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Berlusconi-Gadafi, una amistad peligrosa

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 27 de febrero de 2011, 17:58h
Erase una vez un jefe de Gobierno que controlaba los medios de comunicaciones, que atacaba villanamente a la oposición, que deseaba la impunidad y anhelaba aniquilar la magistratura, que se preocupa más por sus intereses privados que por el bien público. ¿Qué no saben si estoy hablando de Gadafi o de Berlusconi? Obviamente la comparación es excesiva: en Italia, país de la Unión Europea, hay más respeto por los derechos humanos y civiles. Bueno de momento. Subrayo lo de UE, ya que en mayo de 2009, cuando le preguntaron tímidamente al Ministro de Defensa italiano, después de su visita a Libia, si se sentiría seguro allí ya que parecía que no se respetasen todos los derechos civiles, respondió convencido: “He visto un país civil, más avanzado que muchos países. Me sentiría menos protegido que si estuviera en Italia, pero más o igualmente que si estuviera en España”. No sé si es ignorancia, provocación o ligereza. Asimismo, cuando empezó la sublevación tunecina, el Ministro de exteriores italiano halagaba “el ejemplo de Gadafi (…) capaz de crear un sistema a medias entre la vía parlamentaria y la popular”. Idem que antes.

Berlusconi y Gadafi siempre han sido grandes amigos, tanto que el primer ministro italiano ha viajado 27 veces a Libia (nunca a India por ejemplo…), convirtiendo el país africano en socio prioritario y económico del país. Es importante subrayar que Berlusconi siempre ha instaurado sus relaciones diplomáticas sobre una base personal, consiguiendo, tal vez y de forma cuestionable, resultados mayores que sus predecesores. Aún así, representa un empresario “prestado” a la política, que sigue manteniendo la pasión por los negocios y persiguiendo sus intereses económicos. De esa manera, el cavaliere establece relaciones personalistas con dictadores y líderes autoritarios, soñando en convertirse en el “mediador internacional de los conflictos mundiales”. Da vida a una nueva diplomacia cínica y amoral, rentable y peligrosa.

En el caso de Gadafi, Berlusconi ha conseguido establecer una proficua relación económica, sin duda, muy discutible desde el punto de vista ético y político. Un Italia en parte perpleja y en parte expectante, ha tenido que asistir al obsequioso beso a su mano, a la decisión de indemnizarlo por más de tres décadas de ocupación colonial fascista (“reconocimiento completo y moral de los daños infligidos en la época colonial”), a la promesa de participar en el 40 aniversario de la “gran revolución libia” y sobre todo, al indigno espectáculo del “Muammar Show”. En esta ocasión, Gadafi, rodeado de sus mujeres guardaespaldas, pudo plantar su jaima, tienda beduina en el jardín de villa Doria Pamphili; se le permitió ofrecer una lectio magistalis en la Universidad de la Sapienza de Roma donde recordó que en lugar de Jesús crucificaron un sosias -¿cómo es que ningún cura, obispo o cardenal dijo nada?- y que “las mujeres en Occidente lograron su libertad debido tan sólo las guerras, ya que los hombres tuvieron que luchar, forzándolas a ellas a buscar trabajo” –la Ministra de Agricultura aplaudía, ¿por interés o convicción?.

Una analogía entre el último Gadafi y el clásico Berlusconi está en la promesa de reformas, cambios, modificaciones constitucionales. Resulta curioso que después de tantos años en el poder, sólo cuando ven el posible fin de su gestión, prometen desesperadamente llevar a cabo unas reformas tan necesarias como ineludibles. Tardías o por miedo, estas promesas resultan poco creíbles y fruto de la dificultad del momento. Las prioridades de los dos líderes han sido siempre cuestionables y discutibles mientras sus actitudes han hecho que se confundiera su persona con el Estado.

La situación de Libia preocupa mucho: la crisis de régimen de Gadafi pone en peligro la política exterior y energética del gobierno italiano. Libia representa el primer abastecedor de petróleo y el cuarto de gas; tiene el 7,5% del mayor banco italiano Unicredit y el mismo porcentaje del equipo de fútbol de la Juventus y posee más de un 2% en la compañía aeroespacial Finmeccanica, mientras las empresas constructoras nacionales tienen varios proyectos en el país africano. Asimismo, pone de manifiesto la falta de una estrategia mediterránea de la UE, a consecuencia de que su as político ya se ha desplazado hacia el Norte. Finalmente, es difícil saber qué pasará con las inversiones libias en Italia: este nuevo caso, muestra como Berlusconi continúa con su costumbre de mezclar los intereses públicos y los privados, de relacionarse con las personalidades más dudosas del mundo pero, como ya lo dije, no creo que “se deba juzgar a una persona por sus amistades: Judas frecuentaba personas irreprochables”.

Ps. Empiezo a pensar que Berlusconi sea también un poco gafe, ya que en su escándalo involucró a Mubarak, tío presuntamente de Ruby, y a Gadafi como inventor del bunga-bunga, el rito erótico tribal que animaba las noches de Arcore. Y ya vemos como les está yendo a los dos: ¿y si las palabras del cavaliere tuvieran un efecto boomerang?

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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