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Entre dos paradigmas

sábado 31 de marzo de 2012, 19:11h
Si entendemos por “paradigma” el paisaje mental que nos hacemos para colorear la meta que nos hemos fijado, dos paradigmas se han disputado la visión del desarrollo económico. El primero de ellos, liberal, fue propuesto por el escocés Adam Smith en su libro “La riqueza de las naciones”, publicado en 1776. Smith supuso que, si cada nación se dedicara a hacer lo que mejor sabe hacer y si intercambiara la mayor producción consiguiente con la mayor producción que generarían otras naciones empeñadas en la misma estrategia, la circulación creciente de bienes y servicios en el mercado mundíal desembocaría en “la riqueza de las naciones”, es decir, en el desarrollo económico de la humanidad.

Pero el paradigma de Smith necesitaba el acompañamiento de dos condiciones coadyuvantes. Una, que “todas” las naciones aceptaran el librecambio comercial entre ellas. La otra, que las naciones llamadas al intercambio tuvieran un grado parejo de desarrollo, para evitar que las más desarrolladas se aprovecharan de las menos desarrolladas. Para resguardarse de la situación de inferioridad en que se encontraban las naciones de desarrollo tardío respecto de las naciones más avanzadas, aquellas idearon una estrategia “proteccionista” de sus propios mercados, por lo menos hasta que se pusieran en condiciones de competir desde una posición de igualdad.

El proteccionismo y el librecambismo se han disputado el favor de la teoría económica. Mientras que éste tenía, siguiendo a Smith, una visión universal del desarrollo económico, aquél albergaba otra visión “nacional” más que universal, ya que su objetivo no era tanto que el mundo se desarrollara sino que una nación en particular, la que practicaba el proteccionismo, defendiera sus fronteras contra la invasión de las más aventajadas.

Cuando plantamos un árbol, lo protegemos mediante un “tutor” hasta que no necesita nuestra ayuda. Cuando Adam Smith formuló su teoría, naciones como Holanda y el Reino Unido marchaban por delante de las demás. Era natural por eso que el librecambismo floreciera en estos países adelantados, en tanto que otros países que marchaban detrás de ellos como Alemania y Estados Unidos, recurrían en las fases iniciales de su desarrollo al proteccionismo hasta que les llegara el momento de integrar el lote de los países pioneros.

Más atrasadas aún que las naciones mencionadas hasta ahora, las naciones iberoamericanas también recurrieron al proteccionismo para defender sus frágiles mercados. Mientras las naciones avanzadas, una vez seguras de su posición, pugnaban por el librecambio, la apelación al proteccionismo que ensayaban las naciones en retraso aumentó la participación de sus Estados, volcándolas al “estatismo”. A medida que la economía de las naciones en general se volvía más fértil y compleja a lo largo del siglo XX, también aparecieron estrategias “regionales” para promover mercados más amplios que los nacionales pero menos amplios que el mercado mundial, como se ha visto en la formación de la Unión Europa y otras regiones de “librecambio limitado” como el Mercosur, en la punta austral de Iberoamérica.

Podría formularse una ley general del desarrollo de las naciones en virtud de la cual en medio de la “globalización”, que se acerca gradualmente al paradigma de Smith, cada nación trata de impulsar una estrategia asimétrica que apunta a ganar cada día más los mercados ajenos mientras protege al propio, tratando de alcanzar un mundo más liberal para sus exportaciones y menos liberal para sus importaciones, algo que no todas naciones podrían obtener al mismo tiempo. La política comercial de los Estados es abrir lo menos posible el propio mercado y abrir lo más posible los mercados ajenos. Si bien vamos hacia un mundo más globalizado, cada nación procura tocar este horizonte lo más tarde posible o, al menos, más tarde que las demás, aspirando así el mejor de dos mundos. La tensión entre los dos paradigmas del librecambio y el proteccionismo se acentúa en épocas como la actual, en medio del desempleo y el enfriamiento de la actividad económica. El arte de cada cancillería nacional es sacar las mayores ventajas que ofrece este tiempo de transición entre los dos paradigmas del desarrollo económico.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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