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España, una posibilidad europea

martes 15 de enero de 2008, 19:54h
España debe ser entendida como una variable europea. Aún con etapas absolutistas, reacciones conservadoras, pronunciamientos militares y guerras civiles, el país participó en los siglos XIX y XX de la evolución de Europa hacia el estado constitucional y el régimen parlamentario, hacia la industrialización y el desarrollo de la vida urbana, hacia la codificación del derecho, la extensión social de la educación, la revolución de las comunicaciones y transportes, la secularización de la vida y la paulatina socialización de la política.

La evolución española tuvo variantes evidentes. La quiebra del Estado entre 1808 y 1840; la débil integración centro-periferia; el atraso económico y la lentitud en los procesos de urbanización y secularización; la localización regional del crecimiento industrial; y el particularismo regional (Cataluña, País Vasco, Galicia) explicarían (junto a decisiones políticas y factores azarosos) los problemas que se plantearían desde el siglo XIX en la construcción de España como Estado nacional moderno, la gran cuestión del siglo, esto es, la inestabilidad de la política, la persistencia del clientelismo político y la alta frecuencia de las crisis de sistema. Explicarían, si se quiere, la debilidad del poder civil y la preponderancia del poder militar. La España del siglo XX heredó, así, tres problemas esenciales: la democracia, la organización territorial del estado, el subdesarrollo económico.

Pero los paralelismos con la evolución de Europa eran igualmente notables. La cronología de la revolución liberal española era casi exacta a sus homólogas europeas. La guerra de Independencia de 1808 fue parte del ciclo de revoluciones desencadenadas por las revoluciones americana y francesa. La restauración de Fernando VII en 1814 coincidió con restauraciones dinásticas en toda Europa. La revolución de 1820 afectó a España, Nápoles, Portugal, Francia, Piamonte, los Balcanes y Rusia. La crisis española de 1833 (muerte de Fernando VII, guerra carlista) fue paralela a la revolución francesa de 1830, a la reforma británica de 1832 y a la guerra civil portuguesa de 1832-34.

La revolución española de 1868 se correspondió con la onda de mutaciones que se produjeron en muchos países en torno a 1870. La España de la Restauración (1876-1923) vio e incorporó, como toda Europa, los efectos de la segunda revolución industrial y la irrupción de las masas en la vida pública.

La crisis española de 1898 tuvo connotaciones parecidas al menos en el ámbito intelectual a las que se produjeron en Francia tras la derrota de Sedán (1870), en Italia tras Adua (1896), en Portugal tras la crisis del "ultimátum" (1890), en Rusia tras la derrota en la guerra con Japón (1905). El laicismo y el anticlericalismo españoles, que culminaron en la II República de 1931, no fueron muy distintos de los problemas surgidos en las relaciones Iglesia-Estado en Francia durante la III República (1871-1940), ni de las tensiones creadas antes, en el siglo XIX, por la política de Crispi en Italia (años de 1880) y por la llamada Kulturkampf alemana (1871-78). La aparición de los movimientos obreros y los periodos de agitación huelguística se produjeron con distinta intensidad, pero de forma casi simultánea, en casi toda Europa. La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) distó mucho de ser excepcional: toda Europa había entrado por entonces en la era de las tiranías. El régimen de Franco no fue sino el equivalente español –por supuesto, debido a causas españolas—de los otros regímenes fascistas europeos. La guerra civil de 1936-39 fue, sin duda, una tragedia para España; Hitler, la II Guerra Mundial, el Holocausto, el GULAG soviético, fueron, no una tragedia, sino una catástrofe para Europa.

Lo que Croce llamó vida moral tuvo estructuras parecidas en toda Europa desde la Edad Media. Como mostró E.R. Curtius, existió una literatura de Europa desde la Edad Media, cuyos fundamentos filosóficos e históricos tenían orígenes y pautas comunes. España fue siempre parte de esa civilización europea: parte, a veces central (siglos XVI y XVII); a veces, discreta (siglo XVIII); a veces, marginal (siglo XIX). Del siglo XX el propio Curtius dijo que el despertar de la cultura española desde 1900 (se refería a Unamuno y Ortega, y a las generaciones del 98, de 1914 y del 27) era una de las sorpresas más agradables de todo el siglo. La dictadura de Franco (1939-1975) apartó a España, a partir de 1945, de Europa occidental. Puso fin al espléndido momento cultural que España había conocido entre 1900 y 1936. Con todo, personalidades como Ramón Carande, Caro Baroja, Xavier Zubiri, Julián Marías, Emilio García Gómez, Vicéns Vives, Luis Díez del Corral, José A. Maravall; como Tàpies y Chillida, Saénz de Oiza, Antonio Saura, Eduardo Arroyo, Oteiza, Cristóbal Halffter, Delibes y Cela, hicieron que España no fuese entre 1939 y 1975, bajo la dictadura, un desierto cultural.

Entre 1975 y 2005, democracia e integración en Europa harían que España recobrase el pulso de la modernidad: la modernización (económica, social, política, cultural) fue la verdadera revolución española del siglo XX.

Juan Pablo Fusi

Historiador

JUAN PABLO FUSI es catedrático de Historia Contemporánea y preside la Comisión Académica de la Fundación José Ortega y Gasset

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