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La carrera hacia al Eliseo (IV)

viernes 06 de abril de 2012, 20:02h
Estamos a quince días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Los mercados vuelven a castigar España y a sembrar dudas en la recuperación colectiva de Europa. Nos llaman la atención sobre los desequilibrios internos de la zona euro y nos recuerdan que, contrariamente a lo que afirma Nicolas Sarkozy, no hemos salido de la crisis financiera.

Francia – todo el mundo lo sabe – es el siguiente eslabón frágil de la zona euro. Nuestras cifras macroeconómicas no son buenas. El paro es del 10% de la población activa (2,8 millones)… pero si computamos con los datos equivalente a los de la Encuesta de Población Activa española, llegamos a casi 4,5 millones lo que equivale al 16% de la población activa. Nuestras cuentas públicas están degradas. Quizá nuestra cifra de déficit público (5,2%) esté mejor que la española (8,5%), pero nuestra deuda llega ya al 90% del PIB… y las cuentas de la Seguridad Social arrastran un déficit cumulado de casi 100 000 millones de euros en diez años… frente a los superávit de la Seguridad Social española. Frente a Italia, no quedamos mejor parados. El déficit italiano se debe a los intereses de su enorme deuda (120% del PIB). Pero si calculamos el presupuesto italiano sin esta partida, registra un superávit del 1%… Italia tiene cuentas públicas saneadas… por extraño que esto parezca.

Los mercados están regidos por una lógica anglosajona que no es más que la traducción de la hegemonía intelectual y política de Estados Unidos y del Reino Unido. No quieren ver las alarmantes cifras de estos dos países. Para atacar a España, se suele decir que su deuda pública y la deuda privada (empresas, particulares) cumulan casi el 320% del PIB. ¿Quién se ha fijado que en el Reino Unido el cúmulo de todas las deudas alcanza un record mundial del 900%? La sanción de los mercados es injusta. Eso es evidente… pero no lo cambiaremos a corto plazo. Con lo cual, tenemos que sufrir estas embestidas pero sería bueno aprender a lidiar el toro. Y por aquí en Francia se ve que no tenemos este temperamento, ¡ni el temple!

A quince días de las elecciones, la agenda política se ha perdido en la niebla. Estamos en un Titanic, y en vez de estar reflexionando colectivamente en el plan de evacuación o de salvamiento, hay una discusión sobre la pintura de la gran escalera o del salón de baile. Pero ya se están ahogando los pasajeros de tercera (más de 7 millones de franceses viven bajo el umbral de pobreza).

Los resultados nos van a dar una sorpresa… bien sea una fuerte abstención, bien sea un voto importante para los extremos (Marine Le Pen está en torno a un 15% tanto como Jean-Luc Mélenchon, el líder del Frente de Izquierda, que está dando la sorpresa de la campaña). El fenómeno Mélenchon se veía venir. El hombre tiene talento y por haber militado mucho ha sentido el terremoto subterráneo de la sociedad francesa que el voto del domingo 22 de abril revelará. La crisis financiera no solo ha pasado factura, sino que ha despertado sentimientos violentos de angustia, de inquietud y de rebeldía. Los dos grandes candidatos, Hollande y Sarkozy, en manos de los expertos de la comunicación, son los candidatos de la oligarquía francesa, una oligarquía lo suficientemente potente para poder volver a ganar estas presidenciales de 2012. Bayrou, el candidato del rigor y del discurso racional, queda aparentemente marginado. Pero, en vez de contribuir a una reflexión común de la ciudadanía, esta campaña está mareando al pueblo francés que perderá el 22 de abril una oportunidad política y democrática. Habrá terceras vueltas…
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