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Un modelo territorial coherente

Juan José Solozábal
martes 17 de abril de 2012, 21:12h
Preparo unas notas para una conferencia sobre el pensamiento político de Jordi Solé Tura en relación con el nacionalismo y federalismo, para lo que repaso su “Catalanismo y Revolución burguesa” en la edición en castellano de 1970 y algunos escritos sobre el Estado Autonómico, publicados, la mayor parte de ellos, en 1985.

Su libro sobre Prat de la Riba levantó una gran polvareda en su tiempo, por su repercusión política, pues se tomó por muchos sobre todo como una crítica inoportuna al nacionalismo catalán, conducente a su debilitamiento en su oposición al franquismo. Hoy puede leerse desde otra perspectiva .

Intelectualmente Prat se presenta como un ideólogo de notable dimensión, capaz de sintetizar coherentemente los mejores aportes del pensamiento nacionalista catalán, de derecha y de izquierda, desde Torras y Bages a Almirall, con un equipamiento considerable de lecturas sobre el nacionalismo romántico o positivista europeo. Nada que ver entonces con las formulaciones simplistas de un Sabino Arana, por ejemplo. Prat es el intelectual que aduce las expectativas regeneradoras de la burguesía industrial catalana, insatisfecha con sus oportunidades de dirigir el Estado español e incapaz de adelantar un proyecto político verdaderamente independiente de la élite oligárquica que lo monopoliza.

No sorprende que Solé discrepe de Prat en el protagonismo acordado por éste en su proyecto político a la clase burguesa, cuya hegemonía en la formación social catalana (en la nación catalana) Solé cree ha de sustituirse por el proletariado y otros sectores populares. Pero sí llama la atención el juicio paralelo de Solé con Prat sobre el Estado español del siglo XIX, cuya denuncia de su carácter oligárquico se asume, descuidando la complejidad política del artefacto estatal, teniéndose en poco, a mi juicio, el liberalismo del sistema.

En lo que se refiere a sus consideraciones sobre el Estado autonómico, lo primero que llama la atención en el pensamiento de Solé Tura es su diferente apreciación de la posición del nacionalismo vasco y catalán ante el mismo. Solé sabe que el nacionalismo vasco no gozó en sus comienzos del apoyo de una parte importante de la burguesía, por no hablar de la animadversión por razones ideológicas y religiosas de la mayoría del proletariado de la época. Estas carencias están en la base de la estridencia en bastantes manifestaciones del nacionalismo y de sus limitaciones para presentarse como ideología general del País Vasco. Todo ello da cuenta, en cierto modo, de la rigidez política del nacionalismo y, en concreto, de la dificultad del PNV para alcanzar acuerdos en el momento constituyente.

Apunto asimismo la posición de Solé acerca de algunos aspectos de la problemática territorial. Solé creía que las decisiones de nuestro sistema democrático sobre la condición descentralizada del Estado eran, en primer lugar, irreversibles. España era un sistema federal de facto, funcional, le gustaba decir , cuyo carácter dinámico le haría progresar, a través por ejemplo del Senado o de la institución de instrumentos de cooperación en tal dirección acreditada en el constitucionalismo contemporáneo. Solé insistía también en el acierto de la generalización del sistema autonómico en todo el territorio nacional, creyendo por tanto que desde el punto de vista institucional eran lo mismo las nacionalidades y regiones. El modelo centralista con las tres excepciones de las nacionalidades de Cataluña, Euskadi y Galicia, esto es, el sistema de la Segunda República, era impracticable al reforzar el centralismo y “generar una gran tensión entre la España centralizada y la España autonómica”. No hay más que ver, decía Solé, “las tensiones que surgen cuando los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos, exigen, como han exigido en todo momento, una cierta vuelta a este sistema a través de su condena constante a la fórmula despectiva del café para todos”.

Otra cuestión más de la que se ocupó Solé fue el derecho de autodeterminación. Desde luego es diferente el planteamiento de este problema por parte del nacionalismo que lo considera un mecanismo que incrementa la ambigüedad de la propia posición política, colocando la independencia en un mañana no fijado concretamente. Así, el nacionalismo mantiene una amalgama de regionalismo, independentismo y populismo en la que todo se justifica.

En cambio, cuando las fuerzas de izquierda acogen la autodeterminación, este derecho se presenta como un medio con el que afrontar el independentismo, pensando en su derrota democrática, pues lo que se propugna obviamente es el voto contrario a la separación en el referéndum de autodeterminación. Es interesante resaltar que Solé , aun comprendiendo las razones de los partidarios de la autodeterminación que confían en la derrota de los independentistas, se opone al reconocimiento de tal derecho, que no es una cuestión entendible en términos de teoría jurídico-constitucional, sino eminentemente política.

Para Solé, reconocer jurídicamente el derecho de autodeterminación “es abrir una puerta que fomenta continuamente la reivindicación independentista”, dejando institucionalmente en el aire al Estado de las Autonomías. Es incongruente la defensa del Estado autonómico, como hace la izquierda, propugnando su plenitud en sentido federal, y mantener al mismo tiempo un concepto - el derecho de autodeterminación- que “cambia este modelo político y puede llegar a destruirlo”. O una vía, concluye Solé Tura, u otra, pero no las dos al mismo tiempo.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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