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La Argentina sin Estado

viernes 20 de abril de 2012, 21:35h
Si entendemos por “Estado” una entidad política que perdura a través de una sucesión de gobiernos que no se niegan uno al otro y que dispone además de un aparato administrativo de carácter profesional cuyos miembros se reclutan y asciendan por mérito, la Argentina carece de Estado. La Argentina es una nación “a-estatal” porque cada uno de sus sucesivos gobiernos actúa como si fuera un nuevo Estado imaginario. Si llamamos “políticas de Estado” a aquellas políticas que se mantienen a través del tiempo más allá de los cambios de gobierno, tampoco la Argentina tiene políticas de Estado, lo cual es lógico desde el momento en que la Argentina, que es una nación desde hace un largo tiempo, no es todavía un verdadero Estado. Ortega y Gasset la habría definido como una “nación invertebrada” .

Solamente en este marco conceptual podríamos comprender el curso en zig-zag que la Argentina ha seguido frente al problema del petróleo. En 1958 el presidente Arturo Frondizi convocó a empresas privadas para lograr el autoabastecimiento del oro negro que los anteriores gobiernos no habían logrado. Pero cinco años más tarde otro presidente, Arturo Illia, anuló los contratos petroleros que Frondizi había firmado. Contradicciones como ésta se han repetido a lo largo de los últimos años, ya que en 1989 el presidente Menem impulsó una nueva privatización de las operaciones de petróleo. Lo más llamativo es que este movimiento en zig-zag de los sucesivos gobiernos argentinos se acaba de repetir “dentro” de un mismo gobierno puesto que, en tanto que el presidente Néstor Kirchner aceptó el enfoque menemista de 2003 a 2010, el año de su muerte, la presidenta Cristina Kirchner, que había apoyado hasta hace unos días el criterio de Ménem y Néstor Kirchner aprobando incluso al capital español que encarnaba Repsol, acaba de anunciar con bombos y platillos la reestatización de petróleo, desalojando de mala manera a los directivos de Repsol de sus oficinas en Buenos Aires.

El argumento del gobierno de Cristina Kirchner es que Repsol estaba alejando cada día más a la Argentina de la meta que el país, alguna vez, había logrado: el autoabastecimiento petrolífero. La gestión de Repsol fue objeto de críticas, pero el fondo del asunto es que, si no hay Estado, no puede haber una “política de Estado” respecto del petróleo. Ahora estaremos frente a una nueva campaña de estatización, pero la presidenta argentina no ha enunciado todavía cómo, ya sin los capitales españoles, podría reactivar la añorada meta del autoabastecimiento. Esta ausencia de los capitales de Repsol, ¿podría ser cubierta, como se dice, con nuevos capitales de origen chino, dispuestos a explotar una nueva y rica área en ciernes en el yacimiento patagónico de Vaca Muerta? ¿Pero qué podría sucederle a los propios chinos si la marea de nuestra política petrolera cambiara otra vez de signo? O, dicho de otra manera, ¿cómo podría adquirir finalmente la Argentina una política de Estado en materia de petróleo, ya sea con los españoles, con los chinos o con algún otro, mientras continúe siendo una “nación invertebrada”? Una nación que, pese a haber vuelto al estatismo en estos días, continúa siendo “a-estatal”.

A la discontinuidad de la Argentina en materia petrolera se ha sumado, agravándola, un sofisma ideológico ampliamente difundido. Este sofisma consiste en pensar que, mientras los socialistas pretenden que el Estado monopolice el petróleo, los liberales proponen que sobre él reine exclusivamente el mercado. Pero no puede haber mercado sin un Estado que lo respalde y lo vigile al mismo tiempo y tampoco puede haber un Estado que pretenda ser empresario sin la energía creadora del mercado. El error de Menem y del primer Kirchner fue imaginar un mercado libre de Estado en materia de petróleo. El error contrario, que ahora vuelve, es creer que el Estado puede prescindir del mercado. Max Weber sostuvo que el desarrollo moderno consiste en la convergencia entre un Estado en manos de funcionarios competentes y un mercado en manos de empresarios competitivos. Estos roles gemelos no se llenan en la Argentina. Los males de nuestro petróleo, por lo visto, trascienden las desventuras de Repsol.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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