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RESEÑA

Günter Grass: Anestesia local

domingo 11 de marzo de 2012, 13:55h
Günter Grass: Anestesia local. Prólogo de Patricio Pron. Traducción de Carlos Gerhard. Capitán Swing. Madrid, 2012. 312 páginas. 18,50 €
Anestesia local, de Günter Grass, es una novela del pasado con el mérito de resultar actual. En sus páginas se respira la década de los sesenta, años revueltos e inquietos, donde mientras algunos soñaban con la revolución y los cambios sociales, otros reflexionaban sobre caminos alternativos y la inutilidad de la vía violenta. La novela, de 1969, escrita tras el mayo francés y la primavera praguense, refleja el espíritu de su tiempo, una Alemania dividida políticamente y partida socialmente, mostrando la impaciencia por el futuro y el deseo generalizado de cambios.

Se trata de una obra amena, caracterizada por un estilo satírico respecto a la politización de la sociedad alemana, sobre todo de su Universidad, cuando, haciéndose eco de otras revoluciones, anhelaba tener una propia. El libro gira en torno a las consultas odontológicas de Eberhard Starusch, un profesor de alemán e Historia de Berlín oeste, que recurre al dentista para un prolongado tratamiento de confección de dos prótesis fijas. En el consultorio dental, hay una televisión para distraer a los pacientes: sin embargo, en el caso de Starusch, el aparato, más que entretenerle, le confunde. La televisión provoca un extraño efecto ya que el profesor proyecta en su pantalla su pasado y su presente, mezclando acontecimientos de su juventud, con los documentales trasmitidos, con la realidad cotidiana de su docencia, con el espíritu revolucionario de sus alumnos (Scherbaum in primis). El profesor, revolucionario en su juventud y moderado en su madurez, encarna las contradicciones de la Alemania de entonces, proyectando en el video de la consulta sus pasadas derrotas, sus preocupaciones actuales y su miedo al futuro. A falta de una trama lineal y siguiendo una cronología alterna, pasado y presente se mezclan y la narración trenza diferentes relatos: la situación real en la consulta, los diálogos ficticios con un sabio dentista, las imágenes emitidas por la televisión y los recuerdos del paciente-narrador.

El resultado es un relato satírico de un tema aún tan actual como el malestar juvenil ante una realidad adversa e inmutable. Al mismo tiempo, el autor realiza una crítica a los jóvenes activistas alemanes, erigidos contra un sistema considerado continuista respecto al pasado y que, por lo tanto, querían subvertir, incluso a través de acciones violentas. Pero Grass no compartía esta idea, considerando ineficaces los intentos de derribar y suplantar el sistema, mostrándose partidario de una modificación del mismo, dentro del cauce pacifista y parlamentario (por eso mismo, el autor apoyó públicamente al candidato socialdemócrata, Willy Brandt, acompañándole por seis meses en la campaña electoral de 1969 –año de publicación de este libro).

Entre empastes y enjuagues, gárgaras y reflexiones, el autor construye una historia irónica pero seria, con un toque de humor y aguda crítica. Mientras en el fondo de la obra se asoman otros personajes (la ex novia Sieglinde, el mariscal Krings, la colega Irmgard Seifert y su discípulo preferido Scherbaum), parece que el autor intenta crear un paralelismo entre la anestesia aplicada por el dentista y la que sufría la sociedad alemana, incapaz de darse cuenta de que la respuesta violenta resultaba tan ineficaz como contraproducente. En estas páginas, Grass recuerda que la violencia necia es “capaz únicamente de crear la nada”, sosteniendo que el cambio resulta ser “producto de reformas lentas”, aun admitiendo “a menudo tardías”. La novela, contada en primera persona según el característico estilo de Grass, resulta una alegoría política, una disyuntiva sobre dos diferentes opciones prácticas: la revolucionaria-radical y la reformista-gradualista. Para algunos, dos opciones aún enfrentadas que hacen de esta novela un argumento todavía actual hoy en día.


Por Andrea Donofrio
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