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entrevista

Massimo Carlotto: “Las raíces del crimen en Italia cada día son más profundas”

sábado 12 de abril de 2008, 21:26h
-¿Hay países en los que es más fácil escribir novela negra?
-No lo creo. La verdad es que estoy convencido de que en todas las partes puede funcionar bien este género porque es la literatura que cuenta la realidad y es un instrumento extraordinario para hablar de lugares, de países y eso es así, entre otras cosas, porque el crimen es algo universal.

-Pero en un país tan corrupto como Italia el género parece vivir en la calle...
-Eso sí es cierto. Para los escritores es una seguridad porque siempre habrá material para seguir escribiendo aunque no creo que les guste tanto a los ciudadanos. La novela policíaca refleja la vida real y además proporciona información al lector porque, en Italia, no existe ya periodismo de investigación y por eso los escritores nos vemos obligados a incluir datos muy concretos.

-¿Quiere decir que el último refugio del periodismo de investigación italiano es la literatura?
-Hay que distinguir, por un lado hablamos del crimen organizado y por otro están los casos de sucesos, los crímenes familiares por los que Italia está a la cabeza de Europa. Los periodistas solamente escriben sobre los segundos y ¿por qué no escriben sobre el crimen organizado? Porque cuando empiezan a investigar enseguida llegan al mundo de la política y se encuentran con que les impiden seguir, además desde hace años se ha puesto de moda en Italia la denuncia por difamación. Por eso, no es que haya malos periodistas italianos lo que ocurre es se encuentran con constantes trabas para escribir por eso, nosotros, los autores somos los únicos que podemos hacerlo porque al fin y al cabo lo que escribimos es una novela, es ficción.

-Pero escriben sobre casos reales, ¿se sienten coartados al igual que la prensa?
-Bueno... los criminales no leen novelas y el mundo político hace como que no se entera, además en muchas ocasiones los políticos son los que dominan las propias editoriales que nos publican los libros... Aún así en la literatura hay una absoluta libertad para escribir, no así en el cine o en la televisión en la que existe la autocensura.

-Su novela es una historia de historias ¿no?
-La verdad es que hay distintos planos de la narración que se entrecruzan. Por un lado está la historia del antiguo militante de izquierdas que termina en la lucha armada suramericana que termina volviendo a Italia y acaba como un sicario. En “Hasta nunca, mi amor” he querido retratar lo peor de mi generación y esto, a la vez, me ha permitido hablar del crimen del nordeste del país. He hablado del que llega a lo más alto del crimen organizado y se camufla en la buena sociedad de esa parte del país. Describo la transformación de la criminalidad en esta región que se ha convertido en el laboratorio de Europa donde las relaciones entre lo legal y lo ilegal están muy difusas y entremezcladas y dan paso a la sociedad que existe hoy en día.


Provenzano, capo de la mafia detenido


-En "Hasta nunca, mi amor" retrata una sociedad que parece no tener solución. ¿Cree que algún día desaparecerá el crimen organizado en Italia?
-Las raíces cada día son más profundas. Por un lado, está el sur de Italia donde impera la mafia tradicional y por otro el norte en el que la mafia comparte territorio con las culturas criminales que llegan de otros países de Europa. Es una zona donde los distintos grupos mafiosos se han repartido el territorio y cada vez están más extendidos, corrompiendo el país cada vez más, una corrupción que mete en política, en el mundo de las finanzas...

-¿No hay solución?
-Ahora no.

-¿...Y en un futuro?
-¿En el futuro...? Podría ser pero tendría que producirse una rebelión cívica y saneamiento moral de la sociedad porque ahora la criminalidad se ha extendido por todo el país y entre los ciudadanos, la ilegalidad cada vez es más normal. Un ejemplo: un pequeño empresario puede tener gente trabajando para él en negro, sin contrato, puede evitar pagar sus impuestos... Esta situación es un caldo de cultivo para la criminalidad.

-Ha comentado que habla en su libro sobre lo peor de su generación. ¿Ese colectivo se torció en el camino y la situación actual es el resultado?
-Sin duda. Nos perdimos y además, mucho. Los años ochenta fueron trágicos y fueron los que determinaron el principio de la decadencia de la sociedad italiana, esto se ha reflejado en la clase política que tenemos hoy. Se creó una situación de la que, hoy por hoy, no podemos salir porque la pérdida de valores es tan grande que ya a nadie le interesa la política, sobre todo a los jóvenes.


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