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Crítica de arte

[i]E.O. Hoppé: el estudio y la calle[/i]

viernes 13 de abril de 2012, 19:03h
Pese a haber nacido en Múnich, E.O. Hoppé desarrolló su actividad profesional en el Londres de los años 20. Considerado como el fotógrafo con mayor reputación de la capital británica, a día de hoy es posible considerarlo, además, como un fiel documentalista de su tiempo. Una exposición organizada por la Fundación Mapfre reúne en Madrid algunos de sus retratos y escenas callejeras hasta el 20 de mayo.
El fotógrafo E.O. Hoppé brilló como profesional de esta disciplina en los años 20 en Londres. Artistas, literatos o científicos se hicieron retratar por él, así como gente anónima atraída por el prestigio de este alemán, británico de adopción. Nacido en 1878 en Múnich, pronto se trasladó a Reino Unido, donde vio despertar su interés por la fotografía y por sus posibilidades artísticas y psicológicas.

Una exposición organizada por la Fundacion Mapfre permite contemplar en Madrid 139 instantáneas de Hoppé, algunas de ellas inéditas. Rostros vinculados a la pintura, la escultura, la literatura o la filosofía fueron capturados por este insigne fotógrafo. Así, es posible distinguir a Joseph Epstein junto a la escultura de la tumba de Oscar Wilde creada por él, al pintor William Nicholson apoyado en un cuadro con marco, pero sin lienzo, o a Paul Manship acompañado por uno de sus trabajos. Este tipo de escenas captadas por Hoppé, de las que emanan cotidianidad, lo distinguieron de otros profesionales de la época haciendo únicas sus propuestas.

Fue tal su interés por indagar en las posibilidades de la fotografía que llevó a cabo una ardua labor de documentación con cada uno de sus retratados en un intento por adentrase en una faceta más intimista del protagonista de su instantánea. Ocurrió, por ejemplo, con la forma en la que logró capturar la imagen del rey Jorge V, en 1921, quien no se mostró en actitud hierática sino de forma serena escribiendo de perfil. No se percibe la misma naturalidad en otro retrato de relevancia en la carrera profesional de Hoppé: el que tuvo que realizar a Benito Mussolini en 1924 al haber sido requerido por la revista The Graphic para inmortalizarlo. Hoppé explicó de aquel encuentro que percibió al Duce como un “emperador” que transmitía “una seguridad majestuosa”.

Otros miembros de la familia real británica también fueron retratados por él, como los duques de York, Jorge VI y la Reina Madre, días antes de contraer matrimonio, así como a la madre de la reina Isabel II en una instantánea en solitario fechada en 1923 en la que se muestra como una joven delicada con un halo romántico.

Los bailarines centraron gran atención en su producción. El cuerpo de las bailarinas le permitió investigar sobre las formas del cuerpo y el movimiento, así como la belleza, un tema que también trató con avidez. Llegó incluso a fotografiar a Nijinsky, bailarín de gran relevancia a comienzos del siglo XX, de quien se decía que tenía un aspecto andrógino desconcertante. En una de las instantáneas, Hoppé lo capturó en un momento casi de éxtasis con los ojos entrecerrados y en una postura huidiza. En otra, prefirió dotar a la imagen de más realismo al colorearla.

La belleza, como los desnudos, está presente en la exposición a través de instantáneas de gran valor conceptual. Miss Vernon, de 1924, es una prueba de la concepción artística que impregna los trabajos de Hoppé. Lo mismo que la sensualidad del retrato de Marguerite Salle, de 1934, a la que muestra desnuda y recostada en un sofá, con los ojos cerrados y una mano tocándose el cabello en un sutil gesto.

Mujeres, ancianos, floristas o carteros también fueron objeto de interés para Hoppé, ya que a través de ellos buscó representar cada una de las partes de la sociedad, más allá del retrato individual. Su amplitud de miras le permitió avanzar en su afán por capturar la esencia de la población británica de la época. Así, paseó insistentemente por las calles de Londres para fotografiar el pálpito de la ciudad en la que vivía y que debió de ser variopinta. Lo demuestran las escenas congeladas en sus instantáneas, en las que es posible contemplar a mendigos, músicos callejeros, pasajeros de autobuses, campaneros, hombres en tabernas, vigilantes nocturnos, naturalistas o, como curiosidad, mujeres haciendo figuras de cera para el Madame Tussauds, entre las que es posible distinguir la de Stalin.

Información sobre la exposición:

Lugar: Fundación Mapfre. Sala de exposiciones Azca.

Fechas: hasta el 20 de mayo.

Horarios: lunes de 14:00 a 21:00 horas / martes a sábados de 10:00 a 21:00 horas / domingos y festivos de 12:00 a 20:00 horas.

Entrada gratuita.
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