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RESEÑA

Consuelo Triviño Anzola: Prohibido salir a la calle

Consuelo Triviño Anzola: Prohibido salir a la calle. Sílaba. Medellín, 2011. 218 páginas. 12 €

La editorial Sílaba ha tenido el acierto de reeditar la primera novela de la escritora colombiana Consuelo Triviño Anzola, tras haber aparecido en Planeta (Bogotá, 1998) y en La Mirada Malva (Madrid, 2009). Prohibido salir a la calle -que se alzó finalista en el concurso Eduardo Caballero Calderón y fue seleccionada por la revista de Colombia, Semana, entre las veinticinco mejores novelas colombianas de las últimas décadas- ofrece un nítido ejemplo de cómo Consuelo Triviño, pese a estar afincada en Madrid desde 1983, mantiene un indisoluble vínculo con su tierra natal que se hace patente en su literatura. Así, entre otros títulos, en los libros de cuentos Siete relatos, El ojo en la aguja, o las novelas Una isla en la luna y La semilla de la ira (Seix Barral. Bogotá, 2008), excelente aproximación a la personalidad, obra y turbulenta época del controvertido autor bogotano José María Vargas Vila, que, sin duda, merecería una reedición en nuestro país para llegar más fácilmente a los lectores españoles.

Prohibido salir a la calle, ambientada en el Bogotá de la década de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX, nos sumerge en la historia de Clara Osorio y la rememoración de sus años infantiles y paso a la adolescencia. Clara vive en un núcleo familiar formado por su madre, sus hermanos y su abuela, situación bastante habitual en muchas familias colombianas, y latinoamericanas, donde está ausente la figura paterna –significativamente, la madre de Clara lee una noticia en El Tiempo, en la que se habla de una ley de paternidad responsable, que haga desaparecer los hijos sin padre-, y todo el peso recae en el lado femenino. Ante algunas preguntas de Clara a su madre, la niña –voz narradora del relato- señala: “mamá me salía con que trabajaba para darnos de comer y no podía hacer todo”.

Paradójicamente, el padre es un elemento clave en el desarrollo de la personalidad de Clara. Primero por su ausencia, que le da pie para dejar suelta su imaginación como recurso ante una añoranza, que no por oculta deja de ser menos dolorosa: “Yo veía que lo que me enseñaban en la escuela sobre la familia era lo contrario de lo que pasaba en mi casa […]. Por eso me inventé otras historias con otros personajes: un papá que iba todas las mañanas a la oficina y venía a almorzar y luego regresaba a las siete de la noche, un papá que nos llevaba al parque los sábados y los domingos al cine”. Y, luego, de pronto, por su sorpresiva irrupción en su vida tras años de presencia fantasmagórica: “La noche que llegó papá todas las emociones me atropellaron […] Me sentía rara hablando con él. […] Tardé mucho tiempo en acostumbrarme a tener un papá real. Él seguía siendo como el fantasma, lejano y misterioso”.

En buena medida como resultado de la falta paterna, Clara es objeto de una atención quizá desmedida por parte de su madre, de una sobreprotección. Clara tiene “prohibido salir a la calle”, literal y simbólicamente, lo que despierta aún más, si cabe, sus deseos de libertad y aventura, de oposición a desempeñar un papel tradicional, que también encierran un impulso de huida ante una realidad que no le gusta: “En la clase teníamos un globo terráqueo donde estaban los continentes. Colombia era un pedazo minúsculo en América del Sur. Ya había leído La vuelta al mundo en ochenta días y creía que era muy fácil saltar de montaña en montaña y abarcar enormes superficies en un paracaídas o en un sencillo globo. Imaginaba que salía de la tierra y en segundos estaba en la luna y así abarcaba todo el sistema solar y luego más allá, hasta el infinito profundo donde me perdía, como la astronauta rusa, Valentina Terescova”.

EnProhibido salir a la calle, su primera novela, Consuelo Triviño ya revela sus dotes narrativas, confirmadas en obras posteriores. Aquí nos invita a disfrutar de un singular bildungsroman, vertido a través de una mirada infantil, donde una historia particular, sin perder su carácter único, logra adquirir un sentido más amplio que nos remite a todo un país, enfrentado, todavía hoy, a complejos desafíos.


Por Rafael Fuentes

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