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crítica de cine

Tan fuerte, tan cerca: del director de Billy Elliot

domingo 18 de marzo de 2012, 11:28h
Lo normal suele ser que cuando el espectador conoce que la película que está a punto de ver se basa en el relato de personajes reales, sienta una mayor implicación con el filme; en el caso de Tan fuerte, tan cerca, ocurre en parte lo contrario. Saber que Oskar Shell, el niño que protagoniza la historia, no existe en realidad sirve para que podamos meternos mejor en la cinta o, por lo menos, para permitirnos verla sin que el corazón duela a cada segundo por la intensidad del drama que se relata. Ahora bien, el origen de su tragedia personal – la muerte de su padre atrapado en una de las torres del World Trade Center el 11 de septiembre – es tan real, que su retrato podría estar inspirado en cualquiera de los más de 3.000 niños que aquel día perdieron a uno de sus progenitores en los atentados de Nueva York.

En todo caso, Oskar, a quien interpreta con enorme convicción Thomas Horn, es un chaval bastante especial. Él mismo relata con naturalidad que los médicos le hicieron un test para comprobar si padecía del síndrome de Asperger, pero que “los resultados no fueron concluyentes”. Es, sin duda, su padre quien mejor sabe llegar hasta él proponiéndole pequeños y nuevos retos para su gran capacidad intelectual, obligándole a interactuar con otras personas y a superar los miedos que todo lo distinto le produce hasta unos límites difíciles de valorar. En estas aventuras les acompaña muchas veces la abuela paterna, mientras que la madre parece quedarse en un segundo plano, como asistiendo en silencio con una sonrisa cómplice. Tom Hanks es el encargado de interpretar al padre, de origen alemán, que trata de ser el buen guía que él mismo no tuvo de pequeño, ya que un día el cabeza de familia abandonó el hogar y no volvieron a verle.

PIE DE FOTO

Lo que nadie puede imaginar es que la historia habrá de repetirse, esta vez por causas que nada tienen que ver con las decisiones personales. La tragedia del 11S dejó miles de familias mutiladas y el relato de las llamadas que los atrapados en las Torres Gemelas hicieron en sus últimos momentos de vida nunca dejarán de provocar un escalofrío de horror e incomprensión. El padre de Oskar dejó varios mensajes en el contestador del teléfono de casa para explicar a su hijo lo que estaba ocurriendo, intentando tranquilizarle de alguna forma, y la cinta que acaba de estrenarse en nuestro país se mueve en dos velocidades y espacios distintos pero convergentes. En esta adaptación del best seller escrito por Jonathan Safran Foer en 2005 asistimos al sufrimiento de Oskar después de perder al padre que adora y a su peculiar modo de intentar mantener vivo su recuerdo pero, al mismo tiempo, los flashbacks nos enseñan, minuto a minuto, la mañana del que Oskar ha bautizado como “el peor día”.

Junto al debutante Horn y al veterano Tom Hanks, completan el reparto Sandra Bullock, que ejerce de madre en un papel tremendamente complicado que sólo conocemos de verdad al final. Además, Viola Davis, John Goodman y Max Von Sydow, que fue candidato al Oscar al Mejor Actor Secundario por este papel de extraño anciano incapaz de pronunciar una palabra, pero que intenta acompañar al niño en su desesperada búsqueda de un truco final que le devuelva de alguna forma a su padre. En realidad, cada uno de los personajes que rodea al niño está simplemente viviendo su dolor de la única y personal forma que conoce y el director británico consigue que la densa atmósfera de la primera parte, que pesa como una losa y a veces hasta provoca malestar en la sala, encaje las piezas de cada personaje y su personal historia para llegar a un final mucho más cercano a la esperanza.