forma de entender la escritura caracteriza su narrativa y su estilo, entre barroco y natural al servicio del realismo y en pos de una utopía humanista que se hará “haciendo”, cambiando la forma de pensar y de hacer de forma individual y colectiva. Así es como sus novelas construyen una especie de pedagogía social en la que el malestar, el pesimismo y la crítica movilizan la pluma (o el ordenador) del escritor que intenta poner un granito de arena para que el mundo sea más racional y bueno.

A pesar de la división temática y de los prólogos introductorios que el editor inserta antes de cada tema, no se puede decir que haya divisiones tajantes, sino una buena organización de una cantidad considerable de información útil para aquél que quiera individuar de forma clara y concisa las posturas, reflexiones y posiciones de Saramago en cuanto a cuestiones como el desarrollo tecnológico, la política y su incidencia en la realidad cotidiana, las mujeres en sus obras y su capacidad transformadora, la mujer de su vida, la influencia de los acontecimientos políticos (1975 y 1992) en sus decisiones trascendentales (dedicarse a la escritura por completo y abandonar Lisboa como residencia permanente), su propia biografía, el origen y desarrollo de su imaginario, de sus lugares, de su memoria y de sus ideas, el mismo proceso de escritura del autor. En fin, un largo etcétera que permitirá a cada uno realizar multitud de lecturas posibles de estos textos. La diversidad de temas y la extensión permiten lecturas transversales, posibilitan entrevistas personales en las que el lector dirija preguntas concretas a las diferentes secciones del libro y así construya su propia interpretación. Además, tal fragmentación también produce un cuadro impresionista de aforismos: en un breve texto podemos encontrar material para la reflexión de un día completo, pero no hallaremos ni moralinas ni sentencias taoístas, sino reflexiones en alto de uno de los grandes escritores del siglo XX.

Un buen regalo editorial para los amantes de Saramago que a más de uno, al acabar una primera lectura, le hará desear tener una buena hemeroteca en donde poder leer los textos completos. Si bien cada fragmento está fechado y localizado, como colofón final, el editor aporta una completa bibliografía que, sin duda, es una de las contribuciones notables de esta publicación para los seguidores y estudiosos de la obra de Saramago. Apetece pues seguir leyendo, leer cada entrevista completa: con sus fugas y transversalidades, con sus incoherencias y sugerencias. Apetece más Saramago.

Por Mariana Urquijo Reguera

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